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lunes, 17 de febrero de 2014

Conocimiento Revelado....

"La Fuerza y el   Poder  y la obra de la Palabra revelada de forma verbal o  escrita, debe tener valor solo por  la Luz y el Amor del que la inspiro "Dios" 
y no por el autor que la escribe o pronuncia."
"Por ello toda palabra obra o acción buena de toda persona es inspirada solamente desde nuestro interior y revelada por Dios, 
esto solo obedece a las mociones del espíritu bueno que habita en nosotros"
Recordar siempre: El que hace la obra buena, el que dice la palabra y el que alaba al padre en la humanidad del prójimo a travez de las obras buenas es y solo sera
 "Dios" 
nosotros somos solo el instrumento o el canal por el cual Nuestro padre se sirve para continuar su obra 
"principio"
 y terminar su creación 
"Finalidad de la creación"
"Somos barro en la manos del mejor alfarero."

Después de la soberbia  y el error de los ángeles caídos, se estableció otra fuerza segunda en el universo la del mal contraria a la del Bien Absoluto que es la Fuerza primera, las fuerzas del mal  se  manifiestan en todo el plano material incluyendo al hombre, y  consisten en tentaciones, permanentes que invitan  al ser humano  a desobedecer las leyes de la creación.

Esa insinuación permanente se le denomina Tentación, el hombre fue creado a imagen y semejanza de Dios, por consiguiente goza  de su gracia el Bien absoluto en su interior  por eso Dios lo Amo primero lo doto con los medios necesarios para resistir con su ayuda a las insinuaciones o tentaciones de las fuerzas del mal  o ángeles  caídos.

Uno de los grandes tesoros que Dios otorgo al hombre es su libre albedrio, es que pueda elegir claramente entre seguir una insinuación o tentación o elegir aceptar el Camino  de cumplir las las leyes de la creación desde su inicio el Bien absoluto, el Amor a Dios, al Prójimo y la Creación.

 El tiempo juega un papel importante en la vida del hombre por que con el, al transcurrir el día a día el hombre perfecciona su pensamiento su racionalidad, y con la ayuda de la gracia va despertando y entendiendo cada vez mas en su interior cual es el verdadero sentido de la Vida, de Dios, de sus Leyes.

Además que el Identificar cual es  el Camino correcto que debemos elegir a diario para ser feliz en este mundo material y poder alcanzar nuestro nacimiento a la vida eterna.

Cuando el hombre de hoy hace a un lado el Camino del Bien en todo su sentido, a través  de sus malas decisiones, actos, pensamientos etc., en parte  y gran medida es por que experimenta una tentación sugerida por la fuerza del mal que lo vence.

El Amor es La semilla del Bien absoluto, que todos llevamos dentro y esa  gracia que es superior  a la Fuerza del mal,  esa semilla del bien perdurara y triunfara hasta el final de los tiempos por que así se decreto desde antes del inicio de la creación y de la existencia del mal.

Antes de la existencia del mal todo era bien absoluto, por ello el creador de todo lo espiritual y material, al tener una inteligencia infinitamente ilimitada en sobreabundancia de Amor pudo precaver cual seria la forma de combatir  contra cualquier fuerza que se creara después de realizar la obra creadora.

Dios al tener el conocimiento infinito y conocer la profundidad de lo antes mencionado puedo claramente decretar que  toda fuerza creadora de Bien Absoluto primera estará siempre hasta el final de los tiempos por enzima de una fuerza del mal segunda resultante de una primera creación absoluta.

El anterior principio se puede esclarecer y dar forma retornando al pensamiento de la existencia de creación primera y todo lo que este después de esa creación primera será inferior en conocimiento y fuerza y deberá depender exclusivamente del creador, recordando palabras como

Te basta mi gracia… (2 Cor.12,9)
"Todo lo puedo en Aquél que me conforta". Con El no hay posibilidad de fracaso, y de esta persuasión nace el santo "complejo de superioridad" para afrontar las tareas con espíritu de vencedores, porque nos concede Dios su fortaleza.

Buscad primero el reino de dios y su justicia (Mateo 6:33).

Nadie será tentado por encima de sus propias fuerzas..


Jesús dice: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida: nadie viene al Padre, sino por mí. (Juan 14:6)

.Jesús exclamó: venid a mí los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. (Mateo 11,28-30)
Todo el que pide recibe… (MATEO 7:7-11).

Con todo lo anterior se puede concluir que Dios protege su creación, sabe cual es su destino, a cada persona le dará siempre los medios necesarios para lograr las metas propuestas antes de la creación además esta atento a retribuir y recompensar de manera clara y precisa los esfuerzos que debe hacer el hombre en su caminar terreno para rechazar la fuerza del mal que habita o ronda como se quiera entender  para que el hombre no cumpla su finalidad para lo cual fue creado  que es y será por siempre ser feliz desde el inicio de su existencia.

El hombre tiene la capacidad voluntaria y racional en mayor o menor medida según lo decreto nuestro padre  a cada hombre de determinar cual es el rumbo de su felicidad.

 La felicidad debe ser el objeto y resultado de todo hombre naciente al habitar la vida presente, por consiguiente allí realiza las fuerzas del mal todo su  obra, el creador lo sabe y por consiguiente le ha dado medios, dones, gracias, le da avisos además que le perdona u olvida o mas bien entiende su limitación su incapacidad y poco a paco le deja al hombre de ayer de hoy y del mañana experimentar desde lo mas profundo de su ser ese combate de esas dos fuerzas del bien y del mal.

Recordar siempre que las leyes del bien perduraran y perseveraran por encima de las del mal en cada acontecimiento personal, grupal, de pueblos y naciones a través de todos los tiempos.

Entendiendo lo anterior el tiempo, le dará al hombre, el conocimiento del creador y su propósito al inicio de la creación, y Dios con su creación saldrá vencedor, prevalecerá y tendrá dominio eterno sobre todas las cosas materiales y espirituales del universo infinito y por siempre, aun teniendo en cuenta de la limitación del hombre como ser finito en cuerpo en espacio, y tiempo, además que su limitación en conocimiento.

 Al hombre le llega  el Conocimiento

Primero por el conocimiento revelado por Dios al hombre de las verdades eternas y de fe,  por cualquier forma y medio.


Segundo el  conocimiento  racional que corresponde al esfuerzo que realiza toda persona por su libre albedrío por saber y entender las verdades absolutas que rigen la creación incluido al hombre mismo y que Dios permite que lo logre.

La vida del hombre en todo su contexto tiene una predestinación sujeta a un camino del seguimiento de las leyes del bien y del mal.

Somos coocreadores del bien y también seremos coocreadores del mal, hay que diferenciar Dios rige las leyes del Bien y permite por su voluntad permisiva que se desarrollen en notros las leyes del mal si nosotros lo permitimos y nos falta su gracia.

Como decir y explicar que el mal se creo solo?
Hubo una creación primera del bien en todo su contexto con exigencia o decreto de cumplimiento de las leyes del Bien,

Si algo que fue fruto de esa creación no cumple por su propio albedrío esa ley del bien, se crea entonces una ley segunda del mal que tendrá como fin u objeto la destrucción en el tiempo futuro mismo de todo lo creado por las leyes del mal.

El seguimiento de las leyes del mal nos inhabilita temporalmente el acercamiento a las leyes del bien o su cumplimento en este caso mencionamos al hombre, digo inhabilita temporalmente por que para ello Dios estableció a través de la historia del hombre tanto en el antiguo testamento como en el nuevo  y a través de su venida y muerte de cruz para redimir al genero humano de toda mancha de pecado,  justificándonos en la cruz.

Prometiéndonos la vida eterna como al buen ladrón y dejándonos los medios necesarios para la reconciliación como lo es la institución del sacramento del perdón o reconciliación, para que podamos cada vez recomenzar de nuevo con su ayuda pero con nuestro deseo.

El que dicta la ley, la promulga, la expone, el autor de ella no podrá en ningún momento de la creación violar su propia ley como es:
Perdonar a los que le ofenden…
Perdonar setenta veces siete…
Poner la otra mejilla…
 Amaras al prójimo…
Tanto amo Dios al hombre que mando a su Hijo al mundo no para juzgarlo si no para Salvarlo.
No se puede decir amen al prójimo, perdónenle PERDONEN LO sin que Dios
  primero no lo haga con nosotros.

Como complemento a lo anterior se puede decir que las leyes del mal no crean o destruyen, sino que disipan, entorpecen, tergiversan, nublan, impiden temporalmente la ley primera de la creación absoluta que es y será la del Bien absoluto, Incluido al hombre y su acercamiento a la fuente misma de donde nació o partió algún día de Dios.

 Por  que al fin y al cabo lo que importa es nuestro acercamiento hacia Dios en esta vida y en la otra, de lo cerca o lejos que estemos del creador será nuestro gozo y felicidad  o el entendimiento de la tierra prometida.

Expuesto todo lo anterior podemos concluir que al final de los tiempos de personas, pueblos, naciones, hasta que Dios lo decrete que, prevalecerán las leyes del bien en todo el contexto de la palabra y eso incluirá al hombre sus planes y su felicidad.

Reinara  entonces la tierra prometida la felicidad y el amor en todo su esplendor

Identifiquemos las fuerzas del mal, y todo lo que nos aparte del Amor y la felicidad y saber de una vez por todas por que no podemos gozar de la tierra prometida por causa de la angustia, el desamor la infelicidad, el egoísmo, y la soberbia.

Angustia es contrario a felicidad, y egoísmo contrario al amor y para rivalizar estas dos fuerzas ponemos en el tapete la soberbia que no es mas que la intención plasmada en el hombre o consentida por el hombre por insinuación de las fuerzas segundas del mal, ángeles caídos de revelarse contra toda norma de amor absoluto que rige la creación entera.

La pelea es dura pero entre comillas pelea para nosotros los seres humanos por que para Dios esta todo claro, el solo busca el bien de su creación, dará, justificara y ayudara por medio de la gracia y los sacramentos y su infinita misericordia la incapacidad del hombre en todo sentido por alcanzar la felicidad.

Por ello para poder alcanzar la felicidad se debe renunciar al propio yo,  darle cabida al Dios verdadero que rige la naturaleza creada incluido al hombre y por libre albedrío dejar reinar en nosotros después de combatir a diario contra el enemigo de nuestra felicidad a las leyes del Bien absoluto que es el Amor.

Todos experimentamos y hemos experimentado en mayor y menor mediada lo anterior en nuestra vidas, la dura batalla del bien y del mal.

Siempre seremos felices y gozosos, y seremos premiados en esta vida con la paz en nuestro interior cuando terminemos aceptando y cumpliendo en mayor medida las leyes del Bien.

Leyes del Bien se pueden entender como Mandamientos de la ley de Dios, como Leyes del Amor practicado sin egoísmo o sea Amor Puro y desinteresado a toda la creación,  o como se dejo dicho y escrito a través de los evangelios narrados siguiendo El Camino, buscando la  Verdad y viviendo la verdadera vida la vida en Cristo Jesús.

Para vivir la Vida plena llena de gozo y de felicidad se debe aceptar al creador, sus leyes esforzándonos día a día por cumplirlas, identificar y rechazar las leyes segundas del mal para que con ella reine en nosotros la paz y el amor hacia nosotros mismos, hacia Dios y hacia la creación entera incluida al hombre .
La tierra prometida por Dios desde
 nuestra Creación

Es y será solo una realización de  vida personal donde reine el Amor  de Dios, hacia Dios y al prójimo, después de combatir cada segundo contra las fuerzas del mal que quieren todo lo contrario y reitero que no seamos felices.

Como lograr ser felices en esta vida sabedores  que muchos hombres  tienen todavía mucha carencia de creencia en un ser supremo?

Como ser feliz sabiendo que a diario somos tentados por unas fuerzas superiores a nosotros?

Como ser felices teniendo en cuenta que no tenemos mucho de conocimiento material espiritual y de Dios mismo para responder debidamente a seguir ese Camino?

A estos interrogantes y muchos mas que saltan a la vista y que seria extenso mencionar en este momento, le respondo de la siguiente manera recordando los evangelios y el artífice de ellos a Jesús.
Te basta Mi gracia…

Se le exigirá de acuerdo a lo que se le confió…

Nadie puede ser tentado por encima de sus propias fuerzas…

Y la mas bella Todos somos hijos de Dios…

Recordemos  tenemos su sello su aliento, así no practiquemos o estemos afiliados a ninguna religión o nos declaremos ateos, recordad siempre llevamos su sello su aliento su gracia,  nuestro Padre Dios  lo sabe, deja la puerta abierta para que esas personas en todo su caminar Terreno sigan un Camino  de una forma innata en ellos desde su creación personal ese camino es el del bien la bondad y el Amor.

Y todo solo por ser Hijos de un Creador.

Un ateo Ama, un hombre de cualquier cultura, religión, raza, nación o pueblo ama a su hijo  a su perro a su entorno, a su padre o madre a sus amigos, el saber o experimentar el Amor en mayor o menor medida en el y a su vez irradiarlo a otros  estará cumpliendo con la finalidad para lo cual fue creado Amar.

La persona tentada que consiente el mal 
dice no ser amado o no amar a nadie estará abandonada de Dios?

No, el por que? , es claro,

El protagonista de los evangelios Jesús, expuso claramente y de diversas maneras un ejemplo y es el mas fácil que recordamos en la parábola del Hijo prodigo.

El recordar este bello pasaje nos invita a entender claramente que el hombre busca por todos los medios materiales la felicidad en esta vida, se mete por caminos que el hombre cree ser feliz y tarde o temprano termina entendiendo por su libre albedrio que su felicidad no estaba en ese camino.

Si hiciéramos el ejercicio de preguntar a cada persona de la humanidad que si desviándose del camino del Bien, ha encontrado felicidad la respuesta estoy seguro seria que no la ha encontrado.

Entre mas haya consentido y elegido las leyes del mal mas infelicidad habrá sentido en su corazón y por consiguiente su vida en  la Tierra prometida por
 Dios fue y será un desastre.

Concluyendo, recordad Siempre Yo soy El Camino La Verdad y la Vida, como segunda medida, nuestro señor Jesucristo En sus ultimas palabras en la cruz cuando dio su vida por nosotros exclamo de primera mano :Padre perdónales por que no saben lo que hacen.

El, nos justifico, les reitero El, siempre estará atento a justificarnos a perdonarnos a entendernos a auxiliarnos, a lograr nuestra salvación, necesita solo de nuestro consentimiento que pensemos por un solo momento que queremos escoger y por que motivos no somos felices y que le pidamos que no nos apartemos de su lado. Y el de Nosotros, como los discípulos de Emaús: Señor quédate con nosotros.



”Nadie puede servir a dos señores a Dios y el Dinero, mas amara uno y aborrecerá al otro”

”Ve y vende todo lo que tienes y sígueme le responde Jesús a Joven Rico que le pregunto que tenia que hacer para ganar la vida eterna. 
y ser feliz”

La Tierra Prometida.
Recordando el buen ladrón que hasta en el ultimo momento en esta vida  tuvo la oportunidad de escoger que camino elegir si la tierra prometida de la vida eterna de gozo  que era lo único que le quedaba solo por reconocer desde lo mas profundo de su ser al buen Jesús, con humildad,  por que la tierra prometida que ya había tenido en esta vida mortal ya la había malogrado.

Nosotros rechazando toda norma de piedad de bondad de amor y de temor  de Dios tendremos una  vida de intranquilidad y de tristeza ya en esta vida y por consiguiente de muerte a la vida eterna donde careceremos también de gozo y felicidad y sentiremos tristeza profunda e  inmensa el saber que no podemos acceder a recobrar la oportunidad que tuvimos de ser feliz en esta vida y que por consiguiente perdimos también la eterna. 

Como le sucedió en la parábola que Jesús expuso de lázaro 
y el rico opulon 
(Lucas 16, 19-31)


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sábado, 15 de febrero de 2014

San Claudio de la Colombiére...



... Hoy Fiesta de San Claudio de la Colombiére

Amigos seguidores del Blog les dejo un link donde encontraran un bello escrito de este iluminado Santo, que los motivo y pido a Dios les de la Gracia de visitarlo y leerlo y ponerlo en practica 
Así sea.

Copiar este link a su barra de navegador y lo llevara a el escrito.

http://www.abandono.com/Abandono/Colombiere/colombiere_001.htm

«Este insigne apóstol del Sagrado Corazón de Jesús venció su inicial aversión por la vida religiosa convirtiéndose en jesuita. Fue confesor de santa Margarita María de Alacoque.
Perseguido y acusado injustamente, murió en el destierro»


Nació el 2 de febrero de 1641 en Saint-Symphorien-d'Ozon, localidad francesa perteneciente a Lyon. Sus padres eran creyentes. En el ámbito familiar, elogiado por la piedad en la que estaba asentado, recibió una honda formación espiritual. 

Después, su excelente carácter le ayudaría en la vida religiosa, en la que no hizo más que incrementar las numerosas cualidades innatas que le adornaban. Y la oración haría que tocase el corazón de los demás con sus inteligentes y acertados consejos que dejaban traslucir su sed de unión con Dios, al punto de que el mundo con todas sus vanidades y fútiles ofertas se desvanecía ante sus pies. Su único referente era Él. 

Con estos sentimientos que bullían en su espíritu convirtió a muchas personas y las alentó a esforzarse para amar el sendero de la cruz.





Podría pensarse que un alma de estas características por fuerza tenía que llegar a la vida religiosa, pero no fue así. Claudio sintió una inicial «aversión» por ella que logró vencer ingresando en 1658 en la Compañía de Jesús. En 1660 profesó y perdió a su madre, Margarita, quien le había dirigido una sentida petición que resultó ser a la vez profética:


 «Hijo mío, tú tienes que ser un santo religioso».

Completado su noviciado en Aviñón, y culminados sus estudios de filosofía, se dedicó a la enseñanza en el colegio Clermónt de París, punto neurálgico en esa época de la vida intelectual francesa. Pero las cualidades de Claudio traspasaron las fronteras a través de sus escritos y de sus acciones. Probablemente por ello, teniendo constancia fehaciente de su rigor intelectual, Colbert le confió la educación de sus hijos.

Es conocida la inclinación del santo a las bellas artes como también los selectos amigos que admiraban su labor. Al respecto, es significativa la correspondencia que mantuvo con personas destacadas de la talla de Oliverio Patru, miembro de la Academia Francesa, uno de sus incondicionales seguidores.

Sus dotes oratorias se hicieron públicas durante la canonización de san Francisco de Sales, ya que fue designado para realizar su panegírico aunque todavía no era sacerdote. Sus palabras conmovieron a todos. Los sermones que pronunció después ante personas de distintas procedencias, entre las que se contaron algunos miembros relevantes de la realeza y de la cultura, son modélicos en todos los sentidos: 

fondo y forma; eran fruto de su reflexión 
a la luz de la Oración.

Desde 1670 a 1674 dirigió la Congregación mariana. A finales de ese año fue admitido en profesión solemne. Había escrito: «¡Dios mío!, quiero hacerme santo entre Vos y yo». En el retiro preparatorio se sintió llamado a consagrarse al Sagrado Corazón.

 Entonces añadió otro voto de absoluta fidelidad a las reglas de la Compañía, voto que había vivido rigurosamente antes de profesar. Su obediencia fue paradigmática. Delicado y exquisito en su quehacer, todo reflejaba su reciedumbre espiritual. Abandonado en brazos de la confianza divina, compuso una hermosísima oración dedicada a ella. 

Este fragmento de su conocido de 
San Claudio de la Colombiére...
«Acto de confianza» 

muestra su ardiente anhelo de permanecer unido a Dios por encima de sí:«Estoy tan convencido, Dios mío, de que velas sobre todos los que esperan en Ti y de que no puede faltar cosa alguna a quien de Ti las aguarda todas, que he determinado vivir en adelante sin ningún cuidado, descargándome en Ti de toda mi solicitud. 

Despójenme los hombres de los bienes y de la honra, 
prívenme las enfermedades de las fuerzas y medios de servirte, pierda yo por mi mismo la gracia pecando; que no por eso perderé la esperanza, antes la conservaré hasta el postrer suspiro de mi vida, y vanos serán los esfuerzos de todos los demonios del infierno para arrancármela, porque con vuestros auxilios me levantaré de la culpa…».

Los 33 años de su vida le parecían el momento ideal para entregar su alma a Dios, pensando que a esa edad había sido crucificado Jesucristo. «Me parece, Señor, que ya es tiempo de que empiece a vivir en Ti y solo para Ti, pues a mi edad, Tú quisiste morir por mí en particular», anotó en su Diario. Pero no había llegado su hora.

En 1675 fue nombrado superior del colegio de Paray-le-Monial que contaba con escasísimos alumnos. En ese momento conoció a santa Margarita María Alacoque que sufría la incomprensión de su confesor ante las revelaciones que recibía del Sagrado Corazón de Jesús. 

Ella, al oírle predicar a la comunidad de la Visitación, sintió que era la persona que Cristo ponía en su camino: «Mientras él nos hablaba –escribió–, oí en mi corazón estas palabras: ‘He aquí al que te he enviado’». Y venciendo su voluntad, que le instaba a no abrirle su corazón, le confió sus pesares. 

El religioso, conocedor de la violencia que se hizo a sí misma, la comprendió y orientó como solo saber hacer un santo, con toda caridad y delicadeza, siendo dador de paz. La atención dispensada a Margarita atrajo críticas surgidas, como siempre, de insensibilidades diversas. 

La realidad es que, al igual que ella, otros muchos hallaban en Colombière el sosiego que precisaban.

En 1676 se trasladó a Londres, donde predicó y convirtió a numerosos protestantes. Las controversias de la corona que implicaban a los católicos le salpicaron y sembraron el bulo de que se hallaba mezclado en un complot. Acusado y hecho prisionero, Luis XIV impidió que lo martirizaran y fue desterrado a Francia. Llegó en 1679 muy enfermo ya que en la cárcel se produjeron los primeros vómitos de sangre y no recibió la asistencia precisa. Buscando aires mejores para su salud, le enviaron a Lyon y dos años más tarde a Paray.

 Margarita, que había seguido con gran preocupación el proceso de su enfermedad, le hizo saber que allí moriría. De modo que, aunque Claudio pensaba partir a otro lugar más benigno, paralizó los preparativos del viaje. Y el 15 de febrero de 1682, contando con 41 años, entregó su alma a Dios. La santa supo por una revelación que se hallaba en la gloria y que no precisaba oraciones.Fue beatificado por Pío XI el 16 de junio de 1929, ycanonizado por Juan Pablo II el 31 de mayo de 1992.


En todo lo que sucede, Jesús nos llama a la santidad. 
Que sus vidas suenen como una campanada clara y sonora que dice 
– “Jesús es el Señor – 

Jesús nos ama” 
“Yo los he amado con un amor eterno”

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Fuente: 

EL CAMINO HACIA DIOS


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jueves, 13 de febrero de 2014

El Poder del Espíritu ...

...No se puede encerrar 
 este debe salir hacia otros.
Es así que Dios nos manda amarlo con todas nuestras fuerzas, 
corazón, mente y alma, y al prójimo como Dios nos ama
 – es el mismo amor que fluye entre Dios y el alma – 
entre el alma y el prójimo.

Son pocos los llamados a dar la vida por su prójimo, 
pero todos podemos dejar nuestras reacciones,
 dominar nuestras debilidades, 
dejar nuestro egoísmo y aceptar a nuestro prójimo como es 

y en ese momento – 

Es gracia lo que te sucede en cada momento – 
¿cómo la aprovecharás – a favor o en contra tuya?

En todo lo que sucede Bueno o Malo, Jesús nos llama a la Santidad. 
“..Toda rama que dé fruto 
Él la poda para que dé aun más fruto”

Esto es santidad donde sea que nos encontremos, 
En el estado que estemos. 

“No hay amor más grande que dar la vida por sus amigos”
 (Jn 15, 13) 

Esto es muerte espiritual. 
esto es Santidad.

  "Jesús no siempre le agradó la manera de comportarse de sus Apóstoles, 
pero adaptándose a sus temperamentos, orando a Su Padre por ellos, 
dándoles un santo ejemplo de conducta, así los amó y ese
 amor los cambió."

En todo lo que sucede, 
Jesús nos llama a la santidad.  
Leemos en los Evangelios que Jesús se vació a sí mismo cuando bajó del cielo para habitar entre nosotros. Nos damos cuenta que la Palabra Eterna se hizo carne y se humilló tomando sobre sí nuestra existencia en pecado, sin tener Él pecado alguno.

Sabemos que parte de su humillación fue dejar algo y Alguien grande para rebajarse a vivir entre cosas y seres inferiores. Pero ¿fue esto todo? Si así fuera ninguno de nosotros podría vaciar su propio ser, porque uno no puede pasar de algo grande a algo inferior.

Sencillamente, nuestro problema consiste en cómo es que uno crece en el Espíritu de Jesús –se le asemeja–, piensa como Él, ve el momento presente como lo ve Él y vacía su ser de sí mismo. El asumió nuestra naturaleza humana para que pudiéramos convertirnos en hijos del Padre.

Desde que nosotros hemos de ser santos en cualquier estado de nuestra vida – donde sea que estemos – sean cuales sean nuestros talentos, - es necesario que entremos en profundidad en el mandamiento nuevo para ver la respuesta a nuestro dilema.

El nuevo mandamiento nos pide que nos amemos los unos a los otros de la misma forma como Jesús nos ama. Par dar con la solución en cuanto a “cómo” lograr la santidad, veamos solo un aspecto del amor que Dios nos tiene tal como somos ahora. Su amor es tan grande que no fuerza nuestra voluntad para amarlo en reciprocidad ni nos obliga.

El nos cuida, nos motiva, nos acoge, nos dirige, nos perdona, nos da una gracia tras otra, nos ofrece su misericordia cuando nos arrepentimos, y cuando no lo hacemos hace que nos remuerda nuestra conciencia. Así mismo saca para nosotros bien del mal en nuestras vidas y nos da luz para cambiar.

Dios permanentemente nos da y adapta su amor de acuerdo a nuestra voluntad y disposición. No nos exige más de lo que podamos dar, ni nos pide ir más allá de lo que queramos ir. 

El derrama Su amor y gracia sobre nosotros, ya sea que nademos, caminemos, corramos o volemos hacia Él.

¿Es éste el secreto de vaciarnos a nosotros mismos?

 ¿Es así como debemos amar a nuestro prójimo? 

¿Es así como cambiamos y dejamos que el cambio cambie a otros? 

¿Oramos por nuestra santidad esperando que suceda un gran acontecimiento, o es una fuente de fuerza para seguir creciendo?

La gente vive, trabaja, camina, juega, compra, estudia y come con otros. Hay unos pocos que habitan en un desierto y viven aislados sin depender de otros. 

Es aquí cuando la inter-relación entre la gente se nos presenta tanto el mayor obstáculo como la mas grande ayuda para lograr la santidad.

Ahí tenemos a la gente a quien se le ha dado el mandamiento del amor, pero desafortunadamente el uso que le damos a dicho mandamiento es mínimo. 

A veces creemos que el amor es sentir afecto, pero Dios no nos puede mandar “sentir”. Amar es una decisión. Pero ¿en qué consiste esa decisión?

¿Es por un acto de voluntad que decimos “Te quiero” y luego todo pasa al olvido?
 ¿Se trata de perdonar a veces, esperando que no haya que hacerlo de nuevo y, a renglón seguido se actúa falto de amor cuando de nuevo se requiere tener misericordia?

¿Cómo nos vaciamos de nosotros mismos de forma que Jesús pueda irradiar a través de nosotros? 

Pareciera que la palabra que mejor describe lo que Jesús hizo y lo que nosotros hemos de hacer es la palabra “acomodarse”. 

Los individuos somos diferentes. Los miembros de una misma familia difieren entre sí. Se difiere entre amigos, entre cónyuges, entre hermanos, entre naciones. 
Todas estas diferencias hacen difícil “sentir” amor, el que quedaría reservado a ciertas personas de acuerdo a nuestros gustos y sus personalidades.

Entre las muchas ayudas que Jesús nos presentó fue cuando nos dijo “lo que hagamos con los más pequeños, se lo hacemos a Él”. Pero aún esto es difícil de hacerlo siempre, porque encontramos difícil ver a Jesús en ciertas situaciones desagradables, en gente imperfecta o en circunstancias imposibles.

Siempre estamos a la espera de que los otros sean más como otros Cristos confiados en que en ese caso nuestra actitud será más pacífica. Sin embargo no podemos permitirnos que nuestra respuesta al llamado a la santidad esté supeditada a la conversión y cambio de actitud de los otros. 
¿Que nos pasaría si aquellos nunca cambiaran, ni nunca actuaran como Cristo, y nunca nos lleguen a dar amor ni se conviertan?

¿Qué pasa con la llamada a nuestra santidad cuando suceden situaciones difíciles y las personas que están de por medio nos irritan, son irritables y vengativas? 

¿Quiere Jesús que seamos como una caña agitada por el viento?

 ¿Acaso murió Él y derramó Su Preciosa Sangre para que nos dejemos ser zarandeados por todos lados por las pasiones, temperamentos y otros tratos desagradables de nuestro prójimo?

¿Tenemos disculpas legítimas para nuestra falta de virtud cuando alegamos que obviamente Dios no nos llamó a la santidad desde que no vivimos libres de problemas con la gente que nos rodea? 

¿Creemos que si no fuera por esa gente seríamos santos? 
Pareciera que así lo creemos; Jesús lo sabía y por eso nos dio el nuevo mandamiento.

Jesús trató con todo estado de luz, virtud o generosidad alcanzado por las almas de aquellos con que se había topado. Sabía lo que el joven rico haría cuando Él se lo pidió todo y que efectivamente el joven nos fue capaz de hacerlo. Sin embargo fue el joven rico el que se fue triste, no Jesús.
Desde que la Fuente de paz de Jesús era el Padre, Él podía pedir todo y recibir un “no” por respuesta y aun asís aceptar a esa persona en el estado de alma en que se encontraba y seguir amándolo.

Jesús sabía lo que Judas haría, pero eso no impidió que lo llame. Él trató a Judas en el nivel que se encontraba. En ese momento Judas estaba celoso, y esperaba ardientemente el “Reino”. 

Jesús los aceptó en esas circunstancias. Siguió amándolo, dándole luz y advirtiéndole que no podemos servir a dos amos, pero mientras tanto toleró su mala disposición.

Nuestra reacción ante la gente es lo opuesto de Jesús. Juzgamos los motivos que no vemos, desaprovechamos oportunidades recordando situaciones pasadas y perdemos la esperanza de algún cambio futuro.
Podemos también apreciar cómo Jesús amó a Pedro.

 Él lo llamó, suavemente le corrigió sus fracasos, le anunció que lo negaría, le dio una mirada compasiva cuando ya había fallado y lo perdonó por completo cuando Pedro hizo tres actos de amor.

En ningún instante, Jesús pensó en quitarle el ministerio como cabeza de los Apóstoles. Jesús vio sus flaquezas, las dejó correr, y no las tomó en cuenta en sus planes; más bien las aprovecho para el crecimiento de Pedro y le confió poder y autoridad. Esto es amar.

Podemos estar seguros que los apóstoles no fueron siempre una tranquilidad para Jesús, pues no entendieron Su misión y Su plan de redención. No fueron capaces de entender sus parábolas y Su deseo de sufrir les fue un misterio. 

Sus revelaciones fueron difíciles de entender, Sus enseñanzas muy profundas para que sus mentes las penetraran.

A veces Él fue tan suave que los Apóstoles sintieron que podían decirle cualquier cosa para después sentir acogidas sus almas al pensar que se estaba reviviendo el Yahvé del Antiguo Testamento, manifiesto en la persona de Jesús, cuando fustigó a los mercaderes del Templo.

Él puso exigencias que parecen severas, que se hicieron aun más difíciles cuando estas se vieron cumplidas con el ejemplo de Su vida. Pero estos hombres mostraron su amor por Él, siguiéndolo y sacrificando su propia vida.

Así como vimos que Jesús creció en conocimiento y sabiduría, Sus Apóstoles igualmente progresaron en gracia y sabiduría debido a una aceptación mutua y amalgamándose unos a otros.

Jesús elevó lentamente el sentido de los valores de Sus Apóstoles a niveles más altos con el ejemplo de Su vida. Les habló en parábolas para penetrar su nivel de luz e inteligencia. Él los perdonó con frecuencia y les dijo que debían perdonar setenta veces siete.

Conociendo la repugnancia que tenían ante el sufrimiento, Él les anunciaba repetidas veces que llegaría Su Pasión, y luego suavizaba el golpe prometiéndoles Su Resurrección.

 Cuando le repetían preguntas ya contestadas, recurría a exponerles las verdades sublimes en la forma más simple sin dejar que se sintieran ignorantes. Puso a prueba la paciencia de ellos pidiéndoles que alimentaran a cinco mil hombres con unos cuantos panes y peces, para luego multiplicarlos dándoles la alegría de ver realizarse lo imposible.

Él tenía confianza de lo que tenían dentro y paciencia para esperar a que floreciera. Mientras tanto, los tomaba como eran, sabiendo que la gracia que venía a elevarlos, sacaría a la luz esas cualidades escondidas.

La santidad de Jesús hizo destacar la oscuridad de los Apóstoles, pero ésta desapareció con la Luz. Una vez que aprendieron a hacer para otros como Él hizo con ellos, ellos también se convirtieron en luz en la oscuridad. 

Ellos fueron capaces de sacar, de los más degradados, preciosas cualidades del alma. Ellos pasaron a ser parte de la Luz que “iluminó a todo hombre.” (Jn 1, 9).

Podríamos quizás llamar a esta habilidad: “adaptabilidad de entendimiento”. Ellos mismos recibieron Luz de Jesús y desde que el Origen de la Luz era inacabable, esta Luz resplandeció e iluminó a otros. 

San Pablo describe esta “adaptabilidad” cuando dice “todos deben disminuir....y ninguno busque únicamente su propio bien sino también el bien de los otros.

Tengan ustedes la misma manera de pensar que tuvo Cristo Jesús. Aunque era de naturaleza divina, no insistió en ser igual a Dios, sino que se rebajó a si mismo para tomar la naturaleza de siervo”
 (Fil 2, 3-7)

El secreto para vaciarse de sí mismo, de amar al prójimo como Dios nos ama, de vivir las bienaventuranzas es:

1.   Aceptar a Dios sin acomodos

2.   Aceptarnos a nosotros mismos como somos

3.   Aceptar a nuestro prójimo como es.

Cuando aceptamos a Dios en sus términos, hacemos su Voluntad – cuando nos aceptamos a nosotros mismos como somos, nos damos cuenta de nuestras debilidades y de nuestra total dependencia de Su gracia. 

Esta dependencia nos permite apreciar que la Voluntad de Dios es superior a la nuestra y esta realidad nos hace ver al prójimo bajo una nueva luz: lo aceptamos como es.

Cuando nuestro prójimo está molesto, en ese momento Dios nos llama a mostrarnos tranquilos porque nuestro prójimo necesita afabilidad – nos suprimimos a nosotros mismos.

Cuando las cualidades del prójimo son ásperas, nosotros mostramos amor al no provocarlos voluntariamente. La experiencia pasada nos enseña qué es lo que revuelve a una persona, de manera que en su presencia evitamos decir o hacer lo que le molesta.

Nosotros nos borramos. Tomamos sobre sí sus debilidades y las elevamos hacia Dios imitando a Jesús. Esto es lo que significa “vaciarse uno mismo para asumir la condición de esclavo” “Ayúdense entre sí a soportar las cargas, y de esta manera cumplirán la ley de Cristo” (Ga 6, 2).

Estaremos atentos a procurar lo que agrada al otro, (siempre y cuando no sea algo pecaminoso), evitando lo que le disgusta y adaptándonos a sus gustos, sus talentos o sus debilidades.

Esto nos pone en la situación de practicar amor ignorándonos a nosotros mismos. Nos convertimos en ejemplos vivos de las bienaventuranzas. “Ustedes antes vivían en la oscuridad, pero ahora, por estar unidos al Señor, viven en la luz” dice San Pablo a los Efesios, “.......pues la luz produce toda una cosecha de bondad, rectitud y verdad”.
 (Ef 5, 8-9)

Cuando adaptamos nuestra conversación, nuestro temperamento, nuestro conocimiento, nuestra virtud, nuestros gustos y disgustos al estado de alma actual del prójimo, le damos amor como Dios lo ama – somos una luz en la oscuridad – 
somos Hijos de Dios. Verdaderamente seguimos el consejo de San Pablo,

 “Como hijos amados de Dios, procuren imitarlo.... sigan el camino del amor, a ejemplo de Cristo, que nos amó y se entregó por nosotros como ofrenda fragrante y sacrificio a Dios”. (Ef 5, 1-2)

Esto es “morir a si mismo” – es dar nuestra vida por el prójimo – esto es santidad donde sea que nos encontremos, en el estado que estemos. “No hay amor más grande que dar la vida por sus amigos” (Jn 15, 13) Son pocos los llamados a dar la vida por su prójimo, pero todos podemos dejar nuestras reacciones, dominar nuestras debilidades, dejar nuestro egoísmo y aceptar a nuestro prójimo como es y en ese momento – esto es muerte espiritual.

A Jesús no siempre le agradó la manera de comportarse de sus Apóstoles, pero adaptándose a sus temperamentos, orando a Su Padre por ellos, dándoles un santo ejemplo de conducta, así los amó y ese amor los cambió.
Encontramos a los Apóstoles y a los primeros cristianos haciendo precisamente esto después de Pentecostés, tal como leemos en los Hechos, “La multitud de los fieles tenía un solo corazón y una sola alma” (Hech 4, 32).

Esta unidad de corazón y alma no es posible, al menos que todos, o por lo menos la mayoría, se “nieguen a sí mismos”, pensando en complacer a los otros más que a uno mismo. Jesús lo expuso muy gráficamente cuando le dijo a los Apóstoles, “Ustedes me llaman Maestro y Señor, y dicen bien, porque lo soy.

Pues si yo, siendo el Señor y el Maestro, les he lavado los pies, también ustedes deben lavarse los pies unos a otros.” (Jn 13, 14-15) Aquí, él está hablando de cada uno de nosotros en posesión de un espíritu de amor y humildad, en la medida que nos sirvamos los unos a los otros. Esto no solo en cosas materiales, sino en soportar y abstenerse, con una anticipación cuidadosa ante el temperamento y debilidad del otro, negándose a sí mismo.
Para perseverar en esta tarea “dulce y amarga” de vivir santamente, debemos conservar una relación enraizada en Dios, cuyo cimiento es la humildad y el conocimiento de sí mismo.

El Poder del Espíritu no se puede encerrar – este debe salir hacia otros.
Es así que Dios nos manda amarlo con todas nuestras fuerzas, corazón, mente y alma, y al prójimo como Dios nos ama – es el mismo amor que fluye entre Dios y el alma – entre el alma y el prójimo.

Es difícil, pero el peso de la cruz es liviano comparado con la cruz de emociones descontroladas, cólera, el aferrarse en su propia opinión, la frustración de tratar de cambiar a otros en vez de cambiar uno mismo, resentimientos, remordimiento y culpabilidad.

El aceptar el momento presente con la actitud de Jesús sin duda es una carga menos pesada.

Es gracia lo que te sucede en cada momento – 
¿cómo la aprovecharás – a favor o en contra tuya?

“Hermanos santos, ustedes que han recibido el mismo llamado sobrenatural, fíjense en Jesús...” 
(Heb 3, 1)

En todo lo que sucede, Jesús nos llama a la santidad. 
Que sus vidas suenen como una campanada clara y sonora que dice 
– “Jesús es el Señor – 

Jesús nos ama” 
“Yo los he amado con un amor eterno”


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Fuente: 

EL CAMINO HACIA DIOS


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