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sábado, 14 de julio de 2012

La Voluntad Divina es la Regla Suprema de Nuestra Vida


La voluntad divina es la regla suprema de nuestra vida, 
la norma del bien, de lo mejor, de lo perfecto; cuanto más se conforma con ella, más se santifica el 
alma.

Existe la voluntad de Dios significada a la que corresponde la obediencia. 
Para nosotros religiosos, su principal manifestación es la Santa Regla con las órdenes de los Superiores. De parte de Dios es la dirección estable y permanente, y en cuanto a nosotros, el trabajo normal y de todos los días. La obediencia será, pues, el gran medio de santificación.

Existe también el beneplácito divino, al cual corresponde la conformidad de nuestra voluntad. Este se manifiesta por los acontecimientos; preséntasenos como ellos, variable, imprevisto, a veces desconcertante; en el fondo, es un querer de Dios, siempre paternal y sabio. La Regla está hecha para la Comunidad; el beneplácito divino corresponde más a nuestras necesidades personales, y lejos de suplantar a la Regla, añade a la acción de ésta la suya propia, siempre beneficiosa y con frecuencia eficaz, y a veces hasta llega a ser decisiva.

 El verdadero espiritual se adhiere con amor a toda voluntad de Dios, sea significada o de beneplácito, de suerte que pueda recoger todos los frutos de santidad que aquélla le proporciona.

La conformidad nacida del temor, o la simple resignación, produce desde luego efectos saludables; nadie hay que no pueda y deba practicarla. La conformidad, fruto de la esperanza, es más elevada en su causa y más fecunda en sus resultados y es accesible a todas las almas piadosas. La conformidad que produce el amor divino es sin comparación la más noble, la más meritoria, la más dichosa; transformada en hábito forma el camino de las almas adelantadas. Es esta conformidad perfecta, amorosa y filial la que hemos estudiado bajo el nombre de abandono.

El Santo Abandono eleva en nosotros a su más alto grado, y con tanta fuerza como suavidad, el desasimiento universal, el amor divino, todas las virtudes. En la cadena más poderosa y más dulce para hacer nuestra voluntad cautiva de la de Dios en una unión del todo cordial, de una humilde confianza y de una afectuosa intimidad. 

El abandono es por excelencia el secreto para asegurar la libertad del alma, la igualdad del espíritu, la paz y la alegría del corazón. Nos procura un agradable reposo en Dios, y lo que aún vale más, es que El es el artista de nuestras más encumbradas virtudes, el mejor maestro de la santidad. Llevándonos de la mano de concierto con la obediencia, nos guía con seguridad por los caminos de la perfección, nos prepara una muerte feliz y nos eleva a pasos agigantados a las cumbres del Paraíso. Es el verdadero ideal de la vida interior.

 ¿Qué alma, por poco clarividente que sea, no aspirará a tal estado con todas sus fuerzas? Si se conociera mejor su valor, ¿podría uno ser indiferente en tender a él, acercarse, establecerse firmemente y hacer en él, de continuo, nuevos progresos? Seguramente que sin pagar el precio debido no podremos obtenerlo, mas una vez posesionados de este tesoro, ¿no recompensa con usura nuestro trabajo? ¿Qué hemos de hacer, pues, para conseguirlo?

Ante todo el abandono, según lo hemos visto, exige tres condiciones, y trataremos de hacemos indiferentes por virtud a los bienes y a los males, a la salud y a la enfermedad, a las consolaciones y a las sequedades, a todo lo que no es Dios y su santa voluntad, a fin de que El pueda disponer de nosotros a su agrado sin resistencia de nuestra parte. Y puesto que la naturaleza tiene sus raíces más profundas en el orgullo y la independencia, consagraremos nuestros más exquisitos cuidados a la obediencia y a la humildad.

Empeño nuestro ha de ser crecer cada día en la fe y confianza en la Providencia. El acaso no es más que una palabra. Dios es quien dirige los grandes acontecimientos del mundo y los menores incidentes de nuestra vida. Se sirve de las causas segundas, pero éstas no obran sino bajo su impulso.

 Quieran o no, los malos como los buenos no son en sus manos sino simples instrumentos; reservándose El recompensar a los unos y castigar a los otros; quiere, sin embargo, hacer servir sus virtudes y sus defectos para nuestro adelantamiento espiritual, y ni los mismos pecados podrán estorbarle en sus designios; están ya previstos por El y los ha hecho entrar en sus planes.

Ahora bien, Aquel que todo lo ha combinado y que es el Soberano Dueño de los hombres y de los acontecimientos, es también nuestro Padre infinitamente sabio y bueno, es nuestro Salvador que ha dado su vida por nosotros, es el Espíritu de amor ocupado por completo en nuestra santificación. Sin duda, se propone su gloria, mas no la cifra sino en hacernos buenos y felices. Buscará, pues, en todo el bien de su Iglesia y de nuestras almas. 

Piensa sobre todo en nuestra eternidad. Nos ama como Dios, y de la manera que El sabe hacerlo, pura y sinceramente; y si crucifica en nosotros al hombre viejo, es para dar la vida al hijo de Dios; aun cuando castiga con alguna dureza, su amor es quien dirige su mano, su sabiduría regula los golpes. ¡Pero no siempre lo entendemos así y a veces la conducta de la Providencia nos irrita y desconcierta! Pudiera entonces decirnos el buen Maestro como a Santa Gertrudis: «Sería muy de mi agrado que mis amigos me juzgasen menos cruel. Deberían tener la delicadeza de pensar que no uso de severidad sino para su bien, y para su mayor bien.

Hágolo por amor; y si esto no fuera necesario para curarlos o para acrecentar su gloria eterna, ni siquiera permitiría que el viento más leve los contrariara.» Jesús, instruyendo a su fiel esposa, «hízola comprender poco a poco que todo cuanto sucede a los justos viene de mano de Dios; que los sufrimientos, las humillaciones son de un precio incomparable y constituyen los más preciados dones de su Providencia; que las enfermedades espirituales, las tentaciones, las faltas mismas vienen a ser, por medio de su gracia, poderosos instrumentos de santificación.

Mostróle Jesús cómo escucha las oraciones de sus amigos, aun en aquellas ocasiones en que se creen olvidados o rechazados; cómo a sus ojos la intención avalora sus actos; cómo -en los fracasos- los buenos deseos pasan y son considerados como obras. Le reveló también la elevada perfección de un abandono completo al divino beneplácito, y la alegría que halla su corazón al ver un alma entregarse ciegamente a los cuidados de su Providencia y de su amor.»

Santa Gertrudis comprendió estas divinas enseñanzas, y tan profundamente las grabó en su corazón, que supo repetir en cualquiera ocasión con nuestro Maestro: «Sí, Padre mío, puesto que tal es vuestro beneplácito.» Si queremos también nosotros entonar continuamente este himno del abandono, debemos penetrarnos de estas verdades saludables, nutrirnos de ellas a satisfacción en la oración y piadosas lecturas, de suerte que poco a poco nos formemos un estado de espíritu conforme al Evangelio. Hasta será conveniente, dado el caso, no cerrar los ojos a esta luz de la fe para no mirar sino el lado desagradable de los acontecimientos. 

Este aviso es de la más alta importancia, porque la naturaleza orgullosa y sensual no gusta de ser contrariada, humillada, molestada en sus comodidades, privada de gozos y saturada de sufrimientos. Rebélase entonces, entregada por completo al sentimiento de su dolor, murmura contra la prueba y contra los causantes de ella, olvida a Dios que nos la envía, sin pensar en los frutos de santidad que de ahí espera El sacar.

De aquí proviene tanta turbación, inquietud y amargura, cuando por el contrario, esta dañosa agitación debiera hacer comprender que nuestra vista se extravía y la voluntad se doblega. ¡ Dichosos aquellos que poseen la sabiduría de ver la mano de nuestro Padre celestial en todos los acontecimientos, agradables o penosos, y no mirarlos sino a la luz de la eternidad!

Si el desprendimiento universal, la fe viva y la confianza en la Providencia nos disponen admirablemente al Santo Abandono, es el amor de Dios quien lo realiza en nosotros. A El solo pertenece fundir nuestra voluntad en la de Dios, y dar a esta unión tan íntima el carácter de amorosa intimidad y de filial confianza, que señala el Santo Abandono.

Mas esta metamorfosis de nuestra voluntad, esta donación total de nosotros mismos, la lleva a cabo como naturalmente el amor divino; es su tendencia y de ello experimenta necesidad, y sólo con esta condición se satisface; con el corazón da también la voluntad, se entrega por completo y sin reservarse nada. Así, al menos, sucede cuando el amor ha tomado incremento.

 Por consiguiente, la ciencia del abandono no es otra cosa que la ciencia del amor, y para progresar en esta perfecta conformidad, es necesario aplicarse a crecer en el amor, no en este amor en el cual secretamente se mezcla cierto escondido interés con que nos buscamos a nosotros mismos, sino en el amor enteramente puro, que sabiamente se olvida de sí para darse del todo a Dios.

Ricos de fe, de confianza y de amor, nos hallamos en excelentes disposiciones para recibir con respeto y sumisión los acontecimientos todos del divino beneplácito, a medida que se produzcan, o para esperarlos con una dulce tranquilidad de espíritu y en una paz llena de confianza. Haciendo la voluntad de Dios significada, y sin omitir la previsión y los esfuerzos que requiere la prudencia, se desecha fácilmente la turbación y la inquietud, se reposa en los brazos de la Providencia, al modo de un niño en el seno de su madre.

El desprendimiento universal, la fe, la confianza y el amor, no son posibles sino con la gracia, y ésta se precisa muy abundante para obtenerlos en el grado que los exige el Santo Abandono. La oración, pues, se impone. Nos recomienda San Alfonso: «no olvidemos que es necesario orar, sea cualquiera el estado en que nos hallemos», aun en las consolaciones, la calma y prosperidad: mayormente bajo los golpes de la adversidad, en las tentaciones, las tinieblas y las pruebas de todo género.

Nos enseña a «clamar a Dios: Señor, conducidme por el camino que os plazca, haced que cumpla vuestra voluntad, no deseo otra cosa». Sin duda, tenemos derecho a pedir que el Señor nos alivie la carga, mas San Alfonso nos indica un camino más generoso: 

«Esposa bendita de Jesús -dice a su Monja santa- acostumbraos en la oración a ofreceros siempre a Dios; protestad que por su amor estáis dispuesta a padecer cualquier pena de espíritu o de cuerpo, cualquier desolación, cualquier dolor, enfermedad, deshonra o persecución, pidiéndole siempre os dé fuerzas para hacer en todo su santa voluntad.» Sin embargo, por nuestra parte no aconsejaríamos de ordinario pedir a Dios pruebas; creemos también que en lugar de considerar las cruces de un modo particular, será más prudente aceptar en general las que Dios nos destine, confiándonos a su bondad y discreción.

 «No olvidéis -continúa San Alfonso este excelente consejo que dan los maestros de espíritu, a saber: cuando sucede alguna grave adversidad, entonces no hay materia más propia para la oración, y por consiguiente para hacer repetidos actos de resignación, como tomar objeto de ella la misma tribulación que ha sobrevenido. Este ha sido el continuo ejercicio de los santos, conformar su voluntad con la de Dios. San Pedro de Alcántara lo practicaba aun durante el sueño. Santa Gertrudis repetía trescientas veces al día: Jesús mío, no se haga mi voluntad sino la vuestra.» 

San Francisco de Sales recomendaba a Santa Juana de Chantal «que hiciera un ejercicio particular de querer y de amar la voluntad de Dios más enérgicamente, con más ternura y con más amor que a ninguna cosa del mundo; y esto no tan sólo en las circunstancias soportables, sino en las más insoportables. Poned vuestros ojos en la voluntad general de Dios con la que quiere todas las obras de su misericordia y de su justicia en el cielo, en la tierra, bajo la tierra; y con profunda humildad aprobad, alabad y después amad esta santa voluntad enteramente equitativa y bella en extremo.

Poned vuestros ojos en la voluntad especial de Dios, con la cual ama a los suyos; considerad la variedad de consolaciones, pero sobre todo de tribulaciones que los buenos sufren, y después con grande humildad aprobad, alabad y amad esta voluntad. Considerad esta voluntad en vuestra persona, en todo cuanto os acontezca y puede aconteceros de bueno y malo, exceptuando el pecado; después aprobad, alabad y amad todo esto, protestando que queréis eternamente honrar, amar, adorar esta soberana voluntad, entregando a merced suya vuestra persona, a todos. los vuestros, y a mí entre ellos.

 Terminad por último con una ilimitada confianza de que esta voluntad hará todo bien para nosotros y para nuestra felicidad. Después de haber hecho dos o tres veces en la forma indicada este ejercicio, podréis acortarlo, variarlo y acomodarlo como mejor os parezca, ya que es necesario fijarlo con frecuencia en el corazón a modo de jaculatoria».

La princesa Isabel en su prisión, de la que no había de salir sino para subir al cadalso, repetía con frecuencia y todas las mañanas esta oración: «¿Qué me sucederá hoy, Dios mío? Lo ignoro por completo, pero sé que nada me acontecerá que Vos no lo hayáis previsto, regulado y ordenado desde toda la eternidad. Esto me basta, Dios mío, esto me basta: adoro vuestros inescrutables designios y a ellos me someto con todo mi corazón por amor vuestro. 

Todo lo quiero, todo lo acepto, de todo os hago un sacrificio, y uno este sacrificio al de Jesucristo mi divino Salvador.
En su nombre y por los méritos infinitos de su Pasión os pido la paciencia en mis trabajos, y la perfecta sumisión que os es debida por todo lo que queréis y permitís. Así sea.»

Podemos decir de cuando en cuando con el P. Saint-Jure: «Señor mío y Dios mío, quiero y recibo con agrado todo lo que Vos queréis, y cuando lo quisiereis, como lo quisiereis y para los fines que os propusiereis, en cuanto al frío, al calor, a la lluvia, a la nieve, a las tempestades y a todos los desórdenes de los elementos, lo mismo en cuanto al hambre, a la sed, a la pobreza, a la infamia, a los ultrajes, a los disgustos, a las repugnancias y a todas las demás miserias.

Me abandono a Vos con un corazón sumiso, para que dispongáis de mi en esto como en todo lo demás, según vuestro beneplácito. Referente a las enfermedades, Vos sabéis las que habéis resuelto enviarme. Yo las quiero y desde este momento las acepto y las abrazo en espíritu, inmolándome a vuestra divina y adorable voluntad. Esas quiero y no otras, porque son las que Vos queréis, las recibo con una perfecta conformidad en vuestra voluntad como las habéis Vos ordenado, ya en cuanto al tiempo de su venida, ya al de su duración o al de su cualidad.

No las quiero ni más crueles ni más suaves, ni más cortas ni más largas, ni más benignas ni más agudas, sino tan sólo como ellas deben serlo según vuestra voluntad.» En todas las cosas, «Señor mío y Dios mío, me abandono y me entrego por completo a Vos; os entrego mi cuerpo, mi alma, mis bienes, mi honra, mi vida y mi muerte. Adoro todos vuestros designios sobre mí, y con todo mi corazón os suplico que cuanto hayáis resuelto acerca de mi, sea en el tiempo, sea en la eternidad, se cumpla en el más alto grado posible de perfección.»

Es fácil reproducir estos actos en tanto no se deje sentir la prueba, mas lo importante es repetirlos sobre todo cuando la cruz pesa sobre nuestros hombros. «En vez de perder el tiempo -dice el P. de la Colombière- en quejaros de los hombres o de la fortuna, arrojaos sin demora a los pies del Divino Maestro, pidiéndole la gracia de llevarlo todo con paciencia y constancia. Un hombre que ha recibido una herida mortal, si es prudente, no corre tras el que le ha herido, sino que se va derecho al médico que puede curarle.

Además, si buscáis al autor de vuestros males, aun en este caso os es preciso ir a Dios, puesto que no hay fuera de El quien pueda realmente causarlos. Id, pues, a Dios; id empero prontamente, id al momento; que sea éste vuestro primer cuidado. Id, por decirlo así, a devolverle el azote con que os ha azotado y de que se ha servido para heriros. Besad mil veces las manos de vuestro Crucifijo, esas manos que os han golpeado, que han llevado a cabo todo el mal que os aflige. 

Decidle muchas veces estas hermosas palabras que El mismo decía a su Padre en su cruel agonía. Señor, no se haga mi voluntad, sino la vuestra. Os bendigo con todo mi corazón, os doy gracias de que vuestras órdenes se ejecuten en mi, y aunque pudiera resistir a ellas, no dejaría de someterme. De grado recibo esta calamidad tal cual es y en todas sus circunstancias.

No me quejo ni del mal que sufro, ni de las personas que me lo causan, ni de la forma en que me viene, ni del tiempo ni del lugar en que me ha sorprendido. Seguro estoy de que Vos habéis querido todas esas cosas, y preferiría morir antes que oponerme en nada a vuestra santísima voluntad. Si, Dios mío, todo lo que quisiereis en mí y en todos los hombres, ahora y en todo tiempo, en el cielo y en la tierra; hágase vuestra voluntad, pero que se haga en la tierra tal como se cumple en el cielo.»
Si supiéramos ver siempre esta santísima y adorable voluntad, significada o de beneplácito, aprobaría, adherirnos siempre a ella, cumplirla con generosidad, con amor y fidelidad como los santos y los ángeles lo hacen en el cielo, esta voluntad divina transformaría muy pronto la faz de la tierra; la santidad florecería por todas partes, reinarían la alegría en los corazones, la caridad entre los hombres, la paz en las familias y en las naciones.

A pesar de las pruebas, la vida deslizaríase dulce y placentera, embalsamada de confianza y de amor, cargada de virtudes y de méritos. Llegado el momento, abandonaríamos con gusto el destierro por la patria y, lejos de temer a Dios como juez, nos apresuraríamos a ir a nuestro Padre.

Vendría, pues, a ser la tierra la antesala del cielo, y el Paraíso seria para nosotros admirablemente rico de gloria y felicidad. ¡Cuánto han de bendecir al Señor los que han aprendido a amarle y a seguirle con amor y confianza por cualquiera parte que los conduzca! ¡Cuán miserablemente se engañan los esclavos de su propia voluntad, que no tienen suficiente confianza en Dios, su Padre, su Salvador, el Amigo verdadero, para permitirle santificarlos y hacerlos felices! Nosotros, al menos, amemos a nuestro dulce Maestro, tan sabio y tan bueno; hagamos con ánimo esforzado todo lo que El quiere; aceptemos con confianza todo cuanto El dispone: éste es el camino de elevadas virtudes, el secreto de la dicha para el tiempo y para la eternidad.

jueves, 12 de julio de 2012

EL CAMINO DE LA CRUZ ( Hermosisima Meditación)

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María, Madre mía, tú fuiste la primera que vivió el camino de la Cruz. Tú sentiste cada dolor y cada humillación. No tuviste miedo de las burlas de la multitud. Tus ojos estaban en Jesús y su dolor. ¿Es ese el secreto de tu misteriosa fortaleza? ¿Cómo es que tu corazón amoroso cargó con tal carga y tal peso? Mientras lo veías tropezar y caer, ¿eras tú torturada por la memoria de todo lo pasado -su nacimiento, su vida oculta y su ministerio-?

Estabas tan deseosa de que todos lo amasen. Qué angustia el ver a tantos que lo odiaban -con una furia diabólica-. Toma mis manos mientras yo recorro este camino de la Cruz. Inspírame con esos pensamientos que me harán darme cuenta de cuánto Él me ama. Ilumíname para aplicar cada estación en mi vida diaria y recordar las necesidades de mi prójimo en este camino del dolor.

Dame la gracia para comprender el misterio, la sabiduría y el amor divino mientras voy de estación en estación. Haz que mi corazón, así como el tuyo, pueda ser traspasado por la contemplación de su dolor y su miseria, y que pueda comprometerme a nunca más ofenderlo de nuevo. Qué precio pagó Él para cubrir todos mis pecados, para abrir las puertas del Cielo para mí y llenar mi alma de su propio Espíritu. Dulce madre, déjanos recorrer este camino juntos y concédenos que el amor de mi pobre corazón pueda darle algún frágil consuelo.
Amén.

Primera Estación: Jesús es Condenado a Muerte

Jesús mío, el mundo todavía te tiene enjuiciado. Te sigue preguntando quién eres y por qué pides lo que pides. Te pregunta una y otra vez la pregunta si Tú eres el Hijo de Dios, y ¿por qué permites al mundo estar en el estado en que está? ¿Por qué eres tan silencioso?

Aunque la arrogancia del mundo me enfade, debo admitir silenciosamente que en las profundidades de mi alma, también tengo estas preguntas. Tu humildad me frustra y me pone incómodo. Tu fuerza ante Pilatos como si hubieses bebido profundamente del poder del Padre, me da la respuesta a mi pregunta: la Voluntad del Padre. El Padre permite muchos sufrimientos en mi vida pero todo es para mi bien. 


Si tan sólo pudiera también estar silencioso ante el juicio mundano -firme en la fe cuando todo parece perdido-, tranquilo cuando soy acusado injustamente -libre de la tiranía del respeto humano-, listo para hacer la voluntad del Padre sin importar cuán difícil sea.

Silencioso Jesús, danos todas las gracias que necesitamos para sobrellevar las burlas del mundo. Dale a los pobres la fuerza para no sucumbir ante su privación y ser siempre conscientes de su dignidad como hijos de Dios. Concede que nosotros no sucumbamos a la mutilante enfermedad de la gloria mundana y estemos dispuestos a ser privados de todas las cosas en lugar de perder tu amistad. Jesús mío, aunque nosotros somos acusados diariamente de ser necios, deja que la visión de la Dignidad Tranquila hallada antes que la Injusticia Monstruosa, nos dé a todos el coraje para ser tus seguidores.
Amén.

Segunda Estación: Jesús Lleva Su Cruz.

¿Cómo pudo hombre alguno imponer tal carga a Tu cuerpo rasgado y sangriento, Señor Jesús? Cada movimiento de la cruz introdujo las espinas más profundamente en Tu cabeza. ¿Cómo pudiste evitar que el odio brotara en Tu Corazón? ¿Cómo la injusticia de todo esto no alteró Tu paz? La voluntad del Padre fue dura contigo, ¿por qué me quejo cuando es severa conmigo?

Veo la injusticia y me frustra y cuando mis planes para aliviarla parecen vanos, me desespero. Cuando veo que aquellos cargados con la pobreza sufren aún más y la cruz se agrega a otra cruz, mi corazón está lejos de la serenidad. No logro ver la dignidad de la cruz cuando se carga con amor. Preferiría mucho más estar sin ella.

Mi pensamiento mundano es que el sufrimiento, como el alimento, debería ser compartido igualmente. Qué ridículo soy, querido Señor. Así como todos no necesitamos la misma cantidad de alimento material, tampoco necesitamos la misma cantidad de alimento espiritual, y eso es la cruz en mi vida, alimento espiritual proporcional a mis necesidades.
Amén.

Tercera Estación: Jesús cae por Primera Vez

Mi Jesús, a veces pienso que, como Dios, habrías llevado Tu cruz sin tropezar, pero no fue así. Caíste bajo su peso para mostrarme que Tú entiendes cuando yo caigo. ¿Es el orgullo lo que me hace querer brillar hasta en el dolor? No te avergonzaste de caer, de admitir que la cruz era pesada. Hay aquellos en el mundo a quienes por mi orgullo no tolero, pues quiero que todos sean fuertes cuando yo aún, soy débil. Me avergüenzo de admitir cualquier fracaso.

Si el Padre permite fracasos en mi vida tal como permitió que Tú cayeras, debo saber entonces que en aquel fracaso hay algo bueno que mi mente nunca comprenderá. No debo preocuparme que los ojos de otros miren mis caídas. Más bien debo levantarme hasta alcanzar aquella mano invisible y beber de aquella fuerza invisible que está siempre a mi lado.

Jesús débil, ayuda a todos los hombres que intentan ser buenos pero que su naturaleza se opone a que caminen derecho por el angosto y estrecho camino de la vida. Levanta sus cabezas para que vean la gloria que ha de venir más que la miseria del momento presente.

Tu amor por mí te dio la fuerza para levantarte de Tu caída. Mira a todos aquellos que el mundo considera indignos servidores y dales el coraje para que se preocupen más de cómo están delante de ti, más que de sus prójimos.
Amén.

Cuarta Estación: Jesús Encuentra a Su Madre Afligida

Mi Jesús, fue un gran dolor para Ti, comprender que Tu dolor causaba tanta pena a María. Como el Redentor, quisiste que ella compartiera Tu dolor por la humanidad. Cuándo ustedes se miraron uno al otro en el sufrimiento indecible, ¿qué les dio a ambos el coraje para continuar sin el menor alivio - sin la cólera de tal injusticia?
Parece como que Tú deseaste sufrir cada dolor para darme un ejemplo de cómo sufrir cuando sea mi tiempo. Qué humillación para Ti cuando Tu madre Te vio en tal lastimoso estado -débil, desvalido, a merced de hombres pecadores- "la santidad expuesta al mal en todo lo horrible".

¿Cada momento de aquel corto encuentro pareció una eternidad? Cuando yo veo tanto sufrimiento en el mundo, hay veces que pienso que todo es desesperanza. Hay un elemento de letargo en mis oraciones por la humanidad que dice "Yo rezaré, pero ¿qué bien harán mis oraciones? El enfermo se pone más enfermo y el hambriento pasa más hambre. "Pienso en aquella mirada entre Tú y María - la mirada que dijo, "Dejemos esta miseria al Padre para la salvación de las almas. El poder del Padre acoge nuestro dolor y frustración y renueva almas, los salva para una vida nueva - una vida de alegría eterna, de felicidad eterna. Todo vale la pena. "Dale perseverancia al enfermo para que pueda llevar la cruz de frustración y agonía con amor y resignación para la salvación de otros.
Amén.

Quinta Estación: Simón Ayuda a Jesús a cargar Su Cruz

Mi Jesús, Tus atormentadores reclutaron a Simón de Cirene para ayudarte a cargar Tu cruz. Tu humildad está fuera de mi comprensión. Tu poder mantuvo el universo entero y aún permitiste a una de Tus criaturas ayudarte a llevar la cruz. Me imagino que Simón estaba poco dispuesto a participar en Tu vergüenza. Él no tenía idea que todo aquel que lo mirara y se burlara de él pasaría al olvido mientras que su nombre pasaría a la historia y la eternidad como aquel que ayudó a su Dios en su necesidad. ¿No es acaso así conmigo, querido Jesús? Incluso cuando de mala gana llevo mi cruz como Simón, esto beneficia mi alma.

Si mantengo mis ojos puestos en Ti y observo cómo sufriste, seré capaz de llevar mi cruz con mayor fortaleza. ¿Intentabas decirle a todo aquel que sufre de prejuicios que tenga coraje? ¿Simón fue un símbolo para todos los que son odiados debido a su raza, color y credo?

Simón se preguntó mientras cargaba sobre sus hombros, por qué él fue escogido para una carga tan pesada y ahora él sabe. Ayúdame Jesús, a confiar en tu amorosa Providencia mientras permites al sufrimiento tejerse dentro y fuera de mi vida. Haz que comprenda que Tú lo miras y lo sostienes con cariño antes de que llegue a mí. Tú me miras y me das la fuerza tal como lo hiciste con Simón. Cuando entre a Tu Reino, Señor sabré como él, qué maravillas Tu Cruz ha logrado en mi alma.
Amén.

Sexta Estación: Verónica Limpia el Rostro de Jesús.

¿Mi Jesús, dónde estaban los cientos de personas cuyos cuerpos y almas fueron sanados por Ti? ¿Dónde estaban cuando necesitaste a alguien para darte algún alivio? La ingratitud debe haber llegado sobre Tu corazón e hizo que la cruz fuera casi imposible de llevar. Hay veces que yo también siento que mis esfuerzos para Tu Reino son vanos y terminan en la nada. ¿Tus ojos vagaron por la muchedumbre para el alivio de un sol justo- para un signo de compasión- para un signo de pena?

Mi corazón se emociona con una alegría triste cuando pienso en esa mujer, que se separa del miedo y el respeto humano y te ofrece su fino velo para limpiar Tu Rostro lleno de sangre. ¡Tu corazón lleno de cariño, ante el mínimo gesto de amor, imprimió la Imagen de Tu Rostro golpeado sobre el! ¿Cómo pudiste completamente olvidarte de ti mismo y recompensar un acto de bondad tan pequeño?

Debo admitir, que he estado entre los que tuvieron miedo de conocerte más que como aquellos que son como Verónica. A Ella no le importó si el mundo entero sabía que ella te amaba. Desilusionado Jesús, dame esa calidad de alma tan necesaria para poder atestiguar, para extender Tu Palabra - para decirle a todos sobre Tu amor por ellos. Envía a muchos a tu Viña para que la gente de todas las naciones reciba las Buenas noticias. Imprime Tu Imagen Divina en mi alma y que el fino velo de mi naturaleza humana busque llegar a ser semejante a Tu Espíritu.
Amén

Séptima Estación: Jesús cae por Segunda Vez.

Mi Jesús, una de las más hermosas cualidades que la gente admiraba de Ti, era Tu fuerza en tiempo de burla -tu capacidad de elevarte por encima de la ocasión. Pero ahora, caes por segunda vez - al parecer conquistado en el dolor de la Cruz. La gente que te juzga por apariencias cometió un error terrible. ¡Lo que parecía debilidad era fortaleza sin par!

A menudo juzgo por las apariencias y qué equivocado estoy la mayor parte del tiempo! El mundo juzga siempre por este método de discernimiento fraudulento. Mira hacia los que aparentemente han dado lo mejor y están ahora en la necesidad. Juzgan al pobre como fracasado, al enfermo como inútil y al anciano como carga. ¡Qué equivocado es este juicio a la luz de Tu segunda caída! Tu mejor momento fue el más débil. Tu mayor triunfo estuvo en el fracaso. 

Tu mayor acto de amor estaba en la desolación. Tu mayor muestra de poder estaba en la más completa carencia de fuerza que te lanzó a la tierra.
Jesús débil y poderoso, dame la gracia de ver más allá de lo que es visible y estar más alerta a Tu Sabiduría en medio de la debilidad. Dale al anciano, al enfermo, al minusválido, al sordo y ciego el fruto de la alegría para que ellos alguna vez puedan darse cuenta del regalo del Padre y vean la enorme diferencia entre lo que el mundo ve y lo que el Padre ve. Que ellos den gloria en su debilidad para que el poder de Dios pueda manifestarse.
Amén.

Octava Estación: Jesús Habla a las Mujeres

Mi Jesús, estoy asombrado por Tu compasión por otros en momentos de necesidad. Cuando sufro, tengo la tendencia de pensar sólo en mí pero Tú te olvidaste completamente de Ti. Cuando viste a las mujeres santas llorar sobre Tus tormentos, las consolaste y les enseñaste a mirar más profundamente Tu Pasión. Quisiste que ellas entendieran que el mal verdadero para lamentarse fue el rechazo que sufriste del pueblo escogido -el pueblo separado de cada nación, quien rechazó aceptar al Hijo de Dios.
El acto de Redención continuará y nadie será capaz de quitarte Tu dignidad como el Hijo de Dios, pero el mal, la avaricia, los celos y la ambición en los corazones de los que debieron haberte reconocido era el motivo real para llorar. El estar tan cerca de Dios hizo al hombre ignorarlo. Ese fue el verdadero crimen.

Mi Jesús, temo que yo haga lo mismo cuando filtro mosquitos y luego trago camellos -cuando veo la astilla del ojo de mi hermano y olvido el palo en el mío. Es tal regalo -este regalo de fe. Es una gracia tan sublime de poseer Tu propio Espíritu. ¿Por qué no he avanzado en la santidad de vida? Omito los muchos disfraces que Tú asumes y veo sólo gente, circunstancias y acontecimientos humanos, no la mano amorosa del Padre dirigiendo todas las cosas. Ayuda a todos los que están desalentados, enfermos, solos, ancianos para reconocer Tu Presencia en nuestro medio.
Amén.

Novena Estación: Jesús cae por Tercera Vez

Mi Jesús, hasta con la ayuda de Simón caíste por tercera vez. ¿Me estarías diciendo que iban haber veces en mi vida que caería una y otra vez a pesar de la ayuda de amigos y de mis seres queridos? Hay veces que las cruces que Tú permites en mi vida son más de lo que puedo llevar. Es como si todos los sufrimientos de una vida entera de pronto son comprimidos en el momento presente y es más de lo que puedo soportar.

Aunque le da pena a mi corazón verte tan débil y desvalido, es un consuelo para mi alma saber que Tú comprendes mis sufrimientos desde Tu propia experiencia. Tu amor por mí te hizo querer experimentar cada tipo de dolor solamente para que yo pueda tener alguien como ejemplo y coraje.

Cuando grito de las profundidades de mi alma "Este sufrimiento es más de lo que puedo llevar", Tú susurras "Sí, entiendo". Cuando estoy desalentado después de muchas caídas, Tú me dices en la intimidad "Sigue adelante, Yo sé cuán difícil es levantarse".

Hay muchas personas que están duramente atadas en cuerpo y alma con el alcohol y debilidad de las drogas que tratan y tratan y caen una y otra vez. Por la humillación de esta tercera caída, dales el coraje y la perseverancia para tomar su cruz y seguirte.
Amén.

Décima Estación: Jesús es Despojado de Sus Vestiduras

Parece que cada paso al Calvario te trajo pura humillación, mi Jesús. Cómo Tu naturaleza sensible retrocedió al ser desnudado ante la muchedumbre. Deseaste dejar esta vida como habías entrado -completamente alejado de todas las comodidades de este mundo. Quieres que yo sepa sin duda que me amaste con un amor desinteresado. Tu amor por mí sólo Te causó pena y dolor. Lo diste todo y no recibiste nada a cambio. ¿Por qué es tan difícil ser desprendido?

En tu mente amorosa, querido Jesús, miraste al Padre mientras estuviste allí de pie, sobre aquella colina ventosa, temblando de frío y de vergüenza y temblando de miedo, le pediste tener compasión de los que violarían Tu pureza y harían del amor una burla. ¿Pediste perdón para aquellos cuya avaricia los haría mentir, engañar, robar por unas piezas de plata?

Perdónanos a todos, querido Jesús. Mira al mundo con compasión, pues la humanidad ha perdido su camino y los principios de este mundo hacen de la lujuria un juego divertido y del lujo una necesidad. La separación se ha hecho otra dificultad para el pobre y la obediencia es la falta del débil. Ten compasión de nosotros y concede a la gente en este día el coraje para poder conocerse y la luz para cambiar.
Amén.

Undécima Estación: Jesús es Clavado en la Cruz

Es difícil imaginar a un Dios siendo clavado a una Cruz por Sus propias criaturas. ¡Y es incluso más difícil para mi mente entender un amor que permitió que tal cosa pasara! Mientras aquellos hombres metían los clavos pesados en Tus manos y pies, querido Jesús, ¿ofreciste el dolor como reparación por alguna debilidad humana y el pecado? ¿Fue el clavo de Tu mano derecha para los que pasan sus vidas en la disipación y el aburrimiento?

¿Fue el clavo de Tu mano izquierda en reparación por todas las almas consagradas que viven vidas tibias? ¿Estirabas tus brazos para mostrarnos cuánto nos amas? Mientras aquellos pies que anduvieron los calurosos y polvorientos caminos eran clavados rápido, ¿sufrían un calambre mortal de dolor en reparación por todos los que tan ágilmente controlan el amplio camino de pecado y la autoindulgencia?

Parece, querido Jesús, que Tu amor ha sostenido tus manos y pies atados como Tu corazón suplica por una respuesta de Amor. Pareces gritar desde la cima de la colina "los amo -vengan a mí- vean, soy atado rápido - No puedo hacerles daño - sólo ustedes pueden hacerme daño". Cuan duro puede ser el corazón que ve tal amor y se da la vuelta. ¿No es verdad que también yo he dado la vuelta cuando no acepté la Voluntad del Padre con amor? Enséñame a mantener mis brazos abiertos al amor, al perdón y a estar dispuesto a servir -dispuesto a ser herido antes que herir, alegre por amar sin ser correspondido.
Amén.

Duodécima Estación: Jesús Muere en la Cruz

¡Dios está muerto! Aunque la tierra tembló y el sol mismo se ocultó, la muerte brotó y María contempló todo aquel horror. Tu cuerpo humano entregó su alma a la muerte, pero Tu Divinidad, querido Jesús, siguió manifestando su poder. Toda la Creación se reveló mientras la Palabra hecha Carne se iba de este mundo. El hombre era demasiado soberbio para ver y demasiado terco para comprender la verdad.

¡La Redención había sido realizada! El hombre nunca más tendría una excusa para olvidar cuanto lo amaste. El ladrón a Tu derecha vio algo que no podía explicar - vio a un hombre sobre un leño y sabía que era Dios. Su necesidad lo hizo ver su propia culpa y Tu inocencia. La Promesa de vida eterna hizo que las horas restantes de su tortura fueran soportables.

Un simple ladrón respondió a Tu amor con una profunda Fe, Esperanza y Amor. Él vio más de lo que sus ojos captaban - sintió una Presencia inexplicable y a la cual no se enfrentaría. Estaba necesitado y aceptó el camino que Dios había previsto para ayudarlo.

Perdona nuestro orgullo, amado Jesús, mientras pasamos horas especulando, días discutiendo y toda una vida rechazando tu muerte, que es un sublime misterio. Ten piedad de aquellos cuya inteligencia les conduce al orgullo, porque nunca sienten la necesidad de acudir al Varón de Dolores en busca de consuelo.
Amén.

Decimotercera Estación: Jesús es Bajado de la Cruz

Mi Jesús, fue con una profunda pena que María finalmente te tomó en sus brazos y vio todas las heridas que el pecado te había infligido. María Magdalena vio tu cuerpo caído con horror. Nicodemo, hombre tan lleno de respetos humanos, quien te vino a ver de noche, de repente recibió el coraje para ayudar a José a bajarte de la Cruz. 


Una vez más eres rodeado por sólo unos seguidores. Cuando la soledad y el fracaso cruzan mi camino, déjame pensar en aquel solitario momento y aquel fracaso total - fracaso a los ojos de los hombres. ¡Qué equivocados estaban! ¡Qué erróneo su idea del éxito! El mayor acto de amor fue realizado en la desolación y la misión más exitosa, cumplida y terminada cuando todo parecía perdido. ¿No es esto cierto en mi vida, querido Jesús? Juzgo mis fracasos severamente. Exijo perfección en vez de santidad. Mi idea de éxito es absolutamente errada, responde a mis gustos.

Concede a todos los hombres la gracia de entender que cumplir tu Plan es más importante que cualquier éxito. Si permites que fracase por mi bien, entonces enséñame como usarlo para sacar ventaja de él. Déjame decir como alguna vez dijiste, que cumplir la Voluntad del Padre es mi alimento. No dejes que los parámetros de este mundo tomen posesión de mí o destruyan el bien que has preparado para mí: ser santo y cumplir la Voluntad del Padre con gran amor. Déjame aceptar la alabanza o la injuria, el éxito o el fracaso con igual serenidad.
Amén.

Decimocuarta Estación: Jesús es colocado en el Sepulcro

Mi Jesús, fuiste colocado en una tumba ajena. Naciste sin ninguno de los bienes de este mundo y moriste separado de todo. Cuando viniste al mundo los hombres dormían y los ángeles cantaban, y ahora que te vas, la Creación hace silencio y sólo unos cuantos lloran. Ambos acontecimientos fueron revestidos por la oscuridad. La mayoría de nosotros vivimos y morimos conociendo y siendo conocidos por sólo unos cuantos. ¿Nos querías decir, querido Jesús, lo importante que son nuestras vidas sólo por cumplir el Plan del Padre? 


¿Aprenderemos algún día la lección de humildad que nos hace estar alegres con quienes somos, con donde estamos y con lo que somos?
¿Será nuestra fe lo suficientemente fuerte para ver la fuerza en la debilidad y el bien en los sufrimientos de nuestras vidas? ¿Será nuestra esperanza lo suficientemente confiada como para esperar en tu Providencia, incluso cuando no tengamos donde reclinar la cabeza? ¿Será nuestro Amor lo suficientemente fuerte para no escandalizarse ante la Cruz?

Mi Jesús, haz que mi alma descanse en tu Corazón como tu Cuerpo descansa solo en el sepulcro. Deja que mi corazón sea como un fuego que te de calor. Deja que mis ganas de conocerte y amarte sean como una antorcha que alumbre la oscuridad. Deja que mi alma cante suavemente un himno de amor arrepentido mientras las horas pasan y tu resurrección se acerca. ¡Deja que exulte, querido Jesús, con todos los Ángeles en un himno de alabanza y acción de gracias por tan grande amor, por tan grande Dios por tan grande día!
Amén.

Oración Final

Mi Jesús, he transitado el Camino de la Cruz. Parece tan real y me siento tan avergonzado. Me quejo por mis sufrimientos y obedecer el Plan del Padre me es difícil. Mi mente, cegada por la pobreza, la enfermedad y el hambre, se torna codiciosa y amarga en el mundo. Muchas personas inocentes sufren tan injustamente. Muchos nacen con defectos mentales y físicos. ¿Acaso entendemos que Tú continúas cargando tu Cruz en las mentes y cuerpos de cada ser humano? Ayúdame a ver el Plan del Padre en cada ocasión de mi vida diaria. Esto es lo que hiciste, viste el Plan del Padre en quienes te perseguían, en tus enemigos y en tu dolor. 

Viste la belleza en la Cruz y la abrazaste como un tesoro deseado. Mi mente mundana es oprimida por la injusticia y el sufrimiento y pierdo de vista la gloria que está por venir. Ayúdame a confiar en el Padre y a comprender que hay algo más grande detrás del sufrimiento más insignificante. Hay Alguien levantando mi cruz para que encajen en mis hombros, la Sabiduría Divina está en cada pequeña molestia que aqueja mi alma cada día. Enséñame las lecciones que se esconden en mi Cruz, la sabiduría de la necesidad, la belleza de su variedad y la fortaleza que acompaña la cruz más pequeña. Madre María, dame la gracia de ser otro Jesús para mis hermanos 
y para verlo a Él en ellos.
Amén.

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martes, 10 de julio de 2012

CÓMO SE HA DE RESISTIR A LAS TENTACIONES

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“Hubo en tierra de Uz un varón llamado Job; 
y era este hombre perfecto y recto, temeroso de Dios 
y apartado del mal” 


EL CARÁCTER DE JOB
Mientras en el mundo vivimos no podemos 

estar sin tribulaciones y tentaciones: 

Por lo cual está escrito en Job (, 1): 
Tentación es la vida del hombre sobre la tierra.

Por eso cada uno debería tener mucho cuidado acerca de sus tentaciones y velar en oración, porque no halle el demonio lugar de engañarle, que nunca duerme, sino busca todos lados a quién tragarse.
(1 Pedro 5, 8).

Ninguno hay tan perfecto ni tan santo que no tenga algunas veces tentaciones, y no podemos vivir sin ellas.

Mas las tentaciones son muchas veces utilisimas al hombre, aunque sean graves y pesadas; porque en ellas es uno humillado, purgado y enseñado.

Todos los Santos por. muchas tribulaciones y tentaciones pasaron; y aprovecharon. Y los que no las  quisieron resistir fueron tenidos. por réprobos y sucumbieron.

No hay religión tan santa, ni lugar tan secreto, que no haya tentaciones y adversidades.
No hay hombre seguro del todo de tentaciones mientras vive; porque en nosotros mismos .está la causa de donde vienen, pues que nacimos con la inclinación al pecado.
Pasada una tentación o tribulación, sobreviene otra; y siempre tendremos que sufrir, porque se perdió el bien de nuestra felicidad.

Muchos quieren huir las tentaciones y caen en ellas más gravemente.
No se puede vencer con sólo huirlas; mas con paciencia y verdadera humildad nos hacemos más fuertes que todos los enemigos:
El que solamente quita el mal que se ve y no arranca la raíz, poco aprovechará; antes tornarán a él más presto las tentaciones, y se hallará peor.

Poco a poco, con paciencia y larga esperanza, vencerás (con el favor divino) mejor, que no con violencia y propia fatiga.

Toma muchas veces consejo en la tentación, y no seas desabrido con el que está tentado; antes procura consolarle, como tú lo quisieras para ti.
El principio de toda mala tentación es la inconstancia del ánimo y la poca confianza en Dios.

Porque como la nave sin timón la llevan a una .y. otra parte las olas, así el hombre descuidado y que desiste de su propósito es tentado de diversas maneras.
El fuego prueba el hierro, y la tentación al hombre justo.

Muchas veces no sabemos .lo que podernos; mas la tentación descubre lo que somos Debemos, pues, velar principalmente al venir la tentación; porque entonces mas fácilmente es vencido el enemigo cuando no le dejamos pasar de la puerta del alma y se le resiste al umbral luego que toca.

Por lo cual dijo uno: Atajar al principio el mal procura; si llega a echar raíz, tarde se cura (1): Porque primeramente se ofrece al alma el pensamiento sencillo; después, la importuna imaginación; luego, la delectación y el torpe movimiento y el. Consentimiento. Y así se entra poco a poco el maligno enemigo, y se apodera de todo, por no resistirle al principio.

Y cuanto más tiempo fuere uno perezoso en resistir, tanto se hace cada día más flaco; y el enemigo contra él más fuerte.
Algunos padecen graves tentaciones al principio de su conversión, y otros al fin.
Pero otros  son  molestados  casi por toda su vida.
Algunos son tentados blandamente, según la sabiduría y el juicio de la divina Providencia, que mide el estado y los méritos de los hombres, y todo lo tiene ordenado para la salvación de sus escogidos.

Por eso no debemos desconfiar cuando somos tentados, sino antes rogar a Dios con mayor fervor que sea servido de ayudarnos en toda tribulación; el cual, sin duda, según el dicho de San Pablo, nos dará, junto con tentación, .tal auxilio, que La podamos resistir (1 Cor., 10, 13) Humillemos, pues, nuestras almas debajo de la mano de Dios en toda tribulación y tentación, porque  El salvará y engrandecerá a los humildes de espíritu.

En las tentaciones y adversidades se ve cuánto uno ha aprovechado, y en ellas consiste el mayor merecimiento y se conoce mejor la virtud.

No es mucho ser un hombre devoto y fervoroso cuando no siente pesadumbre; mas si en el tiempo de la adversidad se. Sufre con paciencia, esperanza es de gran provecho.
Algunos no se rinden a grandes tentaciones, y son vencidos a menudo en las menores y comunes, para que, humillados, nunca confíen de sí en grandes cosas, siendo flacos en las pequeñas.


LA OBEDIENCIA

Gran cosa es estar en obediencia, vivir debajo de un superior y no tener voluntad propia. Mucho más seguro es estar en sujeción que en mando.
Muchos están en obediencia más por necesidad que por caridad; los cuales tienen trabajo y ligeramente murmuran, y nunca tendrán Libertad de ánimo si no se sujetan por Dios de todo corazón.

Anda de una parte a otra; no hallarás descanso sino en la humilde sujeción al superior. La imaginación y mudaría de lugar a muchos ha engañado.

 Verdad es que cada uno se rige de buena gana por su propio parecer, y se inclina más a los que siguen su sentir. Mas si Dios está entre nosotros, necesario es que dejemos algunas veces nuestro parecer por el bien de la paz. ¿Quién es tan sabio que lo sepa todo enteramente?

  DEMASIADAS EN LAS PALABRAS

Excusa cuanto pudieres el ruido de los hombres; pues mucho estorba el tratar de las cosas del siglo, aunque se digan con buena intención.
Porque presto somos amancillados y cautivos de la vanidad.

Muchas veces quisiera haber callado y no haber estado entre los hombres.
Pero, cuál es la causa que tan de gana hablamos y platicamos. unos con otros, viendo cuán pocas veces volvemos al silencio sin daño de la conciencia?

La razón es que por el hablar buscamos ser consolados unos de otros y deseamos aliviar el corazón fatigado de pensamientos diversos.
Y de muy buena gana nos detenemos en hablar y pensar de las cosas que amamos o sentimos adversas.

Mas, ¡ay dolor!, que muchas veces sucede vanamente y sin fruto; porque esta exterior consolación es de gran detrimento a la interior y divina.
Por eso, velemos y oremos, no se nos pase el tiempo en balde.
Si puedes y conviene hablar, sean cosas que edifiquen.

La mala costumbre y la negligencia de aprovechar ayudan mucho a la poca guarda de nuestra lengua.

Pero no poco servirá para nuestro espiritual aprovechamiento la devota plática de cosas espirituales, especialmente cuando muchos de un mismo espíritu y corazón se juntan en Dios.

CÓMO SE DEBE ADQUIRIR LA PAZ 

Mucha paz tendríamos si en las dichos y hechos ajenos que no nos pertenecen no quisiésemos meternos. ¿Cómo puede estar en paz mucho tiempo el que se entremete en cuidados ajenos, y busca ocasiones exteriores, y dentro de sí poco o tarde se recoge? bienaventurados los sencillos, porque tendrán mucha paz.

 ¿Cuál fue la causa por que muchos de los Santos fueron tan perfectos y contemplativos? Porque estudiaron en mortificarse totalmente a todo deseo terreno; y por eso :pudieron con. lo .íntimo del corazón allegarse a Dios y ocuparse libremente en sí mismos: Nosotros nos ocupamos mucho con
nuestras pasiones; y tenemos demasiado cuidado de lo transitorio. Y también pocas veces vencemos un vicio perfectamente, ni nos alentamos para aprovechar cada día, y por esto nos quedamos tibios y aun fríos.

Si estuviésemos perfectamente muertos a nosotros mismos, y en lo interior desocupados, entonces podríamos gustar las cosas divinas y experimentar algo de la contemplación celestial. El impedimento mayor y total es qué no somos libres de nuestras inclinaciones y deseos, ni trabajamos por entrar en el camino perfecto de los Santos.

Y también cuando alguna adversidad se nos ofrece, muy presto nos desalentamos y nos volvemos a las consolaciones humanas. Si nos esforzásemos más a pelear como fuertes varones, veríamos sin duda la ayuda del Señor que viene desde el Cielo sobre nosotros. Porque dispuesto  está a socorrer a los que pelean y esperan en su gracia, y nos procura ocasiones de pelear para que  .alcancemos victoria. Si solamente en ' las . observancias de fuera ponemos el aprovechamiento de la vida religiosa, presto se nos acabara la devoción. Mas pongamos. la segur a la raíz, porque, libres de las pasiones, poseamos pacíficas nuestras almas.

Si cada año desarraigásemos un vicio presto seríamos perfectos. Mas ahora, al contrario, muchas veces experimentamos que fuimos mejores y más puros en el principio de nuestra conversión que después de muchos años de profesos. Nuestro fervor y aprovechamiento cada día debe crecer; mas ahora ya nos parece mucho conservar alguna parte del primer fervor. Si al principio hiciésemos algún esfuerzo, podríamos después hacerlo todo con facilidad y gozo. 

 Grave cosa es dejar la, costumbre; pero, más grave es ir contraria propia voluntad. Mas si no vences las cosas pequeñas y ligeras, ¿cómo vencerás las dificultosas?
Resiste en los principios a tu inclinación, y deja la mala costumbre, porque no te lleve poco a poco a mayor dificultad. ¡Oh, si mirases cuánta paz a ti mismo, y cuánta alegría darías a los otros rigiéndote bien, yo creo que serías más solícito en el aprovechamiento espiritual!

SACAR PROVECHO DE LAS ADVERSIDADES

Bueno es que algunas veces nos sucedan cosas adversas y vengan contrariedades, porque suelen atraer al hombre al corazón, para que se conozca desterrado y no ponga su esperanza en cosa alguna del mundo. Bueno es que padezcamos a veces contradicciones y que sientan de nosotros mal e imperfectamente, aunque hagamos bien y tengamos buena intención. Estas cosas de ordinario ayudan a la humildad y nos defienden de la vanagloria. Porque entonces mejor buscamos a Dios por testigo interior, cuando por de fuera somos despreciados de los hombres, y no nos dan crédito.

 Por eso debía. uno afirmarse de tal manera en Dios, que no le fuese necesario buscar muchas consolaciones humanas. Cuando el hombre de buena voluntad es atribulado, o tentado, o afligido con malos pensamientos; entonces conoce tener de Dios mayor . necesidad, experimentando que sin EI no puede nada bueno. Entonces también se entristece, gime y ora a Dios por las miserias que padece. Entonces le es molesta la vida larga, y desea hallar la muerte para ser desatado de este cuerpo y estar con Cristo ( Filip., l; 3).

Entonces también - conoce que no puede haber en el mundo perfecta seguridad ni cumplida paz.



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