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martes, 18 de marzo de 2014

Mi alma, y los planes de Dios...

....el Espíritu de la  verdad, 

os guiará hacia la verdad completa. 
y os comunicará las cosas venideras." 
(Jn. 16, 12-13).

... "Muchas cosas tengo aún que decirles, 
pero no podéis llevarlas ahora; 
pero cuando venga Aquél,

el Espíritu de verdad, 

os guiará hacia la verdad completa. 
y os comunicará las cosas venideras." 
(Jn. 16, 12-13).

Ahora leamos este otro pasaje evangélico de S.Juan

 "Si os he hablado de cosas de la tierra y no creéis, 
¿cómo creeríais si os hablase de cosas del cielo?" 
(Jn. 3, 12)

Esto nos muestra cómo Jesús, quería hablarnos de cosas celestiales que en ese tiempo no íbamos a comprender ni creer, pues el hombre empezaba apenas a entender quién era Jesús.

Pero nos dijo que el Espíritu Santo nos iba a guiar hacia la verdad completa y nos iba a comunicar las cosas que han de venir:
 El Reino de Dios.

Este crecimiento gradual de la Iglesia en el conocimiento de Dios lo podemos notar en lo que nos dice el Catecismo de la Iglesia Católica:

"La economía cristiana, como alianza nueva y definitiva, nunca cesará y no hay que esperar ya ninguna revelación pública antes de la gloriosa manifestación de nuestro Señor Jesucristo, Sin embargo, aunque la Revelación esté acabada, no está completamente explicitada.

Corresponderá a la Fe cristiana comprender gradualmente todo su contenido en el transcurso de los siglos." 

Jesús, vino a darnos a conocer el Reino de Dios, el Reino de su Voluntad, donde Él reine completamente, donde se haga la Voluntad de Dios, "aquí en la tierra como en el cielo", es decir, de un modo perfecto, teniendo los mismos pensamientos de Cristo, la misma Voluntad de Dios operante en cada uno de nuestros actos.

Por eso nos mandó en el evangelio a ser perfectos. 

Si realmente queremos hacer la Voluntad de Dios aquí en la tierra como en el cielo, debemos conocerlo. 

Conocer todo lo que nos quiere dar para hacerlo sumamente feliz, conocer lo que nos ha dejado para llegar a vivir en el Reino de Dios, que bien se le podría llamar: 

el Reino de la Divina Voluntad. 

Debemos conocer cómo era la vida de Adán y Eva antes del pecado, pues a ese estado estamos llamados. 

Conocer cómo era la vida interior de María, la nueva Eva, que vivió perfectamente en la Voluntad de Dios, y es nuestra modelo; conocer lo que Jesús, nuevo Adán, hacía en su interior, para hacerlo también nosotros, unidos a Él. 

Dios tiene un inmenso deseo de que se viva en 
su Voluntad y si te la está dando a conocer es
 porque quiere que vivas en ella. 

Debemos corresponder a esa gracia que Él, 
nos está dando y pronunciemos nuestro 
"Fiat", 
"Hágase la Voluntad de Dios" 
Aquí en la tierra, como en el cielo, aquí en mi tierra, 
en mi Alma, 
como se hace en el cielo.

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viernes, 14 de marzo de 2014

Ante los obstáculos...

....las almas dóciles al Paráclito, 
producen el fruto de la paciencia, .
que es en muchas ocasiones el soporte del amor; 
no pierden la paz ante la enfermedad, 
la contradicción, 
los defectos ajenos, las calumnias,
 y ante los propios fracasos espirituales.

 ...Que permanece por arriba del dolor y del fracaso.

 El amor y la alegría dejan en el alma la paz de Dios;

Cuando el alma es dócil al Espíritu Santo, se convierte en árbol bueno que se da a conocer por sus frutos. 


Aunque estos frutos son incontables, San Pablo nos señala doce frutos resultado de sus dones: caridad, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, longanimidad, mansedumbre, fe, modestia, continencia y castidad (Gálatas 5, 22-23.) 

Tres de ellos son en especial, manifestación de la gloria de Dios: el amor, el gozo y la paz. 

La caridad es el más sabroso de los frutos porque es la primera manifestación de nuestra unión con Cristo, nos hace experimentar que Dios está cerca y tiene a aligerar la carga a los otros. 

Le sigue el gozo porque la alegría es consecuencia del amor; por eso el cristiano se distingue por su alegría, que permanece por arriba del dolor y del fracaso.

 El amor y la alegría dejan en el alma la paz de Dios; es ausencia de agitación y el descanso de la voluntad en la posesión estable del bien. 

Ante los obstáculos, las almas dóciles al Paráclito producen el fruto de la paciencia, que es en muchas ocasiones el soporte del amor; no pierden la paz ante la enfermedad, la contradicción, los defectos ajenos, las calumnias, y ante los propios fracasos espirituales. 

La paciencia, así como la longanimidad son muy importantes en el apostolado; ésta última es una disposición estable por la que esperamos todo el tiempo que Dios quiera las dilaciones queridas o permitidas por Él, antes de alcanzar las metas ascéticas o apostólicas que nos proponemos, y se propone metas altas, según el querer de Dios, aunque los resultados parezcan pequeños. Sabe que mis elegidos no trabajarán en vano (Isaías 45, 23.) 

Los demás frutos miran en primer lugar al prójimo, como San Pablo dice: revestíos de entrañas de misericordia, bondad, humildad, mansedumbre, soportándoos y perdonándoos mutuamente (Colosenses 3, 12-13.) 

La bondad nos inclina a querer toda clase de bienes para otros sin distinción alguna. La benignidad traduce la caridad en hechos, nos inclina a hacer el bien a los demás (1 Corintios 13, 4.) y se manifiesta en obras de misericordia, en indulgencia y afabilidad. 

La mansedumbre es un acabamiento de la bondad y benignidad, y se opone a las estériles manifestaciones de ira. 

Nada hay comparable a un amigo fiel; su precio es incalculable
 ( Eclo 6, 1.) La fidelidad es una forma de vivir la justicia y la caridad. Por la modestia el hombre a sabe que sus talentos son regalo de Dios y los pone al servicio de los demás, refleja sencillez y orden.

 Por la continencia y castidad el alma está vigilante,
 para evitar lo que pueda dañar la pureza interior y exterior. 

Terminamos nuestra oración acercándonos 



a la Virgen, Madre el amor hermoso.

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miércoles, 12 de marzo de 2014

¿qué quieres Señor de mí?

....¿Cómo quieres que haga este trabajo o que enfoque aquel problema?

La parábola del Buen Samaritano

Es uno de los relatos más bellos y entrañables de los Evangelios. En ella, el Señor nos enseña quién es nuestro prójimo y cómo se ha de vivir la caridad con todos. 

Muchos Padres de la Iglesia y escritores antiguos identifican a Cristo con el Buen Samaritano. 

 Jesús, movido por la compasión y la misericordia, se acercó al hombre, a cada hombre, para curar sus llagas, haciéndolas suyas (Isaías 53, 4; Mateo 8, 17; 1 Pedro 2, 24; 1 Juan 3, 5).

 Toda su vida en la tierra fue un continuo acercarse al hombre para remediar sus males materiales o espirituales.

Esta misma compasión hemos de tener nosotros de tal manera que nunca pasemos de largo ante el sufrimiento ajeno. 


Aprendamos de Jesús a pararnos, sin prisas, ante quien, con las señales de su mal estado, está pidiendo socorro físico o espiritual. En la caridad atenta, los demás verán a Cristo mismo que se hace presente en sus discípulos.
Jesús nos enseña en esta parábola que nuestro prójimo es todo aquel que está cerca de nosotros, ?sin distinción de raza, de afinidades políticas, de edad... ?


y necesite nuestro socorro. 
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«Entonces un doctor de la ley se levantó y dijo para tentarle: «Maestro, ¿qué debo hacer para conseguir la vida eterna?».
 Él le contestó: 
«¿Qué está escrito en la Ley? 
¿Cómo lees?». 
Y éste le respondió:
 «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con todas tus fuerzas y con toda tu mente, y a tu prójimo como a ti mismo». 
Y le dijo: «Has respondido bien: haz esto y vivirás».
 Pero él, queriendo justificarse, dijo a Jesús: 
«¿Y quién es mi prójimo?».


Entonces Jesús, tomando la palabra dijo: «Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó y cayó en manos de unos salteadores que, después de haberle despojado, le cubrieron de heridas y se marcharon, dejándole medio muerto.

Bajaba casualmente por el mismo camino un sacerdote;
y viéndole pasó de largo. Asimismo, un levita, llegando cerca de aquel lugar, lo vio y pasó de largo.

 Pero un samaritano que iba de camino llegó hasta él y al verlo se movió a compasión, y acercándose vendó sus heridas echando en ellas aceite y vino, lo hizo subir sobre su propia cabalgadura, lo condujo a la posada y él mismo lo cuidó.



Al día siguiente, sacando dos denarios, se los dio al posadero y le dijo: "Cuida de él, y lo que gastes de más te lo daré a mi vuelta". 


¿Cuál de estos tres te parece que fue el prójimo de aquel que cayó en manos de los salteadores?». 

Él le dijo: «El que tuvo misericordia con él». 
Díjole entonces Jesús: 
«Vete y haz tú lo mismo».
 (Lucas 10, 25-37)

Jesús, tu respuesta al doctor de la ley es clara: he de amar a Dios con toda mi alma con todas mis fuerzas y con toda mi mente, y al prójimo como a mí mismo. 
«Haz estoy vivirás», me repites ahora. 


Pero ¿cómo puedo amar a Dios sobre todas las cosas? 
Y «¿quién es mi prójimo?»

 Porque, a veces, me quedo en la teoría o en el sentimiento, 
y no me esfuerzo en cumplir estos dos mandamientos de los cuales, 
como dices en otra ocasión, 
«penden toda la ley y los profetas» (Mateo 22,40). 

«Si nosotros pues deseamos agradar enteramente al corazón de Dios, procuremos no solamente conformarnos en todo a su santa voluntad, sino aún más, uniformarnos a ella, si se me permite hablar así. 


La palabra «conformar» quiere decir que nosotros unimos nuestra voluntad a la de Dios, pero «uniformar» significa más, que de dos voluntades hacemos una, de tal manera que solamente queremos lo que Dios quiere, que solamente permanece la voluntad de Dios y que ella es la nuestra» .

Jesús, amarte con toda mi alma, con todas mis fuerzas y con toda mi mente, no significa sentir una atracción sensible -como la que puede darse entre dos novios-, sino identificarme con tu voluntad hasta en los detalles más pequeños: querer siempre lo que Tú quieras. 



Por eso, he de preguntarte muchas veces:
¿qué quieres Señor de mí?
 ¿Cómo quieres que haga este trabajo o que enfoque aquel problema? 

«Cumples un plan de vida exigente: madrugas, haces oración, frecuentas los Sacramentos, trabajas o estudias mucho, eres sobrio, te mortificas..., 


¡pero notas que te falta algo! Lleva tu diálogo con Dios esta consideración: como la santidad -la lucha para alcanzarla- es la plenitud de la caridad, has de revisar tu amor a Dios y, por Él, a los demás.

Quizás descubrirás entonces, escondidos en tu alma, grandes defectos, contra los que ni siquiera luchabas: no eres buen hijo, buen hermano, buen compañero, buen amigo, buen colega; y, como amas desordenadamente «tu santidad», eres envidioso. 

Te «sacrificas» en muchos detalles «personales»: por eso estás apegado a tu yo, a tu persona y, en el fondo, no vives para Dios ni para los demás: sólo para ti» .

Jesús, si mi amor a Ti no tiene consecuencias reales y concretas en el servicio a los que me rodean, aunque haga oración y frecuente los sacramentos, aún me falta algo. Por un lado, no muy lejos de mi camino -de mis circunstancias familiares, sociales y profesionales-, hay gente que está necesitada: marginados, enfermos, gente mayor o sin trabajo. 


Y sobre todo, Jesús, si realmente te quiero, sabré descubrir en mi propio camino -entre los que me rodean- gente que necesita de mi ayuda: un consejo, un rato de compañía, una sonrisa, etc. 
Ayúdame, Jesús, 

a descubrir oportunidades para servir a los demás. 
Sólo así estaré avanzando en mi camino de santidad, que es la plenitud de la caridad.

La parábola del Buen Samaritano

Es uno de los relatos más bellos y entrañables de los Evangelios. En ella, el Señor nos enseña quién es nuestro prójimo y cómo se ha de vivir la caridad con todos. 

Muchos Padres de la Iglesia y escritores antiguos identifican a Cristo con el Buen Samaritano. 

 Jesús, movido por la compasión y la misericordia, se acercó al hombre, a cada hombre, para curar sus llagas, haciéndolas suyas (Isaías 53, 4; Mateo 8, 17; 1 Pedro 2, 24; 1 Juan 3, 5).

 Toda su vida en la tierra fue un continuo acercarse al hombre para remediar sus males materiales o espirituales.

Esta misma compasión hemos de tener nosotros de tal manera que nunca pasemos de largo ante el sufrimiento ajeno. 


Aprendamos de Jesús a pararnos, sin prisas, ante quien, con las señales de su mal estado, está pidiendo socorro físico o espiritual. En la caridad atenta, los demás verán a Cristo mismo que se hace presente en sus discípulos.
Jesús nos enseña en esta parábola que nuestro prójimo es todo aquel que está cerca de nosotros, ?sin distinción de raza, de afinidades políticas, de edad... ?


y necesite nuestro socorro. 

El Maestro nos ha dado ejemplo de lo que debemos hacer nosotros: una compasión efectiva y práctica, que pone el remedio oportuno, ante cualquier persona que encontremos lastimada por el camino de la vida.


 Estas heridas pueden ser muy diversas: lesiones producidas por la soledad, por la falta de cariño, por el abandono; necesidades del cuerpo: hambre, vestido, casa, trabajo... ; la herida profunda de la ignorancia; llagas producidas en el alma por el pecado, que la Iglesia cura con la Confesión. Debemos poner todos los medios para remediar esas situaciones como Cristo lo haría, con verdadero amor, poniendo en ello el corazón.

Buen samaritano es todo hombre que se para junto al sufrimiento de otro hombre. Dios nos pone al prójimo con sus necesidades y carencias en el camino de la vida, y el amor hace lo que la hora y el momento exigen.


 A todos hemos de acercarnos en sus necesidades, pero, porque la caridad es ordenada, debemos dirigirnos de modo muy particular a quienes están más próximos porque Dios los ha puesto ?
familia, amigos, compañeros...- o porque ha querido a través de las circunstancias de la vida que pasemos a su lado para cuidarles. 
Después de aconsejar que no indaguemos porqué otros no lo han hecho, especialmente si son heridas del alma, 
San Juan Crisóstomo dice: 
"Has de saber que cuando encuentras a tu hermano herido, has encontrado algo más que un tesoro: 
el poder cuidarle" 

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lunes, 10 de marzo de 2014

“Señor, enséñanos a Orar“...

...Siempre me pareció que a los apóstoles les daba un poco de envidia buena ver rezar al Señor.

   Un sacerdote amigo me contaba que estando un día rezando en la iglesia frente al Santísimo, una mujer se le acercó y le dijo: “oiga, ver rezar a un cura debería ser un sacramental; le entran a uno ganas de imitarle”.

 Sí, ver rezar lleva a otros a la oración, lo mismo que el pecado mueve a otros a pecar. Por eso, me gusta esta santa envidia de los apóstoles y les pido que me enseñen a mirar al Señor en oración. 


La primera palabra que pronunció el Señor en arameo fue: Abba, Papá, Padre Nuestro. Jesús nos sitúa así en el clima de confianza y de filiación en el que nos debemos dirigir siempre a Dios.

 ¿Qué cosa hay más agradable que el nombre de padre, que indica ternura y amor? Cuando rezamos el Padrenuestro, y muchas veces a lo largo del día, hemos de saborear esta palabra llena de misterio y de dulzura,


 Abba, Padre, Padre mío…

Mientras muchos buscan a Dios como en medio de la niebla, a tientas, los cristianos sabemos, de modo muy particular, que Él es nuestro Padre y que vela por nosotros. Cada vez que acudimos a Él, nos dice: Hijo mío, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo .

 «Todo cuanto nos viene de parte de Dios y que al pronto nos parece próspero o adverso, nos es enviado por un Padre lleno de ternura y por el más sabio de los médicos, con miras a nuestro propio bien» (Casiano).

 La vida, bajo el influjo de la filiación divina, adquiere un sentido nuevo; no es ya un enigma oscuro que descifrar, sino una tarea que llevar a cabo en la casa del Padre, que es la Creación entera: Hijo mío, nos dice a cada uno, ve a trabajar a mi viña. Entonces la vida no produce temores, y la muerte se ve con paz, como el encuentro definitivo con Él.

La oración es personal, pero de ella participan nuestros hermanos. La oración del cristiano, aunque es personal, nunca es aislada. Decimos Padre nuestro, e inmediatamente esta invocación crece y se amplifica en la Comunión de los Santos.

 Nuestra oración se funde con la de todos los justos: con la de aquella madre de familia que pide por su hijito enfermo, con la de aquel estudiante que reclama un poco de ayuda para su examen, con la de aquella chica que desea ayudar a su amiga para que haga una buena Confesión, con la de aquel que ofrece su trabajo, con la del que ofrece precisamente su falta de trabajo.

 En la Santa Misa, el sacerdote reza con los fieles las palabras del Padrenuestro. Y consideramos que, con las diferencias horarias de los distintos países, se está celebrando continuamente la Santa Misa y la Iglesia recita sin cesar esta oración por sus hijos y por todos los hombres.

 La tierra se presenta así como un gran altar de alabanza continua a nuestro Padre Dios por su Hijo Jesucristo, en el Espíritu Santo.

“¿Qué padre entre vosotros, cuando el hijo le pide pan,
 le dará una piedra? (…) 
¿O si le pide un huevo, le dará un escorpión?”… 


Ahora me pregunto...
¿y si pido algo a Dios y no lo obtengo?
 ¿Y si Dios no me concede lo que pido… no disminuirá mi fe?”.
 ¡Vaya! Me he vuelto a equivocar.

 He formulado la pregunta como un adulto y en la parábola evangélica tan sólo se habla de niños, de hijos tan pequeños que no saben distinguir entre un huevo o un escorpión.

 ¡Ah! Ya entiendo: “si soy un niño tan pequeño ¿cómo estaré seguro de que lo que estoy pidiendo es un huevo y no un escorpión?”. La respuesta, es clara: pedimos porque creemos que es bueno lo que pedimos, pero sobre todo: 

nos fiamos del Amor de un Dios que es nuestro Padre
 y que sabe más.

Te suplico, Señor, que me concedas, 
por intercesión de tu Madre la Virgen, 
que cada vez que medite tu Pasión, 
quede grabado en mí con marca de actualidad constante, lo que Tú has hecho por mí 
y tus constantes beneficios. 
Haz, Señor, que me acompañe, 
durante toda mi vida, 
un agradecimiento inmenso a tu Bondad. 
Amén.

Virgen Santísima de los Dolores, 
mírame cargando la cruz de mi sufrimiento; 
acompáñame como acompañaste a tu Hijo Jesús en el camino del Calvario; 
eres mi Madre y te necesito. 
Ayúdame a sufrir con amor y esperanza para que mi dolor sea dolor redentor que en las manos de Dios se convierta en un gran bien para la salvación de las almas. 
Amén.

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viernes, 7 de marzo de 2014

¿Origen y promesas de Jesús,?

a los devotos del vía crucis?
via crucis



Es la meditación de los momentos y sufrimientos vividos por Jesús desde que fue hecho prisionero hasta su muerte en la cruz y posterior resurrección.

Literalmente, via crucis significa "camino de la cruz". Al rezarlo, recordamos con amor y agradecimiento lo mucho que Jesús sufrió por salvarnos del pecado durante su pasión y muerte. 

Dicho camino se representa mediante 15 imágenes de la Pasión que se llaman "estaciones". 

Te animarás a cargar con las cruces de cada día, si recuerdas con frecuencia las estaciones o pasos de Jesús hasta el Calvario.


¿Cuáles son las promesas de Jesucristo a los devotos del via crucis?

A la edad de 18 años, Estanislao, joven español, ingresó al noviciado de los “Hermanos de las escuelas cristianas" , en Bugedo (Burgos, España). En la vida religiosa, este joven tomó los votos de religión que son: el cumplimiento de los reglamentos, avanzar en la perfección cristiana; y alcanzar el amor puro. 

En el mes de octubre de 1926, este hermano se ofreció a Jesús por medio de María Santísima. Poco después de haber hecho esta donación heroica de sí mismo, el joven religioso enfermó y meses después, murió. Fue en marzo de 1927.

Según el maestro de novicios, Estanislao era un alma escogida de Dios que recibía mensajes del cielo. Sus confesores y teólogos reconocieron estos hechos sobrenaturales como actos insignes.


 Su director espiritual le había ordenado escribir todas las promesas transmitidas por Nuestro Señor, entre otras las relacionadas con los devotos del via crucis.

Promesas para los devotos del Via Crucis

1.- Yo concederé todo cuanto se me pidiere con fe, durante el rezo del Via Crucis.


2.- Yo prometo la vida eterna a los que, de vez en cuando, se aplican a rezar el Via Crucis.


3.- Durante la vida, yo les acompañaré en todo lugar y tendrán Mi ayuda especial en la hora de la muerte.


4.- Aunque tengan más pecados que las hojas de las hierbas que crece en los campos, y más que los granos de arena en el mar, todos serán borrados por medio de esta devoción al Via Crucis. (Nota: Esta devoción no elimina la obligación de confesar los pecados mortales. Se debe confesar antes de recibir la Santa Comunión.)


5.- Los que acostumbran rezar el via crucis frecuentemente, gozarán de una gloria extraordinaria en el cielo.


6.- Después de la muerte, si estos devotos llegasen al purgatorio, Yo los libraré de ese lugar de expiación, el primer martes o viernes después de morir.


7.- Yo bendeciré a estas almas cada vez que rezan el Via Crucis; y mi bendición les acompañará en todas partes de la tierra. Después de la muerte, gozarán de esta bendición en el Cielo, por toda la eternidad.


8.- A la hora de la muerte, no permitiré que sean sujetos a la tentación del demonio. Al espíritu maligno le despojaré de todo poder sobre estas almas. Así podrán reposar tranquilamente en mis brazos.


9.- Si rezan con verdadero amor, serán altamente premiados. Es decir, convertiré a cada una de estas almas en Copón viviente, donde me complaceré en derramar mi gracia.


10.- Fijaré la mirada de mis ojos sobre aquellas almas que rezan el via crucis con frecuencia
y Mis Manos estarán siempre abiertas para protegerlas.


11.- Así como yo fui clavado en la cruz, igualmente estaré siempre muy unido a los que me honran, con el rezo frecuente del via crucis.


12.- Los devotos del via Crucis nunca se separarán de mí porque Yo les daré la gracia de jamás cometer un pecado mortal.
13.- En la hora de la muerte, Yo les consolaré con mi presencia, e iremos juntos al cielo. La muerte será dulce para todos los que Me han honrado durante la vida con el rezo del via Crucis


14.- Para estos devotos del viacrucis, Mi alma será un escudo de protección que siempre les prestará auxilio cuando recurran a Mí..

¿Cómo se reza el Via Crucis?

ORACIONES INICIALES


Alma de Cristo, santifícame. 
Cuerpo de Cristo, sálvame. 
Sangre de Cristo, embriágame. 
Agua del costado de Cristo, lávame. 
Pasión de Cristo, confórtame. 
Oh buen Jesús, óyeme. 
Dentro de tus llagas, escóndeme. 
No permitas que me aparte de Ti. 
Del maligno enemigo, defiéndeme. 
En la hora de mi muerte, llámame y mándame ir a Ti, 
para que con tus santos te alabe, 
por los siglos de los siglos.
 Amén.

Por la señal, de la Santa Cruz de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

ACTO DE CONTRICCIÓN
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y redentor mío; por ser Vos quien sois, Bondad infinita, y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón de haberos ofendido; también me pesa porque podéis castigarme con las penas del infierno. Ayudado de vuestra divina gracia, propongo firmemente nunca más pecar, confesarme, y cumplir la penitencia que me fuere impuesta. 
Amén.

1ª ESTACIÓN: JESÚS SENTENCIADO A MUERTE1ª ESTACIÓN: JESÚS SENTENCIADO A MUERTE
Te adoramos, Señor, y te bendecimos, porque por tu santa cruz redimiste al mundo.

Sentenciado y no por un tribunal, sino por todos. Condenado por los mismos que le habían aclamado poco antes. Y El calla...
Nosotros huimos de ser reprochados. Y saltamos inmediatamente...
Dame, Señor, imitarte, uniéndome a Ti por el Silencio cuando alguien me haga sufrir. Yo lo merezco. ¡Ayúdame!

Señor, pequé, ten piedad y misericordia de mí.
Se reza a continuación un Padrenuestro

2ª ESTACIÓN: JESÚS CARGADO CON LA CRUZ2ª ESTACIÓN: JESÚS CARGADO CON LA CRUZ
Te adoramos, Señor, y te bendecimos, porque por tu santa cruz redimiste al mundo.

Que yo comprenda, Señor, el valor de la cruz, de mis pequeñas cruces de cada día, de mis achaques, de mis dolencias, de mi soledad.
Dame convertir en ofrenda amorosa, en reparación por mi vida y en apostolado por mis hermanos, mi cruz de cada día.

Señor, pequé, ten piedad y misericordia de mí.
Se reza a continuación un Padrenuestro

3ª ESTACIÓN: JESÚS CAE, POR PRIMERA VEZ, BAJO EL PESO DE LA CRUZ3ª ESTACIÓN: JESÚS CAE, POR PRIMERA VEZ, BAJO EL PESO DE LA CRUZ
Te adoramos, Señor, y te bendecimos, porque por tu santa cruz redimiste al mundo.

Tú caes, Señor, para redimirme. Para ayudarme a levantarme en mis caídas diarias, cuando después de haberme propuesto ser fiel, vuelvo a reincidir en mis defectos cotidianos.
¡Ayúdame a levantarme siempre y a seguir mi camino hacia Ti!

Señor, pequé, ten piedad y misericordia de mí.
Se reza a continuación un Padrenuestro

4ª ESTACIÓN: ENCUENTRO CON LA VIRGEN4ª ESTACIÓN: ENCUENTRO CON LA VIRGEN
Te adoramos, Señor, y te bendecimos, porque por tu santa cruz redimiste al mundo.

Haz Señor, que me encuentre al lado de tu Madre en todos los momentos de mi vida. Con ella, apoyándome en su cariño maternal, tengo la seguridad de llegar a Ti en el último día de mi existencia.
¡Ayúdame Madre!

Señor, pequé, ten piedad y misericordia de mí.

Se reza a continuación un Padrenuestro

5ª ESTACIÓN: EL CIRINEO AYUDA AL SEÑOR A LLEVAR LA CRUZ5ª ESTACIÓN: EL CIRINEO AYUDA AL SEÑOR A LLEVAR LA CRUZ
Te adoramos, Señor, y te bendecimos, porque por tu santa cruz redimiste al mundo.

Cada uno de nosotros tenemos nuestra vocación, hemos venido al mundo para algo concreto, para realizarnos de una manera particular. ¿Cuál es la mía y cómo la llevo a cabo?
Pero hay algo, Señor, que es misión mía y de todos: la de ser Cirineo de los demás, la de ayudar a todos.
¿Cómo llevo adelante la realización de mi misión de Cirineo?

Señor, pequé, ten piedad y misericordia de mí.

Se reza a continuación un Padrenuestro

6ª ESTACIÓN: LA VERÓNICA ENJUGA EL ROSTRO DE JESÚS6ª ESTACIÓN: LA VERÓNICA ENJUGA EL ROSTRO DE JESÚS
Te adoramos, Señor, y te bendecimos, porque por tu santa cruz redimiste al mundo.
Es la mujer valiente, decidida, que se acerca a Ti cuando todos te abandonan. Yo, Señor, te abandono cuando me dejo llevar por el "qué dirán", del respeto humano, cuando no me atrevo a defender al prójimo ausente, cuando no me atrevo a replicar una broma que ridiculiza a los que tratan de acercarse a Ti. Y en tantas otras ocasiones.

Ayúdame a no dejarme llevar por el respeto humano, por el "qué dirán".
Señor, pequé, ten piedad y misericordia de mí.
Se reza a continuación un Padrenuestro

7ª ESTACIÓN: SEGUNDA CAÍDA EN EL CAMINO DE LA CRUZ7ª ESTACIÓN: SEGUNDA CAÍDA EN EL CAMINO DE LA CRUZ
Te adoramos, Señor, y te bendecimos, porque por tu santa cruz redimiste al mundo.

Caes, Señor, por segunda vez. El Via Crucis nos señala tres caídas en tu caminar hacia el Calvario. Tal vez fueran más.
Caes delante de todos... ¿Cuándo aprenderé yo a no temer el quedar mal ante los demás, por un error, por una equivocación?. ¿Cuándo aprenderé que también eso se puede convertir en ofrenda?

Señor, pequé, ten piedad y misericordia de mí.
Se reza a continuación un Padrenuestro

8ª ESTACIÓN: JESÚS CONSUELA A LAS HIJAS DE JERUSALÉN8ª ESTACIÓN: JESÚS CONSUELA A LAS HIJAS DE JERUSALÉN
Te adoramos, Señor, y te bendecimos, porque por tu santa cruz redimiste al mundo.

Muchas veces, tendría yo que analizar la causa de mis lágrimas. Al menos, de mis pesares, de mis preocupaciones. Tal vez hay en ellos un fondo de orgullo, de amor propio mal entendido, de egoísmo, de envidia.
Debería llorar por mi falta de correspondencia a tus innumerables beneficios de cada día, que me manifiestan, Señor, cuánto me quieres.
Dame profunda gratitud y correspondencia a tu misericordia.

Señor, pequé, ten piedad y misericordia de mí.
Se reza a continuación un Padrenuestro

9ª ESTACIÓN: JESÚS CAE POR TERCERA VEZ9ª ESTACIÓN: JESÚS CAE POR TERCERA VEZ
Te adoramos, Señor, y te bendecimos, porque por tu santa cruz redimiste al mundo.

Tercera caída. Más cerca de la Cruz. Más agotado, más falto de fuerzas. Caes desfallecido, Señor.
Yo digo que me pesan los años, que no soy el de antes, que me siento incapaz.
Dame, Señor, imitarte en esta tercera caída y haz que mi desfallecimiento sea beneficioso para otros, porque te lo doy a Ti para ellos.

Señor, pequé, ten piedad y misericordia de mí.
Se reza a continuación un Padrenuestro

10ª ESTACIÓN: JESÚS DESPOJADO DE SUS VESTIDURAS10ª ESTACIÓN: JESÚS DESPOJADO DE SUS VESTIDURAS
Te adoramos, Señor, y te bendecimos, porque por tu santa cruz redimiste al mundo.

Arrancan tus vestiduras, adheridas a Ti por la sangre de tus heridas.
A infinita distancia de tu dolor, yo he sentido, a veces, cómo algo se arrancaba dolorosamente de mí por la pérdida de mis seres queridos. Que yo sepa ofrecerte el recuerdo de las separaciones que me desgarraron, uniéndome a tu pasión y esforzándome en consolar a los que sufren, huyendo de mi propio egoísmo.

Señor, pequé, ten piedad y misericordia de mí.
Se reza a continuación un Padrenuestro

11ª ESTACIÓN: JESÚS CLAVADO EN LA CRUZ11ª ESTACIÓN: JESÚS CLAVADO EN LA CRUZ
Te adoramos, Señor, y te bendecimos, porque por tu santa cruz redimiste al mundo.

Señor, que yo disminuya mis limitaciones con mi esfuerzo y así pueda ayudar a mis hermanos. Y que cuando mi esfuerzo no consiga disminuirlas, me esfuerce en ofrecértelas también por ellos.

Señor, pequé, ten piedad y misericordia de mí.
Se reza a continuación un Padrenuestro.


12ª ESTACIÓN: JESÚS MUERE EN LA CRUZ12ª ESTACIÓN: JESÚS MUERE EN LA CRUZ
Te adoramos, Señor, y te bendecimos, porque por tu santa cruz redimiste al mundo.

Te adoro, mi Señor, muerto en la Cruz por Salvarme. Te adoro y beso tus llagas, las heridas de los clavos, la lanzada del costado... ¡Gracias, Señor, gracias!
Has muerto por salvarme, por salvarnos. Dame responder a tu amor con amor, cumplir tu Voluntad, trabajar por mi salvación, ayudado de tu gracia. Y dame trabajar con ahínco por la salvación de mis hermanos.

Señor, pequé, ten piedad y misericordia de mí.
Se reza a continuación un Padrenuestro

13ª ESTACIÓN: JESÚS EN BRAZOS DE SU MADRE13ª ESTACIÓN: JESÚS EN BRAZOS DE SU MADRE
Te adoramos, Señor, y te bendecimos, porque por tu santa cruz redimiste al mundo.

Déjame estar a tu lado, Madre, especialmente en estos momentos de tu dolor incomparable. Déjame estar a tu lado. Más te pido: que hoy y siempre me tengas cerca de Ti y te compadezcas de mí.
¡Mírame con compasión, no me dejes, Madre mía!

Señor, pequé, ten piedad y misericordia de mí.
Se reza a continuación un Padrenuestro

14ª ESTACIÓN: EL CADÁVER DE JESÚS PUESTO EN EL SEPULCRO14ª ESTACIÓN: EL CADÁVER DE JESÚS PUESTO EN EL SEPULCRO
Te adoramos, Señor, y te bendecimos, porque por tu santa cruz redimiste al mundo.

Todo ha terminado. Pero no: después de la muerte, la Resurrección. Enséñame a ver lo transitorio y pasajero, a la luz de lo que perdura. Y que esa luz ilumine todos mis actos. Así sea.

Señor, pequé, ten piedad y misericordia de mí.
Se reza a continuación un Padrenuestro


15ª ESTACIÓN: JESÚS RESUCITA15ª ESTACIÓN: JESÚS RESUCITA
Te adoramos, Señor, y te bendecimos, porque por tu santa cruz redimiste al mundo.
«¿Por qué buscáis entre los muertos al que está vivo? No está aquí, ha resucitado» (Lc 24,5-6).
Unas piadosas mujeres fueron al sepulcro de Jesús muy temprano.  El anuncio de la resurrección convierte su tristeza en alegría. Jesús está vivo y nosotros vivimos en Él para siempre. La resurrección de Cristo inaugura para la humanidad una renovada primavera de esperanza.
Jesús, enséñame a mantener siempre la esperanza.
Señor, pequé, ten piedad y misericordia de mí.
Se reza a continuación un Padrenuestro


ORACIÓN FINAL


Te suplico, Señor, que me concedas, 
por intercesión de tu Madre la Virgen, 
que cada vez que medite tu Pasión, 
quede grabado en mí con marca de actualidad constante, lo que Tú has hecho por mí 
y tus constantes beneficios. 
Haz, Señor, que me acompañe, 
durante toda mi vida, 
un agradecimiento inmenso a tu Bondad. 
Amén.


Virgen Santísima de los Dolores, 
mírame cargando la cruz de mi sufrimiento; 
acompáñame como acompañaste a tu Hijo Jesús en el camino del Calvario; 
eres mi Madre y te necesito. 
Ayúdame a sufrir con amor y esperanza para que mi dolor sea dolor redentor que en las manos de Dios se convierta en un gran bien para la salvación de las almas. 
Amén.


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miércoles, 5 de marzo de 2014

"Convertíos". "Acuérdate que eres Polvo...

...y al polvo volverás", 

“Convertíos a mí de todo corazón: 
con ayuno, con llanto, con luto.
 Rasgad los corazones, no las vestiduras, 
convertíos al Señor Dios nuestro, 
porque es compasivo y misericordioso”

Con la imposición de las cenizas, se inicia una estación espiritual particularmente relevante para todo cristiano que quiera prepararse dignamente para la vivir el Misterio Pascual, es decir, la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor Jesús. 

Este tiempo vigoroso del Año Litúrgico se caracteriza por el mensaje bíblico que puede ser resumido en una sola palabra: "metanoeiete", es decir "Convertíos". 

Imperativo es propuesto a la mente de los fieles mediante el rito austero de la imposición de ceniza, el cual, con las palabras "Convertíos y creed en el Evangelio" y con la expresión :

 "Acuérdate que eres polvo y al polvo volverás", 
invita a todos a reflexionar acerca del deber de la conversión, Recordando la inexorable caducidad y efímera fragilidad de la vida humana, sujeta a la muerte.

La sugestiva ceremonia de la ceniza eleva nuestras mentes a la realidad eterna que no pasa jamás, a Dios; principio y fin, alfa y omega de nuestra existencia.

 La conversión no es, en efecto, sino un volver a Dios,

Valorando las realidades terrenales bajo la luz indefectible de su verdad. Una valoración que implica una conciencia cada vez más diáfana del hecho de que estamos de paso en este fatigoso itinerario sobre la tierra, y que nos impulsa y estimula a trabajar hasta el final, a fin de que el Reino de Dios se instaure dentro de nosotros y triunfe su justicia.

Sinónimo de "conversión" es así mismo la palabra "penitencia"... Penitencia como cambio de mentalidad. Penitencia como expresión de libre y positivo esfuerzo en el seguimiento de Cristo.

Tradición


En la Iglesia primitiva, variaba la duración de la Cuaresma, pero eventualmente comenzaba seis semanas (42 días) antes de la Pascua. 

Esto sólo daba por resultado 36 días de ayuno (ya que se excluyen los domingos). En el siglo VII se agregaron cuatro días antes del primer domingo de Cuaresma estableciendo los cuarenta días de ayuno, para imitar el ayuno de Cristo en el desierto.

Era práctica común en Roma que los penitentes comenzaran su penitencia pública el primer día de Cuaresma. Ellos eran salpicados de cenizas, vestidos en sayal y obligados a mantenerse lejos hasta que se reconciliaran con la Iglesia el Jueves Santo o el Jueves antes de la Pascua. Cuando estas prácticas cayeron en desuso (del siglo VIII al X), el inicio de la temporada penitencial de la Cuaresma fué simbolizada colocando ceniza en las cabezas de toda la congregación.

Hoy en día en la Iglesia, el Miércoles de Ceniza, el cristiano recibe una cruz en la frente con las cenizas obtenidas al quemar las palmas usadas en el Domingo de Ramos previo.

 Esta tradición de la Iglesia ha quedado como un simple servicio en algunas Iglesias protestantes como la anglicana y la luterana. 

La Iglesia Ortodoxa comienza la cuaresma desde el lunes anterior y no celebra el Miércoles de Ceniza.


Significado simbólico de la Ceniza

La ceniza, del latín "cinis", 
Es producto de la combustión de algo por el fuego. Muy fácilmente adquirió un sentido simbólico de muerte, caducidad, y en sentido trasladado, de humildad y penitencia. En Jonás 3,6 sirve, por ejemplo, para describir la conversión de los habitantes de Nínive. Muchas veces se une al "polvo" de la tierra: "en verdad soy polvo y ceniza", dice Abraham en Gén. 18,27. 

El Miércoles de Ceniza, el anterior al primer domingo de Cuaresma (muchos lo entenderán mejor diciendo que es le que sigue al carnaval), realizamos el gesto simbólico de la imposición de ceniza en la frente (fruto de la cremación de las palmas del año pasado). 

Se hace como respuesta a la Palabra de Dios que nos invita a la conversión, como inicio y puerta del ayuno cuaresmal y de la marcha de preparación a la Pascua.

 La Cuaresma empieza con ceniza y termina con el fuego, el agua y la luz de la Vigilia Pascual. Algo debe quemarse y destruirse en nosotros -el hombre viejo- para dar lugar a la novedad de la vida pascual de Cristo.

Mientras el ministro impone la ceniza dice estas dos expresiones, alternativamente: "Arrepiéntete y cree en el Evangelio" (Cf Mc1,15) y "Acuérdate de que eres polvo y al polvo has de volver" (Cf Gén 3,19): 

Un signo y unas palabras que expresan muy bien nuestra caducidad, nuestra conversión y aceptación del Evangelio, o sea, la novedad de vida que Cristo cada año quiere comunicarnos en la Pascua. 

“Convertíos a mí de todo corazón: con ayuno, con llanto, con luto. Rasgad los corazones, no las vestiduras, convertíos al Señor Dios nuestro, porque es compasivo y misericordioso”, 

leemos en la Primera lectura de la Misa de hoy. Y cuando nos imponen la ceniza se nos recuerda: “Acuérdate, hombre, de que eres polvo y en polvo te has de convertir”. Acuérdate… 

Cuantas veces olvidamos que “de la grandeza del hombre no queda, sin Dios, más que este montoncito de polvo, en un plato, a un extremo del altar, en este Miércoles de Ceniza, con el que la Iglesia nos marca en la frente como con nuestra propia substancia (Leclerq, Siguiendo el año litúrgico).

Comienza la Cuaresma, tiempo de conversión interior y de penitencia para preparar la Pascua del Señor. 


Pero la verdadera conversión ha de notarse en la conducta, en nuestro trabajo o estudio, en el comportamiento con la familia, en las pequeñas mortificaciones al Señor, que hacen más llevadores los roces de la convivencia diaria.

 Hoy además, por ser miércoles de ceniza, ofreceremos al Señor una mortificación un poco más especial: el ayuno y la abstinencia.


En la Misa leemos “Os exhortamos, dice, a no echar en saco roto la gracia de Dios (…). Mirad: ahora es el tiempo de la gracia; ahora es el día de la salvación”.

 Podemos escuchar como el Señor nos dice en la intimidad del corazón: Convierte. Vuélvete a Mí de todo corazón. 

“Cuando uno de nosotros reconoce que está triste, debe pensar: es que no estoy suficientemente cerca de Cristo. Cuando uno de nosotros reconoce en su vida, por ejemplo, la inclinación al mal humor, al mal genio, tiene que pensar eso; no echar la culpa a las cosas de alrededor, que es una manera de equivocarnos, es una manera de desorientar la búsqueda” … 

“Cuando alguien diga: “Yo tengo una pereza irremediable, yo no soy tenaz, yo no puedo terminar las cosas que emprendo”, debería pensar (hoy): “Yo no estoy lo suficientemente cerca de Cristo”. Por eso, aquello que cada uno de nosotros reconozca en su vida como defecto, como dolencia, debería ser inmediatamente referido a este examen íntimo y directo: 

“No tengo yo perseverancia, no estoy cerca de Cristo; no tengo alegría, no estoy cerca de Cristo”. 

Voy a dejar ya de pensar que la culpa es del trabajo, 
que la culpa es de la familia, de los padres o de los hijos… 
No. La culpa íntima es de que yo no estoy cerca de Cristo. 
Y Cristo me está diciendo: 

¡Vuélvete! 
“Volveos a Mí de todo corazón!”. 

Así sea.

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