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viernes, 26 de julio de 2013

¡el único camino seguro, el de la Cruz, de Jesús...

...la encarnación de Jesús! 

Es la fe en el Hijo de Dios hecho hombre, que me amó y murió por mí. Entonces, ¡Hagan lío! 

El Santo Padre alentó a leer las Bienaventuranzas
 y Mateo 25. 
"Con esas dos cosas tienen el programa de acción", 

A las 10 de la mañana, el Papa se trasladó en coche a la comunidad de Varginha, Manguinhos, a unos 18 kilómetros de distancia. 

Esta comunidad forma parte de una de las más amplias favelas de la zona norte de la ciudad, que fue pacificada 
por la policía local. 

El término Favela viene de faveila o mandioca brava, una planta leguminosa áspera y agreste que crece en plaga en varias regiones de Brasil. 

Se dice que en noviembre de 1897, los soldados que habían ganado la Guerra de Canudos en Bahía, desembarcaron en Río porque el gobierno les había prometido casas.

Al ver que la burocracia era interminable, ocuparon la colina de Gamboa, construyeron sus chozas allí y llamaron al lugar Morro da Favela.

El Santo Padre llegó a las 11 de la mañana donde fue recibido por el párroco, el vicario episcopal y la superiora de las Hermanas de la Caridad. Desde allí se dirigió a la pequeña iglesia de S. Girolamo Emiliani y tras un momento de oración se desplazó a pie al campo de fútbol donde le esperaba reunida toda la comunidad.

 De camino, el pontífice visitó a una familia y antes de su discurso, saludó a los esposos Rangler y Joana.

Francisco confesó que su deseo al programar el viaje a Brasil, era poder visitar todos los barrios de la nación pero por la magnitud del país le era imposible así que tuvo que elegir uno.


"Habría querido llamar a cada puerta, decir "Buenos días", pedir un vaso de agua fresca, tomar un "cafezinho" -no una copa de orujo-, hablar como amigo de casa, escuchar el corazón de cada uno, de los padres, los hijos, los abuelos... 

Pero Brasil, ¡es tan grande! Y no se puede llamar a todas las puertas". El Papa agradeció de nuevo a todos los brasileños la "calurosa bienvenida", la decoración de las calles, "signo de afecto que nace del corazón" y el haber sido recibido "con amor, generosidad, y alegría". 

Su santidad el Papa FranciscoRecordó que :
"Cuando somos generosos en acoger a una persona y compartimos algo con ella, no nos hacemos más pobres, sino que nos enriquecemos"

y mencionó el proverbio brasileño 

"siempre se puede añadir más agua a los frijoles".


"El pueblo brasileño, -dijo- especialmente las personas más sencillas, pueden dar al mundo una valiosa lección de solidaridad, una palabra -esta palabra solidaridad- a menudo olvidada u omitida, porque es incómoda". 

Con estas palabras el Papa hizo un llamamiento "a quienes tienen más recursos, a los poderes públicos y a todos los hombres de buena voluntad comprometidos en la justicia social: 

Que no se cansen de trabajar por un mundo más justo y más solidario. 

Nadie puede permanecer indiferente ante las desigualdades que aún existen en el mundo. 

Que cada uno, según sus posibilidades y responsabilidades, ofrezca su contribución para poner fin a tantas injusticias sociales. 

No es la cultura del egoísmo, del individualismo, que muchas veces regula nuestra sociedad, la que construye y lleva a un mundo más habitable, no es ésta, sino la cultura de la solidaridad; la cultura de la solidaridad no es ver en el otro un competidor o un número, sino un hermano. Y todos nosotros somos hermanos".

Francisco, alentando los esfuerzos que la sociedad brasileña hace para integrar todas las partes en la lucha contra el hambre y la miseria, acentuó que "ningún esfuerzo de "pacificación" será duradero, ni habrá armonía y felicidad para una sociedad que ignora, que margina y abandona en la periferia una parte de sí misma. 



Una sociedad así, simplemente se empobrece a sí misma; más aún, pierde algo que es esencial para ella.


No dejemos entrar en nuestro corazón la cultura del descarte, porque somos hermanos.


No hay que descartar a nadie. Recordémoslo siempre:
Sólo cuando se es capaz de compartir, llega la verdadera riqueza; todo lo que se comparte se multiplica. 

Pensemos en la multiplicación de los panes de Jesús. La medida de la grandeza de una sociedad está determinada por la forma en que trata a quien está más necesitado, a quien no tiene más que su pobreza".

El Papa recordó que la Iglesia desea ofrecer su colaboración a toda iniciativa que pueda significar un verdadero desarrollo de cada persona y de todas las personas y remarcó que "existe un hambre más profunda, el hambre de una felicidad que sólo Dios puede saciar.

 Hambre de dignidad. No hay una verdadera promoción del bien común, ni un verdadero desarrollo del hombre, cuando se ignoran los pilares fundamentales que sostienen una nación, sus bienes inmateriales: la vida, que es un don de Dios, un valor que siempre se ha de tutelar y promover;

la familia, fundamento de la convivencia y remedio contra la desintegración social; la educación integral, que no se reduce a una simple transmisión de información con el objetivo de producir ganancias; la salud, que debe buscar el bienestar integral de la persona, incluyendo la dimensión espiritual, esencial para el equilibrio humano y una sana convivencia; la seguridad, en la convicción de que la violencia sólo se puede vencer partiendo del cambio del corazón humano".

El Santo Padre dedicó unas palabras a los jóvenes que "a menudo se sienten defraudados por los casos de corrupción, por las personas que, en lugar de buscar el bien común, persiguen su propio interés... 

Nunca se desanimen, no pierdan la confianza, no dejen que la esperanza se apague. 
La realidad puede cambiar, el hombre puede cambiar.

Sean los primeros en tratar de hacer el bien, de no habituarse al mal, sino a vencerlo con el bien".

Antes de finalizar el Papa recordó a todos los habitantes de la Comunidad de Varginha que "no están solos, la Iglesia está con ustedes, el Papa está con ustedes. Llevo a cada uno de ustedes en mi corazón y hago mías las intenciones que albergan en lo más íntimo: la gratitud por las alegrías, las peticiones de ayuda en las dificultades, el deseo de consuelo en los momentos de dolor y sufrimiento", 


 y les encomendó a la intercesión de Nuestra Señora de Aparecida, la Madre de todos los pobres del Brasil impartiéndoles su bendición.
Francisco, incluyendo una nueva actividad al programa oficial, se desplazó a la Catedral de Río, para saludar a sus compatriotas argentinos a los que dirigió un discurso improvisado.

 El Santo Padre agradeció a los jóvenes que se hubieran acercado a saludarle y con palabras coloquiales les dijo: "¡Quiero que la Iglesia salga a la calle! ¡Quiero que nos defendamos de todo lo que sea mundanidad, de lo que sea instalación, de lo que sea comodidad, de lo que sea clericalismo, de lo que sea estar encerrados en nosotros mismos. Las parroquias, los colegios, las instituciones, ¡son para salir! Si no salen, se convierten en una ONG, y la Iglesia no puede ser una ONG".

"Miren, yo pienso que en este momento, esta civilización mundial se pasó de rosca

¡se pasó de rosca! Porque es tal el culto que ha hecho al dios dinero, que estamos presenciando una filosofía y una praxis de exclusión de los dos polos de la vida que son las promesas de los pueblos.

 Y por supuesto, porque uno podría pensar, que podría haber una especie de eutanasia escondida. 

Es decir, no se cuida a los ancianos, pero también está esta eutanasia cultural: ¡no se los deja hablar, no se los deja actuar! Y la exclusión de los jóvenes:

 El porcentaje que hay de jóvenes sin trabajo, sin empleo,

¡es muy alto! Y es una generación que no tiene la experiencia de la dignidad ganada por el trabajo.

 O sea, ¡Esta civilización nos ha llevado a excluir las dos puntas que son el futuro nuestro!".

El Papa animó a los jóvenes a salir, a hacerse valer y luchar por los valores, asimismo a los ancianos les pidió que abrieran la boca para enseñar y transmitir sabiduría.


 "En el Pueblo Argentino, yo se los pido de corazón a los ancianos, no claudiquen de ser la reserva cultural de nuestro pueblo que transmite la justicia, que transmite la historia, que transmite los valores, que transmite la memoria de Pueblo. Y ustedes, -dirigiéndose de nuevo a los jóvenes- por favor, ¡no se metan contra los viejos!

 ¡Déjenlos hablar, escúchenlos, y lleven adelante! Pero sepan, sepan que en este momento, ustedes, los jóvenes y los ancianos, están condenados al mismo destino: exclusión! ¡No se dejen excluir! ¿Está claro? Por eso creo que tienen que trabajar".

Francisco recordó que la fe no es una broma, es algo muy serio. "Que Dios haya venido a hacerse uno de nosotros, ¡es un escándalo! Y que haya muerto en la cruz, es un escándalo, el escándalo de la Cruz

. La Cruz sigue siendo escándalo, pero ¡es el único camino seguro, el de la Cruz, el de Jesús, la encarnación de Jesús! 

Por favor, ¡no licuen la fe en Jesucristo! Hay licuado de naranja, licuado de manzana, licuado de banana, pero por favor, ¡no tomen licuado de fe! ¡La fe es entera, no se licua! Es la fe en Jesús.

Es la fe en el Hijo de Dios hecho hombre, que me amó y murió por mí. Entonces, ¡Hagan lío! ¡Cuiden los extremos del pueblo que son los ancianos y los jóvenes! No se dejen excluir, y que no excluyan a los ancianos, segundo, y no licuen la fe en Jesucristo".

El Santo Padre alentó a los presentes a leer las Bienaventuranzas y Mateo 25. "Con esas dos cosas tienen el programa de acción", dijo antes de finalizar, rezar a la Virgen e impartir su bendición.
Un millón de jóvenes en la playa de Copacabana, saludaron ayer tarde  al Papa Francisco en su primer encuentro con los jóvenes cariocas y con los participantes en la JMJ. 

Para ese acontecimiento se ha construido un gigantesco palco, inspirado en la línea irregular de las montañas de Río de Janeiro, definido por su autor como “una escultura de cuatro mil metros cuadrados” y con cuatro plataformas de diversas alturas unidas por una escalera. 

A la espalda del Santo Padre, una pantalla gigante, para que hasta los jóvenes de las últimas filas pudiesen verlo y escucharlo. Antes del encuentro propiamente dicho, tuvo lugar una representación titulada “Río de la fe” en la que 150 jóvenes ponían en escena la vida diaria de la ciudad.

Después del saludo del arzobispo Orani JoaoTempesta, 

tomó la palabra el Santo Padre.

”Veo en ustedes la belleza del rostro joven de Cristo, y mi corazón se llena de alegría”, exclamó el Papa, saludando a los jóvenes , hablándoles después de sus recuerdos de la primera Jornada Mundial de la Juventud que se celebró en Buenos Aires, su ciudad, en 1987.

También pidió un minuto de silencio y oración por Sophie Morinière, la joven francesa que perdió la vida en un accidente de autobus en la Guayana francesa y por los heridos en el mismo.

“Este año -dijo a continuación- la Jornada vuelve, por segunda vez, a América Latina. Y ustedes, jóvenes, han respondido en gran número a la invitación de Benedicto XVI, que les ha convocado para celebrarla.

 Se lo agradecemos de todo corazón. Y a él que nos convocó hoy aquí, le enviamos un saludo y un fuerte aplauso. Ustedes saben que, antes de venir a Brasil, estuve charlando con él y le pedí que me acompañara en el viaje, con la oración. Y me dijo: los acompaño con la oración y estaré junto al televisor. Así que ahora nos está viendo..

 Mi mirada si extiende sobre esta gran muchedumbre:

¡Son ustedes tantos! Llegados de todos los continentes. Distantes, a veces no sólo geográficamente, sino también desde el punto de vista existencial, cultural, social, humano.

 Pero hoy están aquí, o más bien, hoy estamos aquí, juntos, unidos para compartir la fe y la alegría del encuentro con Cristo, de ser sus discípulos.

Esta semana, Río se convierte en el centro de la Iglesia, en su corazón vivo y joven, porque ustedes han respondido con generosidad y entusiasmo a la invitación que Jesús les ha hecho para estar con él, para ser sus amigos”.

“El tren de esta Jornada Mundial de la Juventud ha venido de lejos y ha atravesado la Nación brasileña siguiendo las etapas del proyecto “Bota fe - Poned fe”. 

Hoy ha llegado a Río de Janeiro. Desde el Corcovado, el Cristo Redentor nos abraza y nos bendice. Viendo este mar, la playa y a todos ustedes, me viene a la mente el momento en que Jesús llamó a sus primeros discípulos a orillas del lago de Tiberíades.

 Hoy Jesús nos sigue preguntando:
 ¿Quieres ser mi discípulo? ¿Quieres ser mi amigo?
 ¿Quieres ser testigo del Evangelio? 

En el corazón del Año de la fe, estas preguntas nos invitan a renovar nuestro compromiso cristiano.
Sus familias y comunidades locales les han transmitido el gran don de la fe. 

Cristo ha crecido en ustedes. Hoy quiere venir aquí para confirmarlos en esta fe la fe en Cristo vivo que habita en ustedes, pero he venido yo también para ser confirmado por el entusiasmo de la fe de ustedes.

Ustedes saben que en la vida de un obispo hay tantos problemas que piden ser solucionados. 

Y con estos problemas y dificultades, la fe del obispo puede entristecerse.

 Que feo es un obispo triste... Para que mi fe no sea triste he venido aquí para contagiarme con el entusiasmo de ustedes”.

Después el Papa recibió el saludo de cinco jóvenes procedentes de los cinco continentes y tras la lectura del evangelio de San Lucas que narra el episodio de la transfiguración, se dirigió nuevamente a los presentes:

“Qué bien se está aquí”, exclamó Pedro, después de haber visto al Señor Jesús transfigurado, revestido de gloria.

 ¿Podemos repetir también nosotros esas palabras?- se preguntó el Santo Padre- Pienso que sí, porque para todos nosotros, hoy, es bueno estar aquí en torno a Jesús.

 Él es quien nos acoge y se hace presente en medio de nosotros, aquí en Río. 

Y en el Evangelio también hemos escuchado las palabras del Padre: “Éste es mi Hijo, el escogido, escuchadle”. Por tanto, si por una parte es Jesús el que nos acoge; por otra, también nosotros hemos de acogerlo, ponernos a la escucha de su palabra, porque precisamente acogiendo a Jesucristo, Palabra encarnada, es como el Espíritu nos transforma, ilumina el camino del futuro, y hace crecer en nosotros las alas de la esperanza para caminar con alegría”.



“Pero, ¿qué podemos hacer?

-continuó el pontífice y respondió: “Bota fé – Pon fe”.

La cruz de la Jornada Mundial de la Juventud ha gritado estas palabras a lo largo de su peregrinación por Brasil.


¿Qué significa “Pon fe”? Cuando se prepara un buen plato y ves que falta la sal, “pones” sal; si falta el aceite, “pones” aceite… “Poner”, es decir, añadir, echar.

Lo mismo pasa en nuestra vida, queridos jóvenes: si queremos que tenga realmente sentido y sea plena, como ustedes desean y merecen, les digo a cada uno y a cada una de ustedes:

“pon fe” y tu vida tendrá un sabor nuevo, la vida tendrá una brújula que te indicará la dirección; “pon esperanza” y cada día de tu vida estará iluminado y tu horizonte no será ya oscuro, sino luminoso; “pon amor” y tu existencia será como una casa construida sobre la roca, tu camino será gozoso, porque encontrarás tantos amigos que caminan contigo. ¡Pon fe, pon esperanza, pon amor!”.

Y “¿Quién puede darnos esto? En el Evangelio - subrayó- escuchamos la respuesta:

 Cristo. ...Jesús es quien nos trae a Dios y nos lleva a Dios, con él toda nuestra vida se transforma...



Por eso hoy les digo a cada uno de ustedes: “Pon a Cristo” en tu vida y encontrarás un amigo del que fiarte siempre;

“pon a Cristo” y verás crecer las alas de la esperanza para recorrer con alegría el camino del futuro;

Pon a Cristo y tu vida estará llena de su amor, será una vida fecunda”.

“Hoy nos hará bien a todos que nos preguntásemos sinceramente: 

¿en quién ponemos nuestra fe? 
¿En nosotros mismos, en las cosas, o en Jesús?

Todos tenemos muchas veces la tentación de ponernos en el centro...
 de creer que nosotros solos construimos nuestra vida, o que es el tener, el dinero, el poder es lo que da la felicidad. 

Pero no es así. El tener, el dinero, el poder pueden ofrecer un momento de embriaguez, la ilusión de ser felices, pero, al final, nos dominan y nos llevan a querer tener cada vez más, a no estar nunca satisfechos. 

Y terminamos empachados pero no alimentados y es muy triste ver a una juventud empachada pero débil...

.¡“Pon a Cristo” en tu vida, pon tu confianza en él y no quedarás defraudado! 

Miren, queridos amigos, la fe hace una revolución que podríamos llamar copernicana, nos quita del centro y pone en el centro a Dios; 

La fe nos inunda de su amor que nos da seguridad, fuerza, esperanza. 

Aparentemente parece queno cambia nada, pero, en lo más profundo de nosotros mismos, todo cambia. En nuestro corazón habita la paz, la dulzura, la ternura, el entusiasmo, la serenidad y la alegría, que son frutos del Espíritu Santo....

y nuestra existencia se transforma...La fe es revolucionaria y yo os pregunto hoy: ¿estás dispuesto, estás dispuesta a entrar en esta onda de la revolución de la fe? Solo entrando tu vida joven va a tener sentido y así será fecunda”.

“Querido joven, querida joven :“Pon a Cristo” en tu vida. 

En estos días, Él te espera ; escúchalo con atención y su presencia entusiasmará tu corazón. “Pon a Cristo”: 

Él te acoge en el Sacramento del perdón, con su misericordia cura todas las heridas del pecado.

 No tengas miedo a pedirle perdón porque Él en su tanto amor nunca se cansa de perdonarnos, como un padre que nos ama.

¡Dios es pura misericordia! “Pon a Cristo”: Él te espera también en la Eucaristía, Sacramento de su presencia, de su sacrificio de amor,

 y... también en la humanidad de tantos jóvenes que te enriquecerán con su amistad, te animarán con su testimonio de fe, te enseñarán el lenguaje del amor, de la bondad, del servicio. 

También tú, querido joven, querida joven, puedes ser un testigo gozoso de su amor, un testigo entusiasta de su Evangelio para llevar un poco de luz a este mundo nuestro.”



“Qué bien se está aquí” poniendo a Cristo, la fe, la esperanza,
el amor que él nos da, en nuestra vida.

Queridos amigos, en esta celebración hemos acogido la imagen de Nuestra Señora de Aparecida. 

Con María, le pedimos que nos enseñe a seguir a Jesús, que nos enseñe a ser discípulos y misioneros”,

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jueves, 25 de julio de 2013

UN MUNDO MAS JUSTO, SOLIDARIO Y FRATERNO....


El santuario de la Virgen de Aparecida, patrona de Brasil, fue ayer el escenario de la primera misa pública celebrada por el Papa Francisco en el continente americano. 

El pontífice quiso incluir la visita a este lugar, muy importante para los brasileños y para los católicos del continente, en el programa de su viaje con ocasión de la JMJ.

La historia de la Virgen de Aparecida se remonta al 1717 cuando después de varios intentos infructuosos de pesca en el río Paraiba, unos pescadores echaron de nuevo las redes y encontraron una estatua de la Virgen sin cabeza, las arrojaron otra vez y salió a la luz la cabeza.

 Al tercer intento, las redes estaban llenas de pescado. La estatua, a la que se atribuyó la pesca “milagrosa”, permaneció durante 15 años en casa de uno de los pescadores y los vecinos iban allí para rezar el rosario. Las gracias obtenidas hacen que la devoción a la Aparecida se difunda progresivamente por varias regiones de Brasil; así en 1734 se construye una capilla y en 1834 comienza la construcción de la basílica antigua.

 La Virgen es coronada en 1904 y en 1929 el papa Pío XI proclama a la Aparecida “Reina y patrona de Brasil”. Los obispos y los misioneros redentoristas ponen en marcha en 1955 la construcción de la basílica actual que fue bendecida, todavía en fase de edificación, por el beato Juan Pablo II durante su viaje apostólico a Brasil en 1980.Los fieles que la visitan cada año rondan los siete millones.
 El 13 de mayo de 2007 el papa Benedicto XVI inauguraba en Aparecida los trabajos de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe que estableció las líneas pastorales para el continente en los años futuros.

El Papa Francisco llegó al santuario a las 10,00 (hora local, las 15,00 hora de Roma) donde fue acogido por el rector y tras saludarlo fue a la Sala de los Doce Apóstoles para rezar unos minutos ante la imagen de la Aparecida. La Santa Misa -en la que participaron solamente los obispos de la provincia,ya que los prelados de la JMJ se ocupan de la catequesis en Río de Janeiro- comenzó a las 10.30.
El Santo Padre empezó su homilía recordando que si al día siguiente de su elección como Obispo de Roma fue a la basílica de Santa María la Mayor en Roma para encomendar a la Virgen su ministerio, esta vez había venido a Aparecida para “pedir a María, nuestra Madre, el éxito de la Jornada Mundial de la Juventud y poner a sus pies la vida del pueblo latinoamericano”. 

Después, se refirió a la V Conferencia General del CELAM, en la que participó, diciendo que allí había ocurrido “algo muy hermoso... ver cómo los obispos —que trabajaban sobre el tema del encuentro con Cristo, el discipulado y la misión— se sentían alentados, acompañados y en cierto sentido inspirados por los miles de peregrinos que acudían cada día a confiar su vida a la Virgen: aquella Conferencia ha sido un gran momento de Iglesia. 

Y, en efecto, puede decirse que el Documento de Aparecida nació precisamente de esta urdimbre entre el trabajo de los Pastores y la fe sencilla de los peregrinos, bajo la protección materna de María. La Iglesia, cuando busca a Cristo, llama siempre a la casa de la Madre y le pide:

“Muéstranos a Jesús”. De ella se aprende el verdadero discipulado. He aquí por qué la Iglesia va en misión siguiendo siempre la estela de María”.

“Hoy, en vista de la Jornada Mundial de la Juventud que me ha traído a Brasil -prosiguió- también yo vengo a llamar a la puerta de la casa de María —que amó a Jesús y lo educó— para que nos ayude a todos nosotros, Pastores del Pueblo de Dios, padres y educadores, a transmitir a nuestros jóvenes los valores que los hagan artífices de una nación y de un mundo más justo, solidario y fraterno. 

Para ello, quisiera señalar tres sencillas actitudes: 
mantener la esperanza, dejarse sorprender por Dios 
y vivir con alegría”.

Para explicar la primera de esas actitudes, “Mantener la esperanza”, el Papa habló de la segunda lectura de la Misa de hoy que presenta una escena dramática: una mujer —figura de María y de la Iglesia— es perseguida por un dragón —el diablo— que quiere devorar a su hijo. “Pero la escena - subrayó- no es de muerte sino de vida, porque Dios interviene y pone a salvo al niño. Cuántas dificultades hay en la vida de cada uno, en nuestra gente, nuestras comunidades.

 Pero, por más grandes que parezcan, Dios nunca deja que nos hundamos. Ante el desaliento que podría haber en la vida, en quien trabaja en la evangelización o en aquellos que se esfuerzan por vivir la fe como padres y madres de familia, quisiera decirles con fuerza: 

Tengan siempre en el corazón esta certeza: 
Dios camina a su lado, en ningún momento los abandona. Nunca perdamos la esperanza. Jamás la apaguemos en nuestro corazón. El “dragón” el mal, existe en nuestra historia, pero no es el más fuerte. El más fuerte es Dios, y Dios es nuestra esperanza”.

“Es cierto que hoy en día, todos un poco, y también nuestros jóvenes, sienten la sugestión de tantos ídolos que se ponen en el lugar de Dios y parecen dar esperanza: el dinero, el éxito, el poder, el placer. 

Con frecuencia se abre camino en el corazón de muchos una sensación de soledad y vacío, y lleva a la búsqueda de compensaciones, de estos ídolos pasajeros. 

Queridos hermanos y hermanas, seamos luces de esperanza.

Tengamos una visión positiva de la realidad. Demos aliento a la generosidad que caracteriza a los jóvenes, ayudémoslos a ser protagonistas de la construcción de un mundo mejor: son un motor poderoso para la Iglesia y para la sociedad. Ellos no sólo necesitan cosas. 

Necesitan sobre todo que se les propongan esos valores inmateriales que son el corazón espiritual de un pueblo, la memoria de un pueblo. Casi los podemos leer en este santuario, que es parte de la memoria de Brasil: espiritualidad, generosidad, solidaridad, perseverancia, fraternidad, alegría; son valores que encuentran sus raíces más profundas en la fe cristiana”.


Hablando después de la segunda actitud: Dejarse sorprender por Dios, el Pontífice dijo: “Quien es hombre, mujer de esperanza —la gran esperanza que nos da la fe— sabe que Dios actúa y nos sorprende también en medio de las dificultades.

 Y la historia de este santuario es un ejemplo: tres pescadores, tras una jornada baldía, sin lograr pesca en las aguas del Río Paraíba, encuentran algo inesperado: una imagen de Nuestra Señora de la Concepción. 

¿Quién podría haber imaginado que el lugar de una pesca infructuosa se convertiría en el lugar donde todos los brasileños pueden sentirse hijos de la misma Madre?

Dios nunca deja de sorprender, como con el vino nuevo del Evangelio que acabamos de escuchar. Dios guarda lo mejor para nosotros. 

Pero pide que nos dejemos sorprender por su amor, que acojamos sus sorpresas. Confiemos en Dios. Alejados de él, el vino de la alegría, el vino de la esperanza, se agota. Si nos acercamos a él, si permanecemos con él, lo que parece agua fría, lo que es dificultad, lo que es pecado, se transforma en vino nuevo de amistad con él”.

Y por último: Vivir con alegría. 

“Si caminamos en la esperanza, dejándonos sorprender por el vino nuevo que nos ofrece Jesús, ya hay alegría en nuestro corazón y no podemos dejar de ser testigos de esta alegría.

El cristiano es alegre, nunca triste. Dios nos acompaña. Tenemos una Madre que intercede siempre por la vida de sus hijos... Jesús nos ha mostrado que el rostro de Dios es el de un Padre que nos ama. El pecado y la muerte han sido vencidos.

 El cristiano no puede ser pesimista. No tiene el aspecto de quien parece estar de luto perpetuo. Si estamos verdaderamente enamorados de Cristo y sentimos cuánto nos ama, nuestro corazón 
se “inflamará” de tanta alegría que contagiará 
a cuantos viven a nuestro alrededor”.

“Hemos venido a llamar a la puerta de la casa de María -concluyó Francisco- Ella nos ha abierto, nos ha hecho entrar y nos muestra a su Hijo. 

Ahora ella nos pide: “Hagan todo lo que él les diga” . 

Sí, Madre, nos comprometemos a hacer lo que Jesús nos diga. Y lo haremos con esperanza, confiados en las sorpresas de Dios y llenos de alegría”.

Finalizada la Misa el Papa se asomó al balcón del santuario para bendecir a los presentes y saludar a los miles de fieles y peregrinos que no habían podido entrar y que bajo la lluvia siguieron la ceremonia, e improvisó en español unas palabras, prometiendo al final que regresaría a Aparecida para el 300 aniversario del hallazgo de la imagen de María.

“Irmãos e Irmãs … Irmãos e Irmãs, eu não falo brasileiro (Hermanos y hermanas, no hablo brasileño n.d.r) Perdón, voy hablar en español .Obrigado (Muchas gracias n.d.r) por estar aquí. 

Muchas gracias de corazón, con todo mi corazón y le pido a la Virgen, nuestra Señora de Aparecida, que los bendiga, que bendiga a sus familias, que bendiga a sus hijos, que bendiga a sus padres, que bendiga a toda la Patria.

 A ver, ahora me voy a dar cuenta si me entienden. Les hago una pregunta: ¿Una madre se olvida de sus hijos? 
Ella no se olvida de nosotros, Ella nos quiere y nos cuida. Ahora le vamos a pedir la bendición. La bendición de Dios Todopoderoso. 

El Padre y el Hijo y el Espíritu Santo desciendan sobre ustedes. Permanentemente. Les pido un favor, recen por mí, recen por mí, necesito. 

Que Dios los bendiga. Que nuestra Señora de Aparecida los cuide. Y hasta 2017 que voy a volver”.

Después, el Papa recorrió en papamóvil los tres kilómetros que lo separaban del Seminario Misionero del Bom Jesús para almorzar con los obispos de la provincia y los seminaristas.

 A su llegada Francisco bendijo una imagen de Frei Galvao (San Antonio de Santana Galvao, canonizado por Benedicto XVI en San Pablo durante el viaje apostólico de 2007) que se colocará en el santuario dedicado al santo en la ciudad de Guaratinguetá. Acabado el almuerzo el pontífice regresó a Rio de Janeiro para visitar el hospital San Francisco de Asís.


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lunes, 22 de julio de 2013

Espera la promesa Divina....

Y tendrás abundancia de todos los bienes en el cielo.

Cualquier cosa que puedo desear o pensar para mi consuelo,


 no la espero aquí, sino en la otra vida. 

Pues aunque yo solo estuviese todos los gustos del mundo,
 y pudiese usar de todos sus deleites,
 cierto es que no podrían durar mucho. 
Así que no podrás, alma mía, estar cumplidamente consolada,
 ni perfectamente recreada sino en Dios, 
que es consolador de los pobres,
 y recibe a los humildes. 

Espera un poco, alma mía, espera la promesa divina, y
 tendrás abundancia de todos los bienes en el cielo.

 Si deseas Desordenadamente estas cosas presentes, perderás las eternas y celestiales. Sean las temporales para el uso: las eternas para el deseo. 
No puedes saciarte de ningún bien temporal, porque no eres criada para gozar de lo caduco.

Aunque tengas todos los bienes creados, no puedes ser dichoso y bienaventurado: mas en Dios,que creador de todas las cosas, consiste toda tu bienaventuranza y tu felicidad. No como la que admiran y alaban los necios amadores del mundo, sino como la que esperan los buenos y fieles discípulos de Cristo, y alguna veces gustan los espirituales y limpios de corazón, cuya conversación está en los cielos. Vano es y breve todo consuelo humano. 

El dichoso y verdadero consuelo es aquel que la Verdad hace percibir interiormente. El hombre devoto en todo lugar lleva consigo a su consolador Jesús, y le dice:

 Ayúdame, Señor, en todo lugar y tiempo. Sea, pues, mi consolación carecer de buena gana de todo humano consuelo. Y si tu consolación me faltare, sea mi mayor consuelo tu voluntad y justa probación. Porque no estarás airado perpetuamente, ni enojado para siempre.

  
Hijo, en cualquier cosa di así: 

Señor, si te agradare, hágase esto así. Señor, si es honra tuya, hágase esto en tu nombre. Señor, si vieres que me conviene, y hallares serme provechoso, concédemelo para que use de ello a honra tuya. Mas si conocieres que me sería dañoso, y nada provechoso a la salvación de mi alma, desvía de mí tal deseo. 

Porque no todo deseo procede del Espíritu Santo, aunque parezca justo y bueno al hombre. Dificultoso es juzgar si te incita buen espíritu o malo a desear esto o aquello, o si te mueve tu propio espíritu. Muchos se hallan engañados al fin, que al principio parecían inspirados por buen espíritu.

Por eso siempre se debe desear y pedir con temor de Dios y humildad de corazón cualquier cosa apetecible que ocurriere al pensamiento, y sobre todo con propia resignación encomendarlo todo a Mí diciendo: 

Señor, Tú sabes lo que es mejor: haz esto o aquello, según te agradare. Da lo que quisieres, y cuanto quisieres, y cuando quisieres

Haz conmigo como sabes, y como más te agradare, y fuere mayor honra tuya. Ponme donde quisieres, dispón de mi libremente en todo. En tu mano estoy, vuélveme y revuélveme a la redonda. Ve aquí tu siervo dispuesto a todo; porque no deseo, Señor, vivir para mí sino para Ti. ¡Ojalá que viva dignamente y perfectamente! 


Concédeme, benignísimo Jesús, tu gracia para que esté conmigo, y obre conmigo, y persevere conmigo hasta el fin.
 Dame que desee y quiera siempre lo 
que te es más acepto y agradable a Ti. 

Tu voluntad sea la mía, y mi voluntad siga siempre la tuya, 
y se conforme en todo con ella. 
Tenga yo un querer y no querer contigo; 
y no pueda querer ni no querer lo que 
Tú quieres y no quieres.

Dame, Señor, que muera a todo lo que hay en el mundo; y dame que desee por Ti ser despreciado y olvidado en este siglo. Dame, sobre todo lo que se puede desear, descansar en Ti y aquietar mi corazón en Ti. 

Tú eres la verdadera paz del corazón; Tú el único descanso: fuera de Ti todas las cosas son molestas e inquietas. En esta paz permanente, esto es, en Ti, 
Sumo y eterno Bien. Dormiré y descansaré. 
Amén
.

TODA NUESTRA ATENCIÓN SE HA DE PONER EN SÓLO DIOS.

Hijo, déjame hacer contigo lo que quiero; pues yo sé lo que te conviene. Tú piensas como hombre, y sientes en muchas cosas como te sugiere el afecto humano.

Señor, verdad es lo que dices: mayor es el cuidado que Tú tienes de mí, que todo el cuidado que yo puedo poner en mirar por mí. Muy a peligro de caer está el que no pone toda su atención en Ti.

Señor, esté mi voluntad firme y recta contigo, y haz de mi lo que te agradare. Que no puede ser sino  bueno todo lo que Tú hicieres de mí. Si quieres que esté en tinieblas, bendito seas; y si quieres que esté en luz, seas también bendito. Si te dignares de consolarme, bendito seas; y si me quieres atribular, también seas bendito para siempre.

Hijo, así debes hacer si deseas andar conmigo. Tan pronto debes estar para padecer como para gozar.

Tan de grado debes ser pobre y menesteroso, como abundante y rico.. Señor, de buena gana padeceré por Ti todo lo que quisieres que venga sobre mí. Indiferentemente quiero recibir de tu mano lo bueno y lo malo, lo dulce y lo amargo, lo alegre y lo triste; y te daré gracias por todo lo que me sucediere.

Guárdame de todo pecado, y no temeré la muerte ni el infierno. Con tal que no me apartes de Ti para siempre, ni me borres del libro de la vida, no me dañará cualquier tribulación que venga sobre mí.

SUFRIR CON SERENIDAD LAS MISERIAS TEMPORALES

Hijo, yo bajé del Cielo por tu salvación; abracé tus miserias, no por necesidad, sino por la caridad que me movía, para que aprendieses paciencia, y sufrieses sin enojo las miserias temporales.

Porque desde la hora en que nací, hasta la muerte en la cruz, no me faltaron dolores que sufrir. Tuve mucha falta de las cosas temporales; oí muchas veces grandes quejas de Mí, sufrí benignamente sinrazones y afrentas. Por beneficios recibí ingratitudes, por milagros, y por la doctrina reprensiones.

Señor, si Tú fuiste paciente en tu vida, principalmente cumpliendo en esto el mandato de tu padre, justo es que yo, miserable pecador, sufra con paciencia según tu voluntad, y mientras Tú quisieres, lleve por mi salvación la carga de una vida corruptible. Pues aunque la vida presente se siente ser pesada, ya ésta se ha hecho por tu gracia muy meritoria, y más tolerable y esclarecida para los flacos por tu ejemplo y el de tus Santos. 

Y aun de mucho más consuelo de lo que fue en tiempo pasado, bajo la ley antigua, cuando estaba cerrada la puerta del cielo, y el camino parecía tan obscuro, que eran raros los que tenían cuidado de buscar el reino de los cielos. Pero aun los que entonces eran justos y se habían de salvar, no podían entrar en el reino celestial hasta que llegase tu pasión, y la satisfacción de tu sagrada muerte.

¡Oh! ¡Cuántas gracias debo darte, porque te dignaste demostrarme a mí y a todos los fieles, el camino derecho y bueno de tu eterno reino! Porque tu vida es nuestro camino, y por la santa paciencia vamos a Ti, que eres nuestra corona. 
Si Tú no nos hubieras precedido y enseñado, ¿quién cuidaría de seguirte? ¡Ay! ¡Cuántos quedarían lejos y muy atrás, si no mirasen tus heroicos ejemplos!

Si con todo eso aún estamos tibios, después de haber oído tantas maravillas y lecciones tuyas, ¿qué haríamos si no tuviésemos tanta luz para seguirte?

TOLERANCIA DE LAS INJURIAS

Hijo, ¿qué es lo que dices? Cesa de quejarte considerando mi pasión y la de los Santos. Aún no has resistido hasta derramar sangre. Poco es lo que padeces, en comparación de lo que padecieron tantos, tan fuertemente tentados, tan gravemente atribulados, probados y ejercitados de tan diversos modos. 

Conviénete, pues, traer a la memoria las cosas muy graves de otros, para que fácilmente sufras tus pequeños trabajos. Y si no te parecen pequeños, mira no lo cause tu impaciencia. Pero sean grandes o pequeños, procura llevarlos todos con paciencia.

Cuánto más te dispones para padecer, tanto más cuerdamente obras, y más mereces, y lo llevarás también más ligeramente si preparas con diligencia tu ánimo, y lo acostumbras a esto. No digas: No puedo sufrir esto de aquel hombre, ni debo aguantar semejantes cosas; porque me injurió gravemente, y me levanta cosas que nunca pensé; mas de otro sufriré de grado, y según me pareciere se debe sufrir. Indiscreto es tal pensamiento, que no considera la virtud de la paciencia, ni mira quién la ha de galardonar; antes se ocupa en hacer caso de las personas, y de las injurias que le hacen.

No es verdadero paciente el que no quiere padecer sino lo que le acomoda, y de quien le parece.

El verdadero paciente no mira quién le ofende, si es superior, igual o inferior; si es hombre bueno y santo, o perverso e indigno. Sino que cualquier adversidad que le venga de cualquiera criatura indiferentemente, y en cualquier tiempo, la recibe de buena gana, como de la mano de Dios, y la estima por mucha ganancia. Porque nada de cuanto se padece por Dios, por poco que sea, puede pasar sin mérito ante su divino acatamiento.

Está, pues, preparado para la batalla, si quieres conseguir la victoria. Sin pelear no puedes alcanzar la corona de la paciencia. Sino quieres padecer, rehúsa ser coronado; pero si deseas ser coronado, pelea varonilmente, sufre con paciencia. Sin trabajo no se llega al descanso, ni sin pelear se consigue la victoria.

Hazme, Señor, posible por la gracia, lo que me parece imposible por mi naturaleza. Tú sabes cuán poco puedo yo padecer, y que presto desfallezco a la más leve adversidad. 

Séame por tu nombre amable y deseable cualquier ejercicio de paciencia; porque el padecer y ser atormentado por Ti, 
es de gran salud para mi alma.

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Fuente: 
www.iterindeo.blogspot.com

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