Visitar estos dos link.

jueves, 22 de agosto de 2013

La Gracia Es, ....

Ante todo y principalmente, 
el don del Espíritu que nos justifica y nos santifica....

La gracia del Espíritu Santo tiene el poder de santificarnos, 
es decir, de lavarnos de nuestros pecados y comunicarnos 
“la justicia de Dios por la fe en Jesucristo” 
 y por el Bautismo 


Todos son llamados a la santidad: 
“Sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto” 
(Mt 5, 48):

«Para alcanzar esta perfección, 
los creyentes han de emplear sus fuerzas, 
según la medida del don de Cristo [...] 
para entregarse totalmente a la gloria de Dios 
y al servicio del prójimo.

“Todos los fieles, de cualquier estado o régimen de vida, 
son llamados a la plenitud de la vida cristiana 
y a la perfección de la caridad” . 

Lo harán siguiendo las huellas de Cristo, haciéndose conformes a su imagen y siendo obedientes en todo a la voluntad del Padre. 

De esta manera, la santidad del Pueblo de Dios producirá frutos abundantes, como lo muestra claramente en la historia de la Iglesia la vida de los santos» .

La gracia del Espíritu Santo tiene el poder de santificarnos, 
es decir, de lavarnos de nuestros pecados y comunicarnos 
“la justicia de Dios por la fe en Jesucristo” 
 y por el Bautismo 

«Y si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él, sabiendo que Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más, y que la muerte no tiene ya señorío sobre él. Su muerte fue un morir al pecado, de una vez para siempre; mas su vida, es un vivir para Dios.

Así también vosotros, consideraos como muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús» 

Por el poder del Espíritu Santo participamos en la Pasión de Cristo, muriendo al pecado, y en su Resurrección, naciendo a una vida nueva; somos miembros de su Cuerpo que es la Iglesia. sarmientos unidos a la Vid que es Él mismo. 

«Por el Espíritu Santo participamos de Dios [...] Por la participación del Espíritu venimos a ser partícipes de la naturaleza divina [...] Por eso, aquellos en quienes habita el Espíritu están divinizados» 

La primera obra de la gracia del Espíritu Santo es la conversión, que obra la justificación según el anuncio de Jesús al comienzo del Evangelio:

“Convertíos porque el Reino de los cielos está cerca”
 (Mt 4, 17).

Movido por la gracia, el hombre se vuelve a Dios y se aparta del pecado, acogiendo así el perdón y la justicia de lo alto. “La justificación no es solo remisión de los pecados, sino también santificación y renovación del interior del hombre” 

La justificación libera al hombre del pecado que contradice al amor de Dios, y purifica su corazón. La justificación es prolongación de la iniciativa misericordiosa de Dios que otorga el perdón. Reconcilia al hombre con Dios, libera de la servidumbre del pecado y sana.

La justificación es, al mismo tiempo, acogida de la justicia de Dios por la fe en Jesucristo. La justicia designa aquí la rectitud del amor divino. Con la justificación son difundidas en nuestros corazones la fe, la esperanza y la caridad, y nos es concedida la obediencia a la voluntad divina.

La justificación nos fue merecida por la pasión de Cristo, que se ofreció en la cruz como hostia viva, santa y agradable a Dios y cuya sangre vino a ser instrumento de propiciación por los pecados de todos los hombres. 

La justificación es concedida por el Bautismo, sacramento de la fe. Nos asemeja a la justicia de Dios que nos hace interiormente justos por el poder de su misericordia. Tiene por fin la gloria de Dios y de Cristo, y el don de la vida eterna

«Pero ahora, independientemente de la ley, la justicia de Dios se ha manifestado, atestiguada por la ley y los profetas, justicia de Dios por la fe en Jesucristo, para todos los que creen .

—pues no hay diferencia alguna; todos pecaron y están privados de la gloria de Dios— 

y son justificados por el don de su gracia, en virtud de la redención realizada en Cristo Jesús, a quien Dios exhibió como instrumento de propiciación por su propia sangre, mediante la fe, para mostrar su justicia, pasando por alto los pecados cometidos anteriormente, en el tiempo de la paciencia de Dios; en orden a mostrar su justicia en el tiempo presente, para ser él justo y justificador del que cree en Jesús» 

La justificación establece la colaboración entre la gracia de Dios y la libertad del hombre. Por parte del hombre se expresa en el asentimiento de la fe a la Palabra de Dios que lo invita a la conversión, y en la cooperación de la caridad al impulso del Espíritu Santo que lo previene y lo custodia:

«Cuando Dios toca el corazón del hombre mediante la iluminación del Espíritu Santo, el hombre no está sin hacer nada en absoluto al recibir aquella inspiración, puesto que puede también rechazarla; y, sin embargo, sin la gracia de Dios, tampoco puede dirigirse, por su voluntad libre, hacia la justicia delante de Él»

La justificación es la obra más excelente del amor de Dios, manifestado en Cristo Jesús y concedido por el Espíritu Santo. 

San Agustín afirma que “la justificación del impío [...] es una obra más grande que la creación del cielo y de la tierra” [...] porque “el cielo y la tierra pasarán, mientras [...] la salvación y la justificación de los elegidos permanecerán” .

Dice incluso que la justificación de los pecadores supera a la creación de los ángeles en la justicia porque manifiesta una misericordia mayor.

El Espíritu Santo es el maestro interior. Haciendo nacer al “hombre interior” (Rm 7, 22 ; Ef 3, 16), la justificación implica la santificación de todo el ser:

«Si en otros tiempos ofrecisteis vuestros miembros como esclavos a la impureza y al desorden hasta desordenaros, ofrecedlos igualmente ahora a la justicia para la santidad [...] 
al presente, libres del pecado y esclavos de Dios, 
fructificáis para la santidad; y el fin, la vida eterna» 

Nuestra justificación es obra de la gracia de Dios. La gracia es el favor, el auxilio gratuito que Dios nos da para responder a su llamada: llegar a ser hijos de Dios , hijos adoptivos , partícipes de la naturaleza divina de la vida eterna 

La gracia es una participación en la vida de Dios. Nos introduce en la intimidad de la vida trinitaria: por el Bautismo el cristiano participa de la gracia de Cristo, Cabeza de su Cuerpo.

Como “hijo adoptivo” puede ahora llamar “Padre” a Dios, en unión con el Hijo único. Recibe la vida del Espíritu que le infunde la caridad y que forma la Iglesia.

Esta vocación a la vida eterna es sobrenatural. Depende enteramente de la iniciativa gratuita de Dios, porque sólo Él puede revelarse y darse a sí mismo. Sobrepasa las capacidades de la inteligencia y las fuerzas de la voluntad humana, como las de toda criatura .

La gracia de Cristo es el don gratuito que Dios nos hace de su vida infundida por el Espíritu Santo en nuestra alma para sanarla del pecado y santificarla: es la gracia santificante o divinizadora, recibida en el Bautismo. Es en nosotros la fuente de la obra de santificación:

«Por tanto, el que está en Cristo es una nueva creación; pasó lo viejo, todo es nuevo. Y todo proviene de Dios, que nos reconcilió consigo por Cristo» .

La gracia santificante es un don habitual, una disposición estable y sobrenatural que perfecciona al alma para hacerla capaz de vivir con Dios, de obrar por su amor. Se debe distinguir entre la gracia habitual, disposición permanente para vivir y obrar según la vocación divina, y las  gracias actuales, que designan las intervenciones divinas que están en el origen de la conversión o en el curso de la obra de la santificación.

La preparación del hombre para acoger la gracia es ya una obra de la gracia. Esta es necesaria para suscitar y sostener nuestra colaboración a la justificación mediante la fe y a la santificación mediante la caridad. Dios completa en nosotros lo que Él mismo comenzó, “porque él, por su acción, comienza haciendo que nosotros queramos; y termina cooperando con nuestra voluntad ya convertida” :

«Ciertamente nosotros trabajamos también, pero no hacemos 
más que trabajar con Dios que trabaja. Porque su misericordia 
se nos adelantó para que fuésemos curados; 
nos sigue todavía para que, una vez sanados, seamos 
vivificados; 
se nos adelanta para que seamos llamados, 
nos sigue para que seamos glorificados; 
se nos adelanta para que vivamos según la piedad, 
nos sigue para que vivamos por siempre con Dios, 
pues sin él no podemos hacer nada» 

La libre iniciativa de Dios exige la respuesta libre del hombre, porque Dios creó al hombre a su imagen concediéndole, con la libertad, el poder de conocerle y amarle. El alma sólo libremente entra en la comunión del amor. Dios toca inmediatamente y mueve directamente el corazón del hombre.

Puso en el hombre una aspiración a la verdad y al bien que sólo Él puede colmar. Las promesas de la “vida eterna” responden, por encima de toda esperanza, a esta aspiración:

«Si tú descansaste el día séptimo, al término de todas tus obras muy buenas, fue para decirnos por la voz de tu libro que al término de nuestras obras, “que son muy buenas” por el hecho de que eres tú quien nos las ha dado, también nosotros en el sábado de la vida eterna descansaremos en ti» 

La gracia es, ante todo y principalmente, el don del Espíritu que nos justifica y nos santifica. Pero la gracia comprende también los dones que el Espíritu Santo nos concede para asociarnos a su obra, para hacernos capaces de colaborar en la salvación de los otros y en el crecimiento del Cuerpo de Cristo, que es la Iglesia.

 Estas son las gracias sacramentales, dones propios de los distintos sacramentos. Son además las gracias especiales, llamadas también carismas, según el término griego empleado por san Pablo, y que significa favor, don gratuito, beneficio . 

Cualquiera que sea su carácter, a veces extraordinario, como el don de milagros o de lenguas, los carismas están ordenados a la gracia santificante y tienen por fin el bien común de la Iglesia. Están al servicio de la caridad, que edifica la Iglesia .

Entre las gracias especiales conviene mencionar las gracias de estado, que acompañan el ejercicio de las responsabilidades de la vida cristiana y de los ministerios en el seno de la Iglesia:

«Teniendo dones diferentes, según la gracia que nos ha sido dada, si es el don de profecía, ejerzámoslo en la medida de nuestra fe; si es el ministerio, en el ministerio, la enseñanza, enseñando; la exhortación, exhortando. El que da, con sencillez; el que preside, con solicitud; el que ejerce la misericordia, con jovialidad».

La gracia, siendo de orden sobrenatural, escapa a nuestra experiencia y sólo puede ser conocida por la fe. Por tanto, no podemos fundarnos en nuestros sentimientos o nuestras obras para deducir de ellos que estamos justificados y salvados .

 Sin embargo, según las palabras del Señor: “Por sus frutos los conoceréis” (Mt 7, 20), la consideración de los beneficios de Dios en nuestra vida y en la vida de los santos nos ofrece una garantía de que la gracia está actuando en nosotros y nos incita a una fe cada vez mayor y a una actitud de pobreza llena de confianza:

Una de las más bellas ilustraciones de esta actitud se encuentra en la respuesta de santa Juana de Arco a una pregunta capciosa de sus jueces eclesiásticos: 
«Interrogada si sabía que estaba en gracia de Dios, responde:
 “Si no lo estoy, que Dios me quiera poner en ella; si estoy, 
que Dios me quiera conservar en ella”» 

«Manifiestas tu gloria en la asamblea de los santos, y, 
al coronar sus méritos, coronas tu propia obra» 

El término “mérito” designa en general la retribución debida por parte de una comunidad o una sociedad a la acción de uno de sus miembros, considerada como obra buena u obra mala, digna de recompensa o de sanción. 

El mérito corresponde a la virtud de la justicia conforme al principio de igualdad que la rige.

Frente a Dios no hay, en el sentido de un derecho estricto, mérito por parte del hombre. Entre Él y nosotros, la desigualdad no tiene medida, porque nosotros lo hemos recibido todo de Él, nuestro Creador.

El mérito del hombre ante Dios en la vida cristiana proviene de que Dios ha dispuesto libremente asociar al hombre a la obra de su gracia. 

La acción paternal de Dios es lo primero, en cuanto que Él impulsa, y el libre obrar del hombre es lo segundo, en cuanto que éste colabora, de suerte que los méritos de las obras buenas deben atribuirse a la gracia de Dios en primer lugar, y al fiel, seguidamente. Por otra parte, el mérito del hombre recae también en Dios, pues sus buenas acciones proceden, en Cristo, de las gracias prevenientes y de los auxilios del Espíritu Santo.

La adopción filial, haciéndonos partícipes por la gracia de la naturaleza divina, puede conferirnos, según la justicia gratuita de Dios, un verdadero mérito. Se trata de un derecho por gracia, el pleno derecho del amor, que nos hace “coherederos” de Cristo y dignos de obtener la herencia prometida de la vida eterna .

Los méritos de nuestras buenas obras son dones de la bondad divina . “La gracia ha precedido; ahora se da lo que es debido [...] Los méritos son dones de Dios”.

“Puesto que la iniciativa en el orden de la gracia pertenece a Dios, nadie puede merecer la gracia primera, en el inicio de la conversión, del perdón y de la justificación. 

Bajo la moción del Espíritu Santo y de la caridad, podemos después merecer en favor nuestro y de los demás gracias útiles para nuestra santificación, para el crecimiento de la gracia y de la caridad, y para la obtención de la vida eterna. Los mismos bienes temporales, como la salud, la amistad, pueden ser merecidos según la sabiduría de Dios. Estas gracias y bienes son objeto de la oración cristiana, la cual provee a nuestra necesidad de la gracia para las acciones meritorias.

La caridad de Cristo es en nosotros la fuente de todos nuestros méritos ante Dios. La gracia, uniéndonos a Cristo con un amor activo, asegura el carácter sobrenatural de nuestros actos y, por consiguiente, su mérito tanto ante Dios como ante los hombres. 

Los santos han tenido siempre una conciencia viva de que sus méritos eran pura gracia.

«Tras el destierro en la tierra espero gozar de ti en la Patria, pero no quiero amontonar méritos para el Cielo, quiero trabajar sólo por vuestro amor [...] 

En el atardecer de esta vida compareceré ante ti con las manos vacías, Señor, porque no te pido que cuentes mis obras.
 Todas nuestras justicias tienen manchas a tus ojos. Por eso, quiero revestirme de tu propia Justicia y recibir de tu Amor la posesión eterna de ti mismo» .

 “Sabemos que en todas las cosas interviene Dios para bien de los que le aman [...] a los que de antemano conoció, también los predestinó a reproducir la imagen de su Hijo, para que fuera él el primogénito entre muchos hermanos; y a los que predestinó, a ésos también los llamó; y a los que llamó, a ésos también los justificó; a los que justificó, a ésos también los glorificó” .

“Todos los fieles, de cualquier estado o régimen de vida, son llamados a la plenitud de la vida cristiana y a la perfección de la caridad” . Todos son llamados a la santidad: “Sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto” (Mt 5, 48):

«Para alcanzar esta perfección, los creyentes han de emplear sus fuerzas, según la medida del don de Cristo [...] para entregarse totalmente a la gloria de Dios y al servicio del prójimo.

Lo harán siguiendo las huellas de Cristo, haciéndose conformes a su imagen y siendo obedientes en todo a la voluntad del Padre. 

De esta manera, la santidad del Pueblo de Dios producirá frutos abundantes, como lo muestra claramente en la historia de la Iglesia la vida de los santos» .

El progreso espiritual tiende a la unión cada vez más íntima con Cristo. Esta unión se llama “mística”, porque participa del misterio de Cristo mediante los sacramentos —“los santos misterios”— y, en Él, del misterio de la Santísima Trinidad. Dios nos llama a todos a esta unión íntima con Él, aunque las gracias especiales o los signos extraordinarios de esta vida mística sean concedidos solamente a algunos para manifestar así el don gratuito hecho a todos.

“El camino de la perfección pasa por la cruz. No hay santidad sin renuncia y sin combate espiritual .

El progreso espiritual implica la ascesis y la mortificación que conducen gradualmente a vivir en la paz y el gozo de las bienaventuranzas:

«El que asciende no termina nunca de subir; y va paso a paso; no se alcanza nunca el final de lo que es siempre susceptible de perfección. El deseo de quien asciende no se detiene nunca en lo que ya le es conocido» 

Los hijos de la Santa Madre Iglesia esperan justamente la gracia de la perseverancia final y de la recompensa de Dios, su Padre, por las obras buenas realizadas con su gracia en comunión con Jesús. 

Siguiendo la misma norma de vida, los creyentes comparten la “bienaventurada esperanza” de aquellos a los que la misericordia divina congrega en la “Ciudad Santa, la nueva Jerusalén, [...]
 que baja del cielo, de junto a Dios, engalanada como una novia ataviada para su esposo” (Ap 21, 2).

La gracia del Espíritu Santo nos confiere la justicia de Dios. El Espíritu, uniéndonos por medio de la fe y el Bautismo a la Pasión y a la Resurrección de Cristo, nos hace participar en su vida.

La justificación, como la conversión, presenta dos aspectos. Bajo la moción de la gracia, el hombre se vuelve a Dios y se aparta del pecado, acogiendo así el perdón y la justicia de lo alto.

La justificación entraña la remisión de los pecados, la santificación y la renovación del hombre interior.

La justificación nos fue merecida por la Pasión de Cristo. Nos es concedida mediante el Bautismo. Nos conforma con la justicia de Dios que nos hace justos.

 Tiene como finalidad la gloria de Dios y de Cristo y el don de la vida eterna. Es la obra más excelente de la misericordia de Dios.

La gracia es el auxilio que Dios nos da para responder a nuestra vocación de llegar a ser sus hijos adoptivos. Nos introduce en la intimidad de la vida trinitaria.

La iniciativa divina en la obra de la gracia previene, prepara y suscita la respuesta libre del hombre. La gracia responde a las aspiraciones profundas de la libertad humana; y la llama a cooperar con ella, y la perfecciona.

La gracia santificante es el don gratuito que Dios nos hace de su vida, infundida por el Espíritu Santo en nuestra alma para curarla del pecado y santificarla.

La gracia santificante nos hace “agradables a Dios”. 

Los carismas, que son gracias especiales del Espíritu Santo, están ordenados a la gracia santificante y tienen por fin el bien común de la Iglesia. 

Dios actúa así mediante gracias actuales múltiples que se distinguen de la gracia habitual, que es permanente en nosotros.

El hombre no tiene, por sí mismo, mérito ante Dios sino como consecuencia del libre designio divino de asociarlo a la obra de su gracia. 

El mérito pertenece a la gracia de Dios en primer lugar, y a la colaboración del hombre en segundo lugar. El mérito del hombre retorna a Dios.

La gracia del Espíritu Santo, en virtud de nuestra filiación adoptiva, puede conferirnos un verdadero mérito según la justicia gratuita de Dios. La caridad es en nosotros la principal fuente de mérito ante Dios.

Nadie puede merecer la gracia primera que constituye el inicio de la conversión. Bajo la moción del Espíritu Santo podemos merecer en favor nuestro y de los demás todas las gracias útiles para llegar a la vida eterna, como también los necesarios bienes temporales.

“Todos los fieles cristianos [...] son llamados a la plenitud de la vida cristiana y a la perfección de la caridad” . 

“La perfección cristiana sólo tiene un límite: 
el de no tener límite” 

“Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, 


tome su cruz y sígame” (Mt16, 24).

Al copiar este artículo favor conservar o citar este link.
Fuente: 
www.iterindeo.blogspot.com

 Visitamos

martes, 20 de agosto de 2013

La Pobreza del Cristiano Corriente...

...El cristiano ha de examinar con frecuencia si ama 
la sobriedad y la templanza, 


 Quien pone su corazón en los bienes de la tierra se incapacita para encontrar al Señor, porque el hombre puede tener como fin a Dios o poner las riquezas como meta de su vida, en sus muchas manifestaciones de deseo de lujo, de comodidad, de poseer más.

 El que pone su deseo en las cosas de la tierra como si fueran un bien absoluto comete una especie de idolatría (Colosenses 3, 5),

 Corrompiendo su alma como se corrompe con la impureza (Efesios 4, 19; 5, 3), y, con frecuencia, acaba uniéndose a los "príncipes de este mundo", que se levantan contra Dios, contra Cristo (Salmos 2, 2). 


El cristiano ha de examinar con frecuencia si ama 
la sobriedad y la templanza, 
si es parco en las necesidades personales, restringiendo los gastos superfluos, no cediendo a los caprichos, vigilando la tendencia a crearse falsas necesidades, su cuida las cosas del hogar, los instrumentos de trabajo. 

 La pobreza del cristiano corriente, que se ha de santificar en medio de sus tareas seculares, no consiste en una circunstancia meramente exterior: tener o no tener bienes materiales. Se trata de algo más profundo que afecta al corazón, al espíritu del hombre; consiste en ser humilde ante Dios, en sentirse necesitado de Él, en ser piadoso, en tener una fe rendida que se manifiesta en la vida y en las obras.

 Si se poseen estas virtudes y además abundancia de bienes materiales, la actitud del cristiano ha de ser la del desprendimiento, de caridad generosa. 

El que no posee bienes materiales no por ello está justificado ante Dios, si no se esfuerza por adquirir las virtudes que constituyen la verdadera pobreza. 

También en la escasez puede manifestar su generosidad, su señorío, y también debe estar desprendido de lo poquísimo de que se dispone.

Examinemos hoy la rectitud con que usamos nuestros bienes, y si tenemos el corazón puesto en el Señor, desasido de lo mucho o de lo poco que poseemos. 


También debemos desarrollar sin miedos y sin falsa modestia ni timideces, todos los talentos que el Señor nos ha dado, poner todas nuestras energías para que la sociedad progrese y lograr que sea cada vez más humana, que se den las condiciones necesarias para que todos lleven una vida digna, como corresponde a hijos de Dios. 



La Virgen, que supo vivir como nadie la virtud de la pobreza...

Le preguntaré Hoy al Señor en la oración.
Con mucha confianza le diré que no quiero ni busco cosa alguna, sino en todo y por todo, la mayor alabanza y gloria de El mi Dios y Señor. 
Le pediré que me ilumine, pensando que tanto más aprovecharé en todo lo espiritual; cuanto más saliere de mi propio amor, querer e interés, para estar disponible a la voluntad de El.

Al copiar este artículo favor conservar o citar este link.
Fuente: 
www.iterindeo.blogspot.com
 Visitamos

viernes, 16 de agosto de 2013

La luz del Santo Espíritu....

  ...Ilumina  a decirle al máximo Jerarca de nuestra Iglesia 
en el mundo, que  hay que descentralizar 
y salir  en busca de la oveja perdida.



Su Santidad, usted debe fundar en el mundo mas  Clínicas del Alma.

 Para restaurar el Alma del hombre Herido por culpa del mismo Hombre y de si mismo y de los enemigos de nuestra salvación los ángeles caídos.

Y que son las Clínicas del Alma?

Serán centros de atención personalizada diferentes a nuestras parroquias e iglesias, serán  centros de educación y  guía espiritual, de orientación profesional evangélica, confesión e instrucción, imposición y administración de los santos sacramentos para el ciudadano común.

Se preguntara el Papa, los cardenales, obispos, sacerdotes
 y  los religiosos, laicos  que leen mi propuesta para eso 
están las Iglesias?

Pues desconocen en su esencia e ignoran profundamente en que se han convertido la mayoría de ellas en el mundo sin generalizar y exceptuando las que si cumplen con el deber antes mencionado y que  pido y los animo a  que sigan por ese camino y a un mas cada día para cuando se les pida cuentas de los talentos recibidos sepan dar cuenta de lo que hicieron con ellos.

Las iglesias de hoy muchas no cuentan con su nombre en su fachada y no se distinguen si son católicas o de cualquier otra denominación, por no tener su nombre impreso.

La comunidad en cabeza de su párroco ha descuidado la presentación personal de su iglesia olvidándose  que es templo sagrado donde esta cristo presente en cuerpo alma y divinidad, es la sede o representación de la casa del padre en la tierra.

Por ello clamo para que exista una « Ley Vaticana » para que todas las iglesias del mundo sean restauradas, pintadas  por dentro y por fuera así sea de manera humilde pero con decoro amor y esfuerzo.

Muchos buscamos a diario por las calles una iglesia o parroquia donde poder confesar nuestra debilidad ante el enemigo de nuestra salvación que a diario nos acecha y pocos encontramos iglesias abiertas de 6 am. a 9 pm.

Se preguntaran pero es excesivo el horario y quien las cuida y para que, si solo hay un fiel a la hora de celebrar o entrar.

Se les olvida  a los ordenados,  a los religiosos, a los  laicos y fieles LA MISION, para lo cual fueron llamados y se olvidan del evangelio donde se invita al banquete de bodas, o al que dice, ir de dos en dos, o, la parábola de los talentos, como entre muchas mas que se pueden citar.  

REFLEXIONAR PARA JUSTIFICAR

El hombre al buscar por todas partes y solo en los medios materiales la felicidad, la busca en las  drogas, en el sexo, en adquisición y  la posesión de bienes materiales, en adquirir para si y aprender todo el conocimiento del mundo material posible  entre muchas mas que podamos mencionar.


Esa necesidad del ser humano y el no poder alcanzar el gozo definitivo y absoluto en su alma lo lleva a tener  una vida llena de insatisfacciones, tristezas, amarguras, al igual que en  adquirir para su cuerpo físico el desarrollo de enfermedades derivadas de su propia angustia como locura, esquizofrenia, estrés y demás en su orden emocional, pero que en conclusión son solo enfermedades del cuerpo y  de la mente. Y son enfermedades puramente del hombre como ser racional y nada tienen que ver con su ser espiritual.

El hombre se compone de dos elementos espíritu y el cuerpo material, alimentamos el cuerpo lo ejercitamos, lo sanamos a través de los conocimientos adquiridos por evolución y esfuerzo de racionalidad del hombre.

Pero pocos son los que verdaderamente entran de forma plena y concreta a buscar por todos los medios lícitos posibles ha alimentar el espíritu o sanar su alma como bien se quiera entender.

El alma a diferencia del cuerpo transciende y cambia de estado, el cuerpo material en cambio enferma, desciende, envejece,  decae y muere.

Entendiendo lo anterior Dios, creador de todo lo visible e invisible doto al hombre de forma racional de un espíritu que debe ser custodiado, guardado, alimentado, restaurado y embellecido durante todo el tiempo que nuestro padre Dios decreto que durara nuestra existencia personal.

Ese alimento, esa restauración del alma solo se logra a través de la Fe. La fe nos conduce por el Camino de ascensión  hacia la verdad absoluta para vivir una vida llena de Gozo, Paz y felicidad en esta vida terrenal y como preparación para la entrada a la vida Eterna.

Solo mediante una Fe única y plena en un Dios creador de todas las cosas que rige la naturaleza creada será, el Camino, y  la medicina necesaria para que el hombre encuentre el verdadero sentido de  su existencia en la vida presente.

Esa Fe esta impregnada en el fondo de nuestro corazón como un sello, esta sembrada al inicio de nuestra creación personal en nuestra alma, por ser hijos de un creador y de una creación.

Esa Fe, necesita ser regada, alimentada para que brote en nuestra alma cada vez mas la semilla de lo que en esencia somos y de donde venimos que es el Amor, que proceden del Bien absoluto, que es Dios, Padre creador y eterno e inmutable en su Amor, misericordia, bondad y  sus leyes para con la creación entera y su destino.  

Ese amor es dado a todos los hombres sin distinción alguna de raza, credo, lo llevamos como mencione antes en el centro de nuestra alma.

El hombre cuando poco a poco va entendiendo con la ayuda del creador el plan divino de  la creación y del hombre, se pregunta entonces para que lo creo Dios, cual es el fin del padre para con el, su entorno y el mundo.

El Hombre al no encontrar razón alguna en su mente del destino u objeto para lo cual fue creado, y el haber caminado por diferentes sentidos en la vida, tanto en el plano material como en el plano espiritual pero de forma equivocada y no encontrar la respuesta a todos sus interrogantes y felicidad.

Es entonces cuando clama desde el centro de su alma Abad Padre, aquí estoy hágase en mi según tu Voluntad y no la mía por que soy un pobre infeliz.

El hombre  se dice así mismo,  Señor yo soy un pobre hombre que siempre me equivoco, siempre tengo miedo, siempre soy débil y siempre estaré necesitado de un ser Superior que me guie, me custodie, me enseñe y me Ame.

El Hombre de todos los tiempos al clamar pidiendo ayuda (Oración) en cualquier situación personal, de pueblos y naciones solo debe mirar al horizonte de su vida  y tratar de divisar en lo mas profundo ese ser invisible que se esconde, pero que a la vez esta presente en cada acontecimiento de nuestra Vida y del mundo.

¿Como entender lo anterior? Dios ya se revelo al hombre y seguirá revelándose de diferente manera, de diferente forma y por cualquier medio hasta el final de los tiempos.

Esa manifestación de Dios se realiza en la mayoría de sus veces a través de La Palabra Revelada e  Inspirada en el Amor y basada únicamente en la Ley de Dios y sus mandamientos. Al igual se nos revela urgiendo al hombre a seguir y recorrer  el camino de las enseñanzas evangélicas dadas por El y enseñadas por su Hijo Jesús.

Recordad cuando expreso: 

Yo soy el Camino, la verdad y  la Vida.

Nosotros todos sin distinción alguna siguiendo el camino de los Santos, que en gran cantidad existen en la historia de los tiempos y hasta el día de hoy.

Ese ejemplo es solo la realización de una vida personal, basada en la toma  de sus   decisiones  en el  cumplimiento del deber de cada día, del amor de Dios, de su Leyes que no son si no mas bien su Santa y alabada Voluntad.

Describiré un ejemplo sencillo a este tema anterior:

En el hogar de una familia siempre habrá una autoridad y unas reglas básicas  a cumplir con unos deberes y obligaciones para con los que allí habitan.

Cualquier Integrante de ese hogar generara desorden en el, cuando mal interprete, ejecute, no entienda o acepte las reglas descritas para el sano convivir  de la casa a la cual pertenece.

El ejemplo anterior nos debe trasladar a nuestra casa mayor la tierra, a nuestro Padre que  la creo y  la rige,  que decreto unas  leyes para una  convivencia sana y en paz y basadas en la justicia y la equidad.

Todos Los integrantes del mundo al darle mal  interpretación a  las leyes o reglas impartidas, al no ejecutarlas, al no entenderlas y al no cumplir las reglas impuestas por nuestro creador Dios, generara en su entorno personal, mental, físico, familiar, social, y de pueblos y naciones la descomposición en cualquier sentido que se quiera entender.

Esa descomposición de la ley genera una decadencia personal, mental y material, genera en su entorno el sufrimiento personal y colectivo, por lo tanto no se  es Feliz y no se encuentra sentido a la vida  a su entorno a su destino al mundo, Ni quiere el hombre  saber de Dios y sus leyes.

Es entonces cuando el hombre no importa  la raza, su credo, religión, edad, sexo, posición económica y demás, el hombre  empieza a tratar de darle sentido a su vida y busca como salir de ese estado de infelicidad e intranquilidad.

La única forma de salir del estado en que se encuentran 
los hombres de todas las naciones, razas, pueblos,
 edades y credos es solo es en 
las Clínicas del Espíritu.

Las Clínicas del Espíritu son variadas en su forma, presentación, entendimiento, visualización y demás por que penetran al interior de cada ser humano de acuerdo a su sensibilidad emocional, grado de conocimiento, de  racionalidad y de Fe del que se encuentre.

De ese grado depende su fácil ascensión y transcendencia de su alma por eso y solo eso Es,  lo que el hombre busca.

Que  su alma transcienda a un nivel más elevado para alcanzar la fuente de toda gracia, felicidad, gozo y paz en el corazón en  su vida, su entorno que Es, y debe ser siempre Dios.

La meta de todo ser humano al habitar la tierra presente en el tiempo que dure su existencia es la de encontrarse con el creador a través de la creación en todo tiempo, lugar y cosa que realice piense y desee, de ese pensar, desear, actuar en base solo a las leyes impartidas por el creador en esta su casa y la nuestra pero que somos peregrinos o forasteros depende nuestra felicidad.

La felicidad se encuentra en gran medida en  las Clínicas del Espíritu, en el cumplimiento de las leyes de Dios, en el esfuerzo constante y decidido por transcender y buscar por medios lícitos posibles encontrarse con el creador para que cada vez con su ayuda, nuestra alma se posicione en un escalón mas alto en el camino de ascensión a la casa del Padre.

Ese camino de ascensión a la casa del Padre, comienza desde esta misma vida presente y terrenal,
 es acá en esta vida presente donde ascendemos o descendemos es en este mundo, donde tenemos un adelanto de cielo o de infierno o de purgatorio.

Es en el diario vivir y actuar donde podemos encontrar gozo.

El gozo y la felicidad se pueden solo observar, sentir y buscar teniendo sobre todo mucha visión sobrenatural, esa visión sobrenatural solo se logra cuando por voluntad propia nos adentramos por los camino de La Fepor los caminos de la Fe en Jesucristo, de la Fe de en la virgen María, por la Fe de los santos, por la fe en el  espíritu santo, comunicación entre el padre y nosotros, esa fe solo la vivimos cuando nos declaramos hijos de un creador y de Dios.

Solo cuando nos declaremos Hijos de Dios y profesemos una sola fe, la de la Razón y la de la gracia que habita en el centro de nuestra alma, es cuando comienza nuestro camino seguro de regreso a la casa del padre.

Pero solo ese regreso se da cuando estemos alejados de toda inclinación egoísta, material, animal y poco razonada y evolucionada, en términos y no de discusión, el hombre ha evolucionado en ciencia, por que el creador se lo ha permitido y revelado, pero también debe evolucionar o trascender en espíritu.

Si el hombre fallece sin lograr lo antes mencionado no cumplió la finalidad para lo cual fue creado por lo tanto nuestro padre celestial en su infinita misericordia de padre bueno y amoroso como lo es su esencia sabrá darle el lugar adecuado a cada alma en la vida eterna.

Los lugares reservados para la vida eterna los puedo describir de una forma sencilla y es describiendo un concierto o partido en un estadio con nuestro cantante o equipo preferido, haber luchado por conseguir la entrada al estadio a costa de dolores trabajos sacrificios y demás, y aun llegando temprano al evento encontramos que todas las butacas, puestos asientos estaban ya reservados o ocupados para aquellas personas que desde antes del evento fueron precavidas y reservaron los primeros puestos.

Nos tocara conformarnos con presenciar el evento desde lo mas distante no pudiendo gozar así del canto embellecedor de ese precioso artista que es el creador de lo visible e invisible de lo posible e imposible y por lo tanto sentiremos tristeza profunda y rechinar de dientes, el no poder estar cerca y disfrutar como nuestros hermanos que nos aconsejaron que reserváramos puestos, y teniendo en cuenta que hubo publicidad por todas partes, en medios de comunicación escrita, hablada y que hicimos caso omiso de ello.

Ese hacer caso omiso es lo que sucede a diario en nuestra vida personal hay publicidad excesiva en cualquier medio de comunicación donde anuncian la palabra revelada, y el Verdadero Camino de Ascensión al Padre o al estadio con el gran artista el Creador, Dios.

Dios sabe de nuestra limitación, de nuestra terquedad, incredulidad y demás, por ello debemos cada vez mas formar en nuestro entorno Clínicas del Espíritu para restaurar las almas, sanar las almas, perfeccionar las almas.

Esas Clínicas del Espíritu como mencione antes son las iglesias, centros de peregrinación mariano, comunidades, laicales, religiosas, apostólicas de cualquier orden de diferente carisma pero que solo cumplan con un fin y es el de ayudar al encuentro del verdadero Camino que conduce a la vida eterna y la felicidad o gozo temporal en esta vida Presente.

Hoy propongo a la luz del Santo Espíritu que me ilumina decirle a el máximo Jerarca de nuestra Iglesia en el mundo, que  hay que descentralizar y salir  en busca de la oveja perdida,  lo que esta ya fundado pues ponerse en la tarea de  afianzarlo a un mas, y lo que esta por fundarse pues fundarlo.

Su Santidad, usted debe fundar en el mundo mas  Clínicas del Espíritu para restaurar el Alma del hombre Herido por culpa del mismo Hombre y de si mismo y de los enemigos de nuestra salvación los ángeles caídos.

Y que son las Clínicas del Espíritu?

Serán centros de atención personalizada diferentes a nuestras parroquias e iglesias, serán  centros de educación y  guía espiritual, de orientación profesional evangélica, confesión e instrucción, imposición y administración de los santos sacramentos para el ciudadano común.

Se preguntara el Papa, los cardenales, obispos, sacerdotes
 y  los religiosos, laicos  que leen mi propuesta para eso 
están las Iglesias?

Pues desconocen en su esencia e ignoran profundamente en que se han convertido la mayoría de ellas en el mundo sin generalizar y exceptuando las que si cumplen con el deber antes mencionado y que  pido y los animo a  que sigan por ese camino y a un mas cada día para cuando se les pida cuentas de los talentos recibidos sepan dar cuenta de lo que hicieron con ellos.

Las iglesias de hoy muchas no cuentan con su nombre en su fachada y no se distinguen si son católicas o de cualquier otra denominación, por no tener su nombre impreso.

La comunidad en cabeza de su párroco ha descuidado la presentación personal de su iglesia olvidándose  que es templo sagrado donde esta cristo presente en cuerpo alma y divinidad, es la sede o representación de la casa del padre en la tierra.

Por ello clamo para que exista una « Ley Vaticana » para que todas las iglesias del mundo sean restauradas, pintadas  por dentro y por fuera así sea de manera humilde pero con decoro amor y esfuerzo.

Muchos buscamos a diario por las calles una iglesia o parroquia donde poder confesar nuestra debilidad ante el enemigo de nuestra salvación que a diario nos acecha y pocos encontramos iglesias abiertas de 6 am. a 9 pm.

Se preguntaran pero es excesivo el horario y quien las cuida y para que, si solo hay un fiel a la hora de celebrar o entrar.

Se les olvida  a los ordenados,  a los religiosos, a los  laicos y fieles LA MISION, para lo cual fueron llamados y se olvidan del evangelio donde se invita al banquete de bodas, o al que dice, ir de dos en dos, o, la parábola de los talentos, como entre muchas mas que se pueden citar.  

La comunidad se debe organizar, vigilar y ayudar en cabeza del párroco o sacerdote del pueblo, ciudad o nación y del mundo para que las iglesias y parroquias cumplan con la finalidad para la cual fueron creadas y es la de estar siempre  con las puertas abiertas y el sacerdote dispuesto, el mayor tiempo posible para que las almas enfermas y necesitadas de medicina espiritual asistan a sanar, restaurar su alma a través de la confesión, oración, alabanza, adoración y recibir la Eucaristía que es el ALIMENTO DEL ALMA.

Me da vergüenza encontrar iglesias donde existiendo párrocos solo ofician una vez al día o solo los fines de semana y poco se evangeliza o se da confesión o dirección espiritual o se tienen grupos de evangelización de catequesis y demás.

Las múltiples razones que el lector dará como justificación a las verdades que Dios reclama a través de estas reflexiones iluminadas son diversas pero no justificadas, cada párroco al tener su templo sin nombre sin organización, sin pintura externa e interna, sin un horario de confesión amplio y suficiente y una dirección espiritual uno a uno con cada feligrés de su grey, le  esta sumando a una lista de agravios que tendrá que dar cuanta en su juicio personal.

No quiero con estas palabras juzgar por que se que esta mal hecho y no es mi deber  pero si quiero, en el mejor de los  sentidos de hacer caer en la cuenta, urgir, corregir de manera fraterna a nuestra querida Iglesia Católica que  necesitamos Clínicas del Espíritu abiertas, decentes, amables donde no solo se recuerde y viva el santo sacrificio que nuestro señor Jesús, cuando entrego su Vida  por la humanidad.

Si no que también ese sacrificio se realice en cada sacerdote y entregue su vida, se crucifique en su iglesia hasta el cansancio por su feligresía, todos ellos   ávidos que los sanen en el espíritu y que  no  vean  al sacerdote como un ser distante, serio, poco dado a la gente del común y lleno de prejuicios y achaques y amonestaciones para cumplir su santa obligación cuando tomo la decisión de ser uno mas de los representantes de la Santísima Trinidad en la tierra, hasta el día que sea llamado a la casa del Padre.

Sabedor que mis palabras son densas, duras y  difíciles de entender, comprender y poner en práctica en la realidad de hoy de cada iglesia  propongo nuevamente crear las Clínicas del Espíritu.

Las Clínicas del Espíritu serán fundadas en los centros urbanos de cada ciudad, donde más aflore la necesidad sentida de más enfermedad espiritual.

Dichos centros gozaran de capilla pequeña para la celebración y  adoración al santísimo que será expuesto las 24 horas, con guardias de honor de laicos y fieles comprometidos a adorar, vigilar, acompañar y guiar a nuestro señor para que restaure en el alma a tantos y tantas y miles que se acercaran las 24 horas para un encuentro personal con Nuestro señor sin limitación de tiempo.

El refrán popular dice si la montaña no viene a mi  yo iré a la montaña, pues a la iglesia de Hoy le corresponde primero mantener sus templos abiertos, segundo salir a buscar a las almas en pena y en pecado, débiles y enfermas.

A la Iglesia de hoy  le corresponde me dice el Santo Espíritu  de Dios que me ilumina a decirles que deben salir de su poltronería, de su aburguesamiento y falta de compromiso, les corresponde ir de dos en dos como los primeros cristianos que en contra de toda prueba, en contra de toda  ley y autoridad, limitación de medios de transporte, y en contra de las inclemencias del  clima de dificultades económicas fundaron y continuaron con la hoy establecida y reluciente iglesia de Dios en la tierra.

Es mi orgullo ver la majestuosidad y pleno respeto que merece la iglesia  y reconocimiento a nivel mundial recordando con ello los miles de sufrimientos que tuvo que padecer en la serie de los siglos por estar en el punto de un muy buen  reconocimiento mundial.

Pero eso solo no basta, son muchos hombres de diferentes credos razas, culturas, edades que no conocen de Dios, ni quieren saber de El, o conociéndolo desde niños se han alejado por diferentes circunstancias.

Es hora de salir en busca de ese grupo en nuestro entorno y sanarles el alma.

Fundemos Clínicas del Espíritu, con Capillas de exposición al santísimo permanente, confesión permanente, dirección espiritual permanente Las 24 horas,  celebremos eucaristías en lugares próximos a centros de perdición como bares, discotecas, zonas  de juego azar y guerras, celebremos eucaristías en zonas de alto riesgo de vulnerabilidad  como pobreza absoluta, busquemos permanentemente  a los habitantes de las calles por cualquier situación y busquemos por todos los medios sanarles el alma y el cuerpo,  adelantemos diferentes y abundantes campañas de sensibilización de la sociedad para que exista mas justicia social y equidad, que permanezca en nuestra pequeña comunidad un entorno de fraternidad y un componente alto de  subsidiaridad al mas necesitado o menos afortunado.

Las Clínicas del Espíritu serán, formaran y ayudaran a la evangelización, conversión y sanación del alma y del cuerpo, pero solo se lograra con la decisión unánime decidida y ambiciosa de una iglesia renovada a ejemplo de los primeros cristianos que fueron denominados los seguidores del Camino y que dieron y gastaron de manera sacrificada toda su vida por la humanidad.

La logística, ubicación y servicio y manutención de las Clínicas del Espíritu correrán por cuenta de un organismo clerical, laical y civil corresponde entonces  armar todo un equipo multidisciplinario en todas las ramas no solo clericales si no sociales, como son médicos, enfermeros, psicólogos, maestros, sacerdotes , padres de familia jóvenes en fin una gama variada de profesionales en diferentes ramas, que presten sus servicios de manera gratuita desinteresada y voluntaria en tiempos preestablecidos según cada caso en particular.

Después de analizar, censar, evaluar y concluir las necesidades de cada pueblo, ciudad, o  nación, para que todos en equipo puedan  prestar la ayuda necesaria y acabar de complementar ayuda a las  almas  ávidas y necesitadas que se les muestre la mano de Dios.

Es a nuestra Iglesia a la que le corresponde liderar y emprender el Camino de restaurar los corazones heridos, hambrientos y desamparados de la humanidad, solo lo lograremos siendo pioneros, innovadores y poniendo todo en las manos del autor de esta iluminación de Idea, en Dios.

Dios clama justicia para con su pueblo  humilde y  necesitado y pecador, unámonos todos juntos con el amor de Dios que hay en nuestro corazón para fundar por todo el mundo las clínicas del Espíritu. 

Como una más de las  posibles soluciones frente a la necesidad del ser humano de tratar por todos los medios de entender, comprender y vivir una vida llena de gozo, paz y felicidad, mientras le llega el día de su paso a la vida eterna.


 El Santo Espíritu de Dios que me ilumina  nos dice que este clamor llegara a cumplirse y llegara de manera fácil y decidida hasta  la persona 
Su santidad =
que tendrán el deber de Ejecutarlo.

Así sea.

Al copiar este artículo favor conservar
o citar la Fuente:
www.iterindeo.blogspot.com
Visitamos